POR FERNANDO CASTRO - Editor +e
En Vaca Muerta hay una suerte de cuenta regresiva no declarada: es solo evidente por momentos y consiste en todo el tiempo que pueda demandar la construcción de una planta de licuefacción, una suerte de tótem y suma de los deseos del grueso de las grandes operadoras. Su irrupción implicaría el tan ansiado salto de escala que esa enorme cantidad de gas que hay en la formación shale parece demandar cuando se ven los números y las posibilidades, los mercados y el mundo. Cuatro, cinco años. Los relojes que marcan todo lo que falta hasta entonces están cruzados por las variables macroeconómicas y políticas argentinas, aquellas que frenan o aminoran la velocidad de la infraestructura necesaria para el despegue de todo tipo de industrias, y en particular de la no convencional, tan rebosante de posibilidades como hoy luce.
Mientras tanto, el presente y el futuro de corto a mediano plazo tienen la bandera de todos los colores del shale de la formación neuquina. También, el de la apuesta de algunas empresas que no se amilanan ante el cambio de reglas y las dificultades adicionales. Son, como ya se ha dicho, una prueba de la importancia y la calidad del recurso y la curva de aprendizaje (todo ese conocimiento acumulado sobre “la roca”; los excelentes resultados que implicó eso en términos de producción), aun en contextos donde estaban inventando algo nuevo, que de eso se tratan los no convencionales en este país.
Entre ellas hay una historia en particular que ofrece claves de lo que podría venir, al margen de que es medida de lo que ya sucedió. Tecpetrol, la empresa del Grupo Techint, que había salido al mercado para financiarse y poner unos 1850 millones de dólares para desarrollar Fortín de Piedra, el área que a un tiempo llenó de gas el mercado y también, de forma indirecta, contribuyó a profundizar las exportaciones de gas a Chile, un contexto que ahora suma que desde septiembre se pueda vender al exterior en firme 13 millones de metros cúbicos diarios hasta mayo del 2020, tal como lo aseguran fuentes del gobierno nacional.
Luego del cambio de condiciones del subsidio de la resolución 46/17 del ex ministerio de Energía de la Nación, aquella normativa que estableció una curva decreciente con aportes sobre el valor de mercado por cada millón de BTU, la compañía fue a la Justicia. Al mismo tiempo, mantuvo los 17 MMm3 diarios de producción, el tope en el que dice que permanecerá hasta que hayan nuevos mercados. Pudo haberse quedado cruzada de brazos esperando. Pero fueron dos años en los que Tecpetrol pasó de ser una empresa que priorizó operaciones en parte de Latinoamérica, a una en la que consiguió el conocimiento necesario para modificar el mapa de las productoras de gas en el país, acumular experiencia y tener algunos de los mejores resultados del shale argentino. Es un capital que, llegado el momento, podría poner en juego en Ecuador, México, Colombia, Bolivia, Perú y Venezuela, si es que lo cree estratégico y, claro, si las legislaciones respectivas lo permitieran.
En medio de ese tránsito, después de las quejas y las demandas de rigor, apostó fuerte una vez más. Primero, adelantó que indagará si el shale oil podría rendir en su área Los Bastos, una de las que, como dijo una fuente, no escapa a la lógica del tipo de áreas cuya producción declina como otras que ya llevan entre 20 y 30 años produciendo. Y ahora último, hace menos de una semana, consiguió dos concesiones no convencionales que serán parte de la expansión del horizonte de Vaca Muerta, como dejando en claro que es un momento clave para ganar posiciones estratégicas: así buscará aprovechar la coyuntura del crudo en Los Toldos II Este, donde primero comprobará cuántos barriles puede extraer, invirtiendo en una fase inicial unos 113 millones de dólares. Algo similar hará en otra área de gas, Los Toldos I Norte. Como cuestión de fondo, lo varias veces señalado: Vaca Muerta logra esquivar, por ahora, la dura situación económica que impone restricciones severas en otras industrias. No es para tirar manteca al techo. Pero está sucediendo.
El precio del Brent y la disponibilidad de oleoductos, y la imagen de un futuro que podría ser, por ahora, invitan a seguir buscándole la vuelta con el shale oil a las restricciones del gas. Es un mientras tanto, un reloj de cuenta regresiva en medio de ese camino de unos 5 años en el que, si se dan las condiciones necesarias, el potencial del gas podría saltar de escala. En el medio, esa mezcla de reloj con tablero de ajedrez que también es el mapa de Vaca Muerta.
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