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Cervi: "La crisis es una buena oportunidad para cambiar"

"Estamos volviendo a recetas del pasado y nunca vamos a lograr resultados distintos haciendo las mismas cosas", explicó.

El rumbo de la economía del país y la necesidad de diversificar la matriz productiva de Neuquén, la importancia de tender puentes y de mantener la cultura del trabajo, la crisis como oportunidad y el choque cultural entre el mundo de la producción y de la política, son sólo algunos de los temas que ocupan el tiempo del empresario y ex dirigente frutícola Pablo Cervi.

En diálogo con LU5, explicó que "en el mediano y largo plazo, la crisis es una buena oportunidad para cambiar porque uno no lo hace cuando las cosas andan bien".

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- ¿Es un contexto adverso para la gente de campo con el cepo a las exportaciones?

Estamos volviendo a recetas del pasado y nunca vamos a lograr resultados distintos haciendo las mismas cosas. Ya sabemos cómo evolucionó en el pasado así que ojalá se tome consciencia no sólo a nivel nacional sino en la Provincia en relación a que es importante la producción y otras actividades.

Este cierre de las exportaciones va a generar un efecto en toda la cadena, en los precios y en la disponibilidad de hacienda. Es parte del contexto que nos toca vivir.

- Y en este contexto presentaste “Futuro”, tu libro

Si. En el libro planteo la necesidad de planificar y de generar una visión de mediano y largo plazo, de la importancia de la diversificación de la producción, de la matriz productiva… Porque es un discurso que lo vengo escuchando desde hace mucho pero no se pone en la práctica como una política de Estado.

-Hace 20 o 25 años se viene escuchando lo de la diversificación productiva, ¿cuál es la situación?

Si, se escucha desde la planificación pero no desde la acción. O se habla de un plan ganadero y la realidad es que hay tres medidas, no es una planificación estratégica. Lo que hay que analizar es que haya cadenas de valor de la provincia integrada con otras regiones del país o con el extranjero, inclusive. Cómo insertarse dentro de eso porque hoy lo más importante es a quién le vendes lo que producís, lo que haces.

Ahí está el desafío y el análisis. Y también ver cómo se hace para que Neuquén se inserte en la cuarta revolución industrial, que es impresionante el avance de la tecnología en el mundo. Lo que toca la tecnología lo modifica y cambia la productividad o la competitividad. Hay que ver cómo se hace para que los neuquinos seamos parte de ese desarrollo y así entrar en la cuarta revolución industrial, que se dice que será tres veces más potente que las anteriores. Si seguimos sólo con el gas y el petróleo -que es lo que nos mantiene y mantiene los ingresos del Estado…

Las regalías, que deberían ir a la infraestructura, van a sostener el Estado que es cada vez más grande. A futuro en el empresariado hay miedo que pongan más impuestos porque de eficientizar el gasto no se habla.

- ¿Se sigue subiendo y creando impuestos?

Cada día la presión fiscal es peor y no se miran otras cosas. Por otro lado, si se potenciará el campo. Hay disponibilidad de plata en el mundo pero hoy Argentina no es una opción. Si generamos condiciones, hoy habría posibilidad que llegue inversión extranjera. En lugar de eso estamos expulsando. Las empresas tecnológicas, que nacieron acá, se están yendo a otras partes del mundo. Hay mucha gente que piensa dos veces antes de invertir porque las reglas de juego no están claras y siempre cae sobre los mismos la presión. Si no damos una vuelta de tuerca para que lleguen inversiones y se genere empleo, vamos a estar complicados porque todo el mundo no puede vivir del Estado.

Argentina es uno de los países donde más impuestos se pagan y también donde menos porque casi el 50% está en la informalidad que no paga nada… Se presiona siempre a los mismos sin tratar de ampliar la base fiscal y hacer un sistema más progresivo y equitativo.

- ¿Qué te impulsó a escribir un libro?

Fue toda una trayectoria en Neuquén y toda una vida profesional trabajando en la empresa familiar con fruticultura y ganadería, recorriendo la provincia, acompañando a Horacio “Pechi” (Quiroga) en un equipo con muchas ganas de hacer cosas por Neuquén y, sobre todo, con una convicción muy fuerte de no vivir del Estado. Eso es resaltable porque la mayoría de los que están en el Estado nunca han tenido que pagar un 931 y estar en el sector privado te hace mirar la realidad de otra manera.

Desde esa época y sin poder volcar todo eso que se había generado, en el marco de la pandemia, en mayo del año pasado decidí volcar toda esa experiencia en un libro. Charlando con unos amigos surgió la idea y con un equipo de trabajo lo hicimos realidad. Sumamos a gente joven, de la economía del conocimiento, la tecnología y la ciencia para que nos ayude a pensar con la mirada del siglo XXI; de otro modo, estamos con la cabeza del siglo XX cuando ya llevamos 21 años en el nuevo siglo.

