Insólito experimento: el motivo por el que enterraron 2.000 calzoncillos blancos
La particular iniciativa necesitó de mil voluntarios y reveló un secreto bajo tierra.
Un insólito experimento llamó la atención al proponer un llamativo “índice de ropa interior”, donde enterraron más de 2.000 calzoncillos en diferentes suelos.
Unos mil voluntarios enterraron más de 2.000 calzoncillos de algodón y 12.000 saquitos de té en jardines, campos y praderas de Suiza.
El experimento fue impulsado por la Universidad de Zúrich y el centro federal de investigación agrícola Agroscope. Comenzó en 2021, pero sus resultados se conocieron cinco años después.
Cada participante recibió dos calzoncillos blancos de hombre, confeccionados casi por completo con algodón orgánico. El modelo, el tamaño y el material eran iguales para evitar que las diferencias entre las prendas alteraran los resultados.
Los voluntarios debían enterrarlos verticalmente y dejar el elástico visible sobre la superficie. El primer calzoncillo fue retirado después de 30 días y el segundo quedó bajo tierra durante dos meses.
Al lado colocaron saquitos de té, utilizados como una referencia adicional para medir la descomposición. También tomaron muestras de tierra, registraron las características del terreno y enviaron fotos de las prendas antes y después del experimento. Una vez recuperados, los calzoncillos fueron limpiados, secados y enviados al laboratorio de Agroscope. Allí se midió cuánto algodón había desaparecido.
La experiencia se desarrolló en cerca de 1.000 puntos del país. Después de descartar las muestras incompletas o que no respetaban el protocolo, la investigación trabajó con información válida de 780 terrenos.
Qué revelaron los calzoncillos sobre los suelos de Suiza
Los resultados mostraron que el tipo de terreno tuvo más influencia sobre la descomposición que la mayoría de las características físicas y químicas analizadas. Los jardines particulares tuvieron la mayor actividad. En esos espacios había más carbono orgánico y nutrientes disponibles, condiciones favorables para las lombrices, los hongos y los microorganismos que se alimentan de restos vegetales.
En el extremo contrario aparecieron los céspedes, donde los calzoncillos conservaron una porción mayor de algodón. Los campos cultivados y las praderas quedaron en posiciones intermedias.
Los calzoncillos que sufrieron una mayor degradación aparecieron en los jardines particulares, y los enterrados en céspedes se conservaron mucho mejor.
Esto significa que cuanto más rápido desaparecía el algodón, mayor era la presencia de bacterias, hongos y pequeños organismos capaces de descomponer la materia orgánica.
El objetivo del experimento era medir la actividad de los organismos que viven bajo tierra y comprobar hasta qué punto el uso de cada terreno modifica la salud del suelo.
“La manera en que se gestiona el suelo puede afectar tanto su vida como su calidad”, explicó Marcel van der Heijden, investigador de la Universidad de Zúrich y uno de los responsables del trabajo.
Los investigadores advirtieron que encontrar la tela casi destruida tampoco representa necesariamente una buena noticia. En un jardín doméstico, una degradación demasiado rápida podría señalar un exceso de fertilizantes o de materia orgánica.
La interpretación cambia según el ambiente. En un bosque o en otro espacio poco intervenido, una concentración muy elevada de nutrientes puede revelar una alteración del equilibrio natural.
El equipo recomendó mantener el suelo cubierto, incorporar compost, alternar los cultivos y limitar el uso de fertilizantes minerales y pesticidas. Estas prácticas protegen los organismos subterráneos y favorecen la circulación del agua y los nutrientes.
A partir de la experiencia en Suiza, los autores propusieron desarrollar un “índice del calzoncillo” que permita comparar de manera sencilla la actividad de diferentes suelos. No reemplazaría los análisis de laboratorio, pero podría servir como herramienta inicial para productores, docentes y familias.
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