Bajo clima tenso, se juega en La Caldera el capítulo II

El Rojo quiso impedir hinchas visitantes. Al final, cedió 100 entradas.

NEUQUÉN - En medio de un ambiente tenso que transformó lo que debería ser una fiesta del básquet, el naciente clásico de esta disciplina entre Independiente y Cipolletti se ensombreció por los incidentes del jueves en La Caldera y llevó a la dirigencia del Rojo a intentar disputar sin público visitante, desde las 22, el segundo juego (el primero lo ganó Cipo 66-61). Luego, ante la presión de sus pares albinegros y la oportuna intervención del presidente de la Federación Neuquina de Básquet, Jorge Comoli, se desestimó la decisión.

Cabe recordar que en el arranque de la serie el jueves se desencadenó una situación poco menos que insólita y no exenta de riesgo, ya que una espectadora del local ingresó al campo de juego para agredir a un jugador del visitante (Sebastián Tomasevich) en los minutos finales del encuentro, reaccionando en defensa de los locales, y sobre el final un jugador de la cantera intentó agredir verbalmente a los de Cipolletti.

Ante esta situación, y para evitar que se potenciara el clima efervescente, el titular de la subcomisión de básquet, Luis Osés, lanzó a media tarde la decisión de jugar sólo con hinchas locales, situación que provocó la inmediata reacción de su par albinegro, Juan Pablo Andreotti, ya que le iba a quitar ese plus que siempre brinda el apoyo de la gente.

Entre dimes y diretes, cruce de llamadas y reacciones en las redes transcurrió la tarde hasta que finalmente, tras una reunión con el presidente de la Federación Neuquina de Básquet, Jorge Comoli, la situación encontró la solución.

“Luego de analizar bien la situación, hablamos con Comoli y decidimos revertir la decisión que habíamos tomado y, en consecuencia, vamos a entregarle a Cipolletti unas cien entradas. Además, vamos a sumar más policías y ahora tendremos doce efectivos en la cancha”, afirmó Osés.

Pese a los esfuerzos de los dirigentes de ambos clubes, que en la previa de los playoffs buscaron bajarle los decibeles al choque organizando una conferencia de prensa en la que transmitieron un mensaje de paz (“rivales, no enemigos”), se olvidó una vez que la pelota empezó a moverse. Desde la dirigencia del Rojo estuvo bien orientada la medida, pero ahora deberá profundizarla en acciones directas.

Incidentes como el de la joven que ingresó casi sin frenos a la cancha o el desborde de un jugador de la cantera buscando agredir a los jugadores rivales no se pueden volver a repetir. Que los vicios que sufre el fútbol a diario no lleguen al básquetbol y sea, como todos desean, una fiesta.

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