En esta etapa de mi vida quiero incursionar para ver cómo cambiar las cosas y devolver a Neuquén lo que me ha dado a mi y a mi familia gracias a la tierra del Alto Valle. Lo hemos hecho de la nada porque mi abuelo vino de Italia en el 19 escapando de la guerra, de la hambruna con más sueños que otras cosas y con el trabajo de varias generaciones logramos construir lo hecho acá. Y hoy pienso en cómo trasladar la cultura del trabajo y del esfuerzo para ver si se puede aspirar a un Neuquén mejor en el futuro.

- ¿Cómo haces para vincularte con la política viniendo de la producción?

Se ve una fuerte resistencia a que entre gente de otros sectores. Es como que hay un núcleo cerrado y es muy difícil. Es un choque cultural pero soy insistidor y voy a buscarle la vuelta, y el libro es una forma de plantear la visión de uno para hacerla pública. La política es la herramienta de cambio de transformación, ahí hay que buscar la vuelta para ver cómo hacer llegar a quienes toman decisiones las líneas de hacia dónde podríamos ir.

- Si tuvieras que tomar medidas en el escenario actual, ¿que harías en el corto plazo?

En el mediano y largo plazo, la crisis es una buena oportunidad para cambiar porque uno no lo hace cuando las cosas andan bien. Creo que se podría aprovechar este contexto para generar una discusión y ahora, que estamos en cuarentena, podemos hacerlo por zoom y aprovechar que estamos con tiempo para repensar y plantear una mirada a 10 o 15 años. Eso es lo que necesitamos como Provincia. En la coyuntura veo una falta de gestión importante, para ir a una guerra necesitas generales.

Se necesitaría un gabinete que esté empoderado y con capacidad de toma de decisiones. Acá se tiende a aislar los problema y en el libro planteo que todo está más relacionado y creo que al manejarlo como compartimentos estancos no se logra una visión integral.

En estos tiempos difíciles nos tenemos que poner todos a trabajar y la verdad es que es importante que haya consenso en las medidas.

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- En estos tiempos difíciles, ¿cómo harías para que no se pierda la cultura del trabajo?

En la fruticultura las crisis son recurrentes, nos ha tocado pasar varias. En situaciones de emergencia hay que ver cómo reordenar partidas y acomodarse con los recursos que uno cuenta.

Por ejemplo, la autoridad de termas tiene 800/900 empleados, que muchos son médicos y enfermeros acostumbrados a trabajar y las termas de Copahue están cerradas. ¿Por qué no redireccionar esa gente para potenciar el sistema de salud, que está tan complicado? Otro ejemplo, la secretaría de Ambiente los empleados cobran un plus por las multas que hacen a las petroleras. Eso es una contradicción porque uno dice: “Cobro mas si multo a que si prevengo que no se contamine”. Están en la casa y siguen cobrando ese plus.

Estamos en una situación complicada y hay que decir que aquel que está presente en su lugar de trabajo y corre un riesgo es una cosa y aquel que está por zoom es otra. Hay que ver cómo acomodamos el carro para que la carga sea pareja.

¿Cómo mantenes la cultura del trabajo? Si no premias o reconoces a aquel que trabaja y es igual al que está cómodo en la casa es nefasto para la cultura del trabajo. Si es todo igual, terminamos igualando para abajo y caemos en “no voy a trabajar, si igual cobro lo mismo”. Eso termina matando la cultura del trabajo, la iniciativa y un montón de cosas. Creo que ahí es donde el que está al frente debe tomar decisiones y no reconocer al que hace las cosas bien es complejo.

- ¿Cómo ves la dependencia de Neuquén de los hidrocarburos? ¿La salida es la producción agropecuaria o analizas algo más?

Hay varias cuestiones. La producción es una gran alternativa; sobre todo, con el potencial de riego apuntando no solo al Valle sino al interior de la provincia. En Neuquén hay 180.000 hectáreas para poner bajo riego y el tema es que la energía eléctrica para bombear es carísima porque tenemos la tercera energía eléctrica más cara del país.

El Chañar sigue siendo la base de reserva de la provincia porque Neuquén y Centenario tienen otras cuestiones. El Chañar tiene una fuerte tensión con Vaca Muerta por la infraestructura, sobre todo porque no se han hecho rutas. Creo que Vaca Muerta es un gran generador de recursos que permitirá derramar excedentes en otras actividades.

Con respecto a la tecnología, lo que planteo en el libro es que es posible otra fruticultura u otras actividades agrícolas con tecnología y la generación de recursos a través de la economía del conocimiento. Podríamos generar un polo tecnológico.

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