Cuando Villa El Chocón se convirtió en Jurassic Park

A 25 años del hallazgo del Giganotosaurus carolinii.

POR PABLO MONTANARO / montanarop@lmneuquen.com.ar

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Este cuento, el más corto del mundo, del escritor guatemalteco Augusto Monterroso refleja simbólicamente lo que la tarde del 25 de julio de 1993 ocurrió en pleno desierto, a 18 kilómetros de Villa El Chocón y muy cerca del lago Ramos Mexía, cuando Rubén Carolini, mecánico de profesión en la empresa Hidronor, hacía una de sus habituales exploraciones y se encontró con los huesos fosilizados del que se transformaría en el dinosaurio carnívoro más grande del mundo que habitó hace 100 millones de años y de 15 metros de largo, al que llamaron Giganotosaurus (“reptil gigante del sur”) y carolinii, en honor a su descubridor.

De inmediato, Carolini, paleontólogo por pasión, volvió a su casa, buscó en un libro de dinosaurios cuánto medía la tibia del Tyrannosaurus rex (el dino carnívoro más grande hasta ese momento) y llamó a Leonardo Salgado, paleontólogo de profesión y en ese entonces director del museo de la Universidad Nacional del Comahue. Le contó sobre el particular hallazgo: una tibia enorme, a la que midió con su cinturón y como no le alcanzaba, agregó un trozo de alambre.

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“Si se lo hubiera descubierto antes creo que el Giganotosaurus carolinii iba a ser un descubrimiento más, pero justo coincidió con el estreno unos días antes de la película Jurassic Park de Steven Spielberg y eso potenció este hallazgo”, explica Salgado a LM Neuquén.

El 17 de agosto de ese año, Salgado junto con su colega Rodolfo Coria, jefe del área Investigación Paleontológica de Neuquén, llegaron a la zona para comenzar las tareas de excavación en busca de más restos fósiles. Salgado recuerda que por esos días llovía y hacía frío: “No era la época más conveniente para emprender este tipo de búsquedas y estaba frío. Cuando llegamos, Carolini me mostró unas vértebras. Me imaginé que se trataba de un saurópodo, los de cuello largo, por el tamaño”.

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Coria cuenta que aprovecharon el fin de semana largo del 17 de agosto para trabajar en el lugar donde en la superficie fueron apareciendo más restos de huesos. “Cuando empezamos a limpiar y a despejar el sedimento que los cubría descubrimos que era una tibia que medía 140 centímetros, diez veces más que el mayor encontrado en ese momento”, describe. Esa fue la clave para que los paleontólogos descartaran lo que presumían de que estaban frente a los restos de un saurópodo sino de un carnívoro.

Las extracciones de más restos fósiles, en la que también participaron el paleontólogo Jorge Calvo, Prebiterio Pacheco y el estudiante Pablo Azar, entre otros especialistas, se extendieron hasta noviembre de ese año. “Pudimos rescatar más del 50 por ciento del esqueleto del Giganotosaurus y después aparecieron muchos restos del cráneo que fueron importantes para extender las relaciones de parentesco con otros dinos carnívoros”, comentan los paleontólogos.

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Tanto Salgado como Coria coinciden en la importancia del descubrimiento que tuvo lugar en estas tierras patagónicas hace veinticinco años, no tanto por lo que significó para ellos, sino por “la información que aportó este animal y que fue el vehículo a través del cual gran parte de la sociedad argentina empezó a interesarse por los dinosaurios”.

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