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China Muerta, un refugio de paz y naturaleza plena

A 28 kilómetros de Neuquén, el paraje junto al río Limay seduce a quienes se escapan del ruido.

GEORGINA GONZALES
gonzalesg@lmneuquen.com.ar

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Silencio y naturaleza son algunos de los atractivos que muchos descubrieron en el paraje China Muerta, un pequeño reducto a poco más de media hora del centro de Neuquén.
Las viviendas de los pobladores están a orillas del río Limay e inmersas entre los bosques de álamos y sauces criollos. El paisaje se completa con una gran fauna que va desde nutrias, cuises y liebres hasta cisnes de cuello negro, luciérnagas y garzas, entre otros.
Esa buscada calma se hizo más cercana a la urbe con la habilitación de la Autovía Norte, que permite a los vecinos llegar a sus lugares de trabajo mucho más rápido.
Es que en China Muerta viven muchas personas que se dedican a la producción, pero también otros llegaron espantados por la locura de la ciudad, pero siguen trabajando allí.
Carlos Javier López tiene 35 años, es licenciado en Servicio Social y se desempeña en el ministerio provincial. Todas las mañanas sale en su camioneta desde la isla 119 hacia Neuquén y regresa por la tarde. Para llegar a su casa hay que costear el río Limay y hasta cruzarlo; todo es campo alrededor de su vivienda y desde su ventana incluso pudo fotografiar a un gato montés.
“Busqué siempre un lugar alejado de la ciudad, y acá estoy muy cerca del río en un entorno natural”, explicó Javier, que hace tres años vive en la isla. En otoño e invierno se dedica a plantar árboles o semillas en su huerta para su consumo.
“Trabajo con los problemas de la gente, violencia familiar, abuso sexual y maltrato infantil, pibes en situación de calle. Entonces, desde que me bajo de la ruta me parece que me saco una mochila importante, y cuando llego a mi casa doy vuelta la página”, describió.
Para Raúl Pino, de 50 años, China Muerta fue un escape. Vive en el sector llamado Limay Azul desde 2001, cuando se alejó de su comercio que tenía en el centro de Neuquén y ahora se dedica a vender repuestos de autos que le quedaron de aquel negocio.
Dentro de China Muerta hay una Escuela Waldorf, un destacamento policial, almacenes y los sábados funciona la feria de artesanos y productores en el predio de la Cooperativa Labrador donde varios vecinos comercializan sus productos.
Wilfredo Fernández tiene 58 años y 14 viviendo en China Muerta, en una casa construida con madera. Se dedica a hacer casas de barro, algo muy pedido en la zona por lo económico y ecológico. Y cuando tiene que ir a Neuquén lo hace en bicicleta y tarda menos de una hora.
Su sobrina Pía Fernández afirma que China Muerta fue como un sueño, porque de chica siempre “soñaba con vivir en el campo”. La serenidad de la zona hizo que esta joven de 24 años dejara dos carreras universitarias para atender las plantas y animales de la chacra.

La historia del lamento de una india por su hija

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China Muerta fue una suerte de estancia patagónica extendida entre los lotes 17, 18, 21 y 22 de la nomenclatura del primer departamento neuquino.
El historiador y profesor Agustín Hugo Milán señala que sus tenedores fueron los hermanos Pascual, Francisco y Justo Rosa, matarifes de la ciudad de Neuquén asentados con sus familias en la calle San Luis, entre Alcorta y Sarmiento.
Milán tuvo la oportunidad de entrevistar a Justo Rosa, quien le contó la leyenda del nombre del paraje.
“China Muerta viene de la versión legendaria de una mujer india (China le llamaban los blancos por la forma de sus ojos) que fue hallada por unos arrieros sin vida, pero de sus senos estaba prendida una beba, que gracias a la leche materna pudo sobrevivir. Ese lugar habría sido un campo santo de los aborígenes”, contó Rosa.
Según Rosa, cuando soplaba viento fuerte se escuchaba el lamento de la china pidiendo por su hija. “Ellos adoptaron este fenómeno para nominar el predio, que así figuraba en la documentación de la época”, relató el historiador.

SERVICIOS
Vivir sin gas y sin agua potable

En el paraje China Muerta no hay red de agua potable, por lo que los vecinos utilizan el agua de perforación en cada lote. Tampoco hay gas, aunque en general esto no es un reclamo.
La calefacción de las viviendas la realizan con salamandras a leña y utilizan garrafas para cocinar.
Hay tendido eléctrico, por lo tanto los pobladores tienen luz. En cuanto al servicio de internet, sólo se accede de manera inalámbrica.

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