La sociedad cada tanto se empodera ante los criminales y comienza a resolver los problemas por sus propios medios, ante la ausencia de respuestas de las autoridades. La denominada “justicia por mano propia”.
Cuando uno se pone a pensar en estos fenómenos sociales, que son cíclicos, es decir que se dan cada cierto tiempo, se puede observar que el Estado no cambia nada. Hace unos años los echaron a los felipitos del TCI, a los Bin Laden de la toma La Familia y ahora les queman la casa y expulsan a otros delincuentes en Centenario.
A los gobiernos, que buscan marcar agenda, se les escapa la tortuga con el tema de seguridad. Siempre, históricamente, van detrás de los delincuentes, lamentando víctimas o hechos muy violentos.
Nunca se paran a analizar de verdad la situación social y lo que está pasando en las casas, los barrios, las escuelas y principalmente en la calle. Para ellos, poner unas alfombras para jugar al fútbol o inaugurar una plaza es contención. Pero lo cierto es que la contención social es mucho más compleja. Es que para tratar estos temas tiene que haber decisiones firmes y serias, y el abordaje no lo pueden realizar compañeros del partido de turno –bueno, acá en Neuquén el turno lleva más de 50 años, así que las facturas recaen todas en manos del MPN–, sino especialistas que puedan hacer un trabajo transversal mirando las distintas aristas que tiene la problemática.
Así como la pobreza no se va a terminar, el delito tampoco. Con suerte se pueden reducir las cifras, estadísticas frías, y generar mayores alternativas para los pibes que infringen la ley y son los únicos que van presos, porque en las cárceles no hay ladrones de cuello blanco.
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