¿Por qué es tan fácil dormirse en el sofá y no en la cama?
La ciencia descubrió por qué es común quedarse dormido en el sofá frente a la televisión y los desafíos adicionales al intentar conciliar el sueño en la cama.
Para optimizar el descanso después de un día agotador y una cena reparadora, muchas personas optan por relajarse en el sofá frente a la televisión. Esta rutina es común y a menudo resulta en quedarse dormido antes de llegar a la cama, un fenómeno ampliamente reconocido y objeto de bromas en las redes sociales.
Dormirse en el sofá puede ser tentador después de un día largo. Sin embargo, la transición a la cama a veces plantea desafíos para conciliar el sueño. Esto se debe principalmente a la presión del sueño, que aumenta conforme pasamos más tiempo despiertos. Nuestro cuerpo libera melatonina, una hormona clave para regular el ciclo sueño-vigilia, en respuesta a la fatiga acumulada. Este proceso se ve influenciado por nuestro ritmo circadiano, el reloj interno que responde a la luz y la oscuridad para regular nuestros periodos de vigilia y sueño.
El entorno del sofá, con su comodidad y familiaridad, puede condicionarnos a asociar este lugar con la relajación y el descanso. Actividades como ver películas o leer pueden convertirse en señales para nuestro cerebro de que es hora de dormir, facilitando así el quedarse dormido. Además, la falta de estímulos estresantes en comparación con el dormitorio, donde a menudo surgen preocupaciones y pensamientos persistentes, también contribuye a esta transición natural hacia el sueño en el sofá.
Los problemas de la cama frente al sofá
Por el contrario, cuando nos dirigimos a la cama, el entorno tranquilo puede intensificar los pensamientos rumiantes y preocupaciones, dificultando la conciliación del sueño. Las actividades previas a domir, como el uso de dispositivos electrónicos o realizar tareas estimulantes, pueden mantener activo nuestro cerebro, contrarrestando los esfuerzos para relajarnos y dormir.
Los malos hábitos de sueño, como el consumo de cafeína o alcohol antes de acostarse, también pueden interferir con la calidad del sueño. Igualmente, factores como el estrés o la falta de rutinas regulares pueden contribuir a las dificultades para conciliar el sueño en la cama.
En casos persistentes de insomnio o dificultades crónicas para dormir, es fundamental buscar orientación médica para descartar posibles causas médicas subyacentes y recibir el tratamiento adecuado. A través de ajustes en el entorno de sueño y la adopción de rutinas saludables, es posible mejorar la calidad del descanso y optimizar el proceso de conciliación del sueño, tanto en el sofá como en la cama.
En resumen, mientras que el sofá puede ofrecer un refugio temporal de comodidad y distracción, la transición a la cama plantea desafíos adicionales para aquellos que buscan un descanso reparador. Entender los factores que influyen en nuestro sueño y adoptar hábitos que promuevan la relajación y el bienestar pueden hacer una gran diferencia en nuestra calidad de descanso nocturno.
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