Cambio climático: malos números para la Argentina
El calentamiento global es un fenómeno que deriva del impacto de los gases de efecto invernadero en la Tierra, que provocan que las temperaturas se eleven y afecten los ecosistemas, la vida animal y la humana. Silencioso e implacable, es uno de los principales problemas actuales del ser humano, responsable y también víctima de estos desórdenes. Y no son habladurías apocalípticas sino datos concretos: el 2016 fue el año más caluroso de la historia, al menos desde que se llevan registros de las temperaturas. Los veranos son cada vez más calurosos y el “pronóstico extendido” es demoledor: para fines de siglo el calor será cada vez más intenso si la contaminación de gases de carbono sigue aumentando en el planeta.
Ante el crecimiento de la población y el efecto de la “isla de calor” de las ciudades urbanas, que pueden tener hasta 14,8 grados más que las zonas rurales y arboladas y ser una combinación que convierte el calor en un elemento peligroso y potencialmente letal, la ONG Climate Central, junto con la Organización Meteorológica Mundial, desarrolló un gráfico que muestra cómo serían los veranos a fin de siglo en diversas ciudades del mundo, comparándolas con sus temperaturas actuales.
En Argentina, La Plata, Córdoba, Rosario, Mendoza y Tucumán serían las más afectadas. Con el aumento sostenido de emisiones de gases, La Plata y Mendoza pasarían de los actuales 29 y 28,3 grados respectivamente a 32 °C, que es la temperatura promedio actual en Fortaleza, norte de Brasil. En tanto Tucumán, Córdoba y Rosario subirían de 29,6, 29 y 30 grados a 34 °C, la temperatura de Asunción.
El crecimiento y la expansión de las ciudades lleva también a que el patrón climático sea más extremo. Actualmente, cerca del 54% de la población mundial vive en ciudades y se estima que para 2050 las urbes crecerán hasta cifras de 2500 millones de personas. Teniendo en cuenta el calor extra que soportan las ciudades, este aumento puede llevar a que las denominadas olas de calor sea aún más comunes (e intensas).
Bajo este preocupante escenario, para el 2100 Madrid tendría una temperatura promedio de 36,4 grados al igual que hoy tiene la ciudad de Erbil, Irak; Ottawa (Canadá) podría tener el clima tropical actual de Belice, y Kabul (Afganistán) podría alcanzar temperaturas como las de la costa de Colombo, Sri Lanka, de 28,4 grados. En Tokio la temperatura subiría a 31 °C promedio en verano; en la ciudad griega de Atenas podría haber temperaturas como las actuales de Faisalabad en Pakistán: 37,6 grados. Lo mismo en El Cairo, Egipto, que equipararía a Umm Durman, en Sudán, con una temperatura de 44,3 grados, una cifra que no contempla actualmente ninguna ciudad en toda la superficie de la Tierra.
En promedio, la temperatura general del planeta aumentará 4,8 grados, pero de todas formas algunas ciudades se calentarán mucho más. Sofía, en Bulgaria, por ejemplo, ostentará el mayor cambio de temperatura general, teniendo en cuenta que aumentaría cerca de 8,4 grados centígrados de media.
32 °C La temperatura promedio en verano que en 2100 tendrían Mendoza y La Plata.
Un tema que está en la agenda mundial
Las más afectadas por estas olas de calor serán las ciudades en las que se proyecta que a fines del siglo XXI vivirán unas 2500 millones de personas más que hoy. Las grandes urbes se calentarán tanto que es imposible encontrar un análogo en la Tierra actual, que podría encaminarse hacia un estado de calor extremo que los humanos nunca experimentaron ni se sabe si podrán soportar. Por eso el Acuerdo de París y todos los temas vinculados al calentamiento global están en las agendas de los gobiernos: reducir sus emisiones de gases de carbono es decisivo.
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