Despertarse de noche: ¿Cuántas veces es normal?
Un nuevo estudio fija un límite claro y cambia según la edad. Si lo superás, podrías estar frente a un trastorno del sueño.
Dormir mal de noche no es solo cuestión de cansancio. Las interrupciones durante el sueño pueden afectar la salud física y mental de manera profunda. En Argentina, cerca del 30% de la población adulta sufre alteraciones en su descanso nocturno. La tendencia se intensifica con la edad y afecta con más frecuencia a las mujeres.
El insomnio no siempre se presenta de la misma manera. Algunas personas tardan mucho en dormirse, otras se despiertan varias veces durante la noche, y también están quienes abren los ojos antes de tiempo, sin poder volver a conciliar el sueño. Frente a estos problemas, un nuevo estudio aporta datos concretos que ayudan a identificar cuándo se trata de una dificultad pasajera y cuándo es algo más serio.
Cuántas veces es “normal” despertarse
Según los expertos en medicina del sueño, despertarse una vez por noche antes de los 60 años entra dentro de los parámetros normales.
En cambio, superada esa edad, los patrones de descanso cambian. Las personas mayores tienden a dormirse más temprano y a levantarse antes, con hasta dos o tres interrupciones consideradas dentro de lo esperable. Más allá de esa frecuencia, el descanso empieza a verse alterado.
Este dato, que surge de investigaciones de la National Sleep Foundation, ayuda a diferenciar entre un mal dormir ocasional y un trastorno más persistente. Aunque se producen pequeños despertares ligeros durante la noche que no siempre recordamos, lo importante es si esas interrupciones se traducen en una sensación de agotamiento al día siguiente.
Ansiedad, edad y ritmos que cambian
El paso del tiempo modifica los ritmos circadianos, que son los encargados de regular el ciclo de sueño y vigilia. A partir de los 60 años, esa regulación se vuelve menos estable. Se duerme menos, con más interrupciones, y muchas personas aseguran no sentirse descansadas al despertar. Esa fatiga se puede arrastrar durante todo el día, afectando el rendimiento laboral, el estado de ánimo y hasta la memoria.
El insomnio no solo está relacionado con la edad. También puede estar vinculado al estrés, la ansiedad, la alimentación, el uso excesivo de pantallas y ciertos medicamentos. Ante la persistencia del problema, las consultas médicas aumentan, así como el consumo de fármacos para dormir.
¿Cuándo pedir ayuda?
Si las interrupciones se repiten cada noche, si cuesta volver a dormirse o si el descanso deja de ser reparador, es momento de consultar a un profesional. No todas las personas necesitan la misma cantidad de horas para sentirse bien, pero sí es fundamental que el sueño sea continuo y profundo. Despertarse una vez en la noche puede no tener importancia. Superar ese límite de forma habitual, sí.
El impacto económico de los trastornos del sueño también merece atención. Según la Sociedad Española del Sueño, las consecuencias del mal descanso en términos de ausentismo laboral, productividad reducida y gastos médicos representan un costo anual de más de EUR 2.000 millones.
Dormir bien no es un lujo ni una cuestión de comodidad. Es una necesidad básica que, si no se cumple, puede afectar la calidad de vida tanto como una enfermedad crónica. Por eso, ante los primeros signos de insomnio, conviene actuar a tiempo. El cuerpo siempre avisa. Escucharlo es el primer paso para empezar a descansar mejor.
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