Neuquén ingresa en la tercera semana de bloqueos generalizados de rutas troncales de la provincia, en un creciente clima de conflictividad que en los últimos días trascendió los reclamos puntuales de los autoconvocados de Salud para permear de incomodidad a los tres poderes del Estado, que parecen mirarse de reojo antes de mover cada pieza, como en una partida de ajedrez en la que el reloj se queda sin cuerda.
Se conocieron en las últimas horas algunas cifras del saldo preliminar de los piquetes en el corazón productivo de la provincia: las empresas de sector hidrocarburífero aseguraron que el conflicto les costó ya 190 millones de dólares, al tiempo que el Ministerio de Energía admitió que se está perdiendo de recaudar 7 millones de pesos diarios en concepto de regalías.
Los costos de la protesta pasaron las primeras facturas a una ya castigada economía provincial.
Ni hablar del impacto en el sector de los combustibles, especialmente en YPF, pero que también impacta en quienes precisan de la nafta o del gasoil para seguir trabajando. En el interior, se vio durante estos días el calvario que tienen que atravesar automovilistas y transportistas para llegar al surtidor.
La sociedad está sintiendo como nunca el costo de una protesta que, sin embargo, parece consentir ampliamente y que relativiza los argumentos del Gobierno en contra de quienes están en las rutas.
En este contexto, la Justicia ensayó movimientos de acercamiento que habrían quedado apenas como puestas de escena a la luz de los resultados; mientras que los legisladores fueron incapaces de actuar con la sensatez que marca la hora.
El tiempo de descuento se agota y ya no queda margen para hacerse el distraído.


