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La Mañana

Bonobos, los simios con las emociones más humanas

Un estudio muestra que tienen un repertorio de conductas similares.

Los bonobos, unos grandes simios muy cercanos genéticamente a los humanos, poseen un repertorio de conductas emocionales sorprendente, lo cual delata su extraordinaria inteligencia en lo que se refiere a las relaciones sociales.

Según un estudio de la primatóloga Mariska Kret, los bonobos prestan más atención a las caras de otros congéneres cuando se les muestra una serie de fotografías, además de que son muy sensibles a los rostros que muestran emociones negativas, ya que intentan evitarlas. ¿Será que se les contagian esas emociones que ven en fotografías? El test reveló que la atención de los bonobos se activaba con tres comportamientos en particular en comparación con las fotografías de expresiones neutras: el grooming social (una forma de estrechar lazos mediante las caricias y el tacto), el sexo y los bostezos.

Los bostezos son un reflejo, un acto involuntario que encierra misterios muy interesantes. El contagio del mismo está probado como un indicador de la existencia de empatía. En bonobos, esta prueba es positiva. Cuando uno de ellos bosteza, se contagia a los presentes. Además, en esta especie está demostrado que hay más posibilidades de que bostece cuanto más cercano sea ese miembro, ya sea porque son familia o amigos.

También los bonobos ayudan a individuos que no conocen o ven por primera vez. En un experimento diseñado por el etólogo Brian Hare, se le daba la oportunidad a un bonobo de elegir entre comerse él solo toda la comida que se le proporcionaba o abrir la puerta a un compañero que se encontraba en una jaula vecina, y así poder compartirla con él. En la totalidad de las ocasiones, los bonobos fueron generosos, al contrario de los chimpancés, quienes normalmente parecen limitar sus acciones en función de lo que obtendrán.

Un descubrimiento fascinante fue el hallado por los primatólogos Zanna Clay y Frans de Waal en la República Popular del Congo. Tras registrar miles de interacciones entre jóvenes bonobos, se dieron cuenta de que estos regulan sus emociones, es decir, las gestionan de manera muy similar a como hacen los niños humanos.

Por ejemplo, tras un trauma emocional por perder una pelea, esta especie se recupera de la tensión antes que los chimpancés. La razón es que los bonobos son más propensos a mostrar empatía (o compasión) hacia las víctimas. Además, los perdedores, para pasar el mal trago y reducir esa ansiedad, se besaban, se consolaban, abrazaban y acariciaban. Estrategias todas ellas usadas por los humanos. Como dice el propio De Waal, “si los bonobos predicen las emociones y reacciones de los demás, se trata de un intento de regularlas”. El objetivo de estos intentos de control, tanto para los bonobos como para los humanos, es evitar que esos sentimientos puedan con vos.

En niños, esta gestión emocional es crucial para su desarrollo y salud mental. De hecho, una de las grandes lecciones que hay que aprender lo antes posible es, precisamente, mantener esos altibajos emocionales, provocados por diferentes situaciones sociales, en límites aceptables. Esta es la razón por la que un apego positivo entre los padres y su descendencia es fundamental para que los niños y niñas sean lo más felices posibles.

Empatía: Cuando pelean, por ejemplo, salen más rápido de la tensión: tienen empatía con el otro.

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