Si bien no hay una regla única, tres factores son determinantes a la hora de renovar los neumáticos. Cuáles son y las señales a tener en cuenta.
Aunque muchas veces pasan desapercibidas, las cubiertas son uno de los elementos más importantes de un vehículo. Su estado influye directamente en la estabilidad, el frenado, el consumo de combustible y la seguridad de los ocupantes. Por ello, es clave detectar si ya cumplieron su vida útil y saber cada cuánto hay que cambiarlas.
Según expertos de empresas como Michelin y Pirelli, los neumáticos deben revisarse de forma periódica y tener en cuenta detalles como el desgaste, la antigüedad, la presión y los daños visibles. Aunque no hay una regla única, existen tres factores para determinar su cambio: el kilometraje recorrido, el tiempo de uso y el desgaste o daño visible.
Cuándo es momento de cambiar las cubiertas
Si bien la vida útil de un neumático depende de múltiples variables, de acuerdo a cada uno de los factores mencionados anteriormente, estos son los parámetros para avanzar con la renovación de las cubiertas:
- Kilometraje recorrido: muchos fabricantes y talleres recomiendan el reemplazo entre 40.000 y 80.000 km para neumáticos de uso común, pero ese rango puede variar según la calidad del neumático, el tipo de conducción y las condiciones de la vía.
- Edad del neumático: incluso sin mucho desgaste, los neumáticos envejecen. La mayoría de los fabricantes y asociaciones de seguridad recomiendan considerar el cambio a los 6-10 años desde la fecha de fabricación, independientemente del dibujo restante. La fecha de fabricación está en el DOT (un código en el flanco), donde las últimas cuatro cifras indican la semana y el año. Por ejemplo, si dice 2319, significa semana 23 de 2019.
- Estado del dibujo (profundidad de la banda de rodamiento): la profundidad mínima legal varía por país. En muchos lugares es 1.6 mm, aunque para seguridad real se aconseja no bajar de 3 mm para invierno o conducción en lluvia. Neumáticos con dibujo bajo pierden adherencia, aumentan las distancias de frenado y son propensos al aquaplaning.
Cuáles son las señales que marcan un cambio de neumáticos
Existen algunos indicios que marcarán cuándo ya es necesario avanzar con una renovación de los neumáticos. Algunos de ellos son:
- Profundidad de dibujo bajo (cerca o por debajo del mínimo legal).
- Aparición de bultos, cortes profundos o cordones expuestos.
- Vibraciones o ruidos anormales persistentes incluso después de balancear.
- Desgaste irregular pronunciado en uno o varios neumáticos.
- Edad avanzada (6–10 años) aunque el dibujo parezca aceptable.
- Pérdida frecuente de presión sin causa aparente.
- Riesgos de no cambiar los neumáticos a tiempo
Cómo extender la vida útil de las cubiertas
Algunas prácticas pueden ayudar a prolongar la vida útil de las cubiertas. Una de ellas es la rotación cada 8.000–10.000 km entre ejes y posiciones, algo que promueve un desgaste uniforme. Además, una mala alineación acelera el desgaste en bordes y puede afectar la seguridad, por lo que se recomienda hacer el alineado y balanceo cada 10.000–20.000 km o cuando se sientan vibraciones. Otros tips son:
- Mantener la presión adecuada. Circular con presiones incorrectas acelera el desgaste.
- Evitar sobrecargar el vehículo.
- No mezclar neumáticos distintos en el mismo eje.
- Respetar el índice de carga y velocidad de cada goma.
- Evitar conducir de forma agresiva.
- Guardar neumáticos de repuesto o de reemplazo en un lugar fresco y oscuro, lejos de fuentes químicas o calor excesivo.
Los riesgos de usar neumáticos gastados
No reemplazar las cubiertas en el momento adecuado conlleva múltiples riesgos, tanto para la seguridad como para el bolsillo:
- Aumento en la distancia de frenado: unos neumáticos con poco dibujo o envejecidos aumentan la distancia necesaria para detenerse, especialmente en lluvia. Eso incrementa la probabilidad de colisiones por alcance.
- Mayor riesgo de aquaplaning: con menos dibujo, el neumático no evacúa correctamente el agua y flota sobre la superficie, perdiendo adherencia y control del vehículo.
- Reventones y pérdida de control: los daños, golpes en la llanta o el envejecimiento pueden resultar en reventones a alta velocidad, con consecuencias potencialmente graves.
- Menor estabilidad en curvas y peor respuesta direccional: neumáticos en mal estado reducen la adherencia, aumentando la probabilidad de derrapes y salidas de calzada.
- Mayor consumo de combustible: neumáticos desgastados o con presión incorrecta aumentan la resistencia a la rodadura, elevando el consumo.
- Desgaste y daño en la suspensión y la dirección: neumáticos en mal estado transmiten vibraciones y golpes al tren delantero y la suspensión, acelerando el desgaste de estos componentes y aumentando costes de reparación.
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