El clima en Neuquén

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La Mañana

De profesión gaucho y jinete

Roberto Cárdenas revive sus años mozos de paisano y recuerda su participación en el desfile que se realizó en Neuquén con motivo de los primeros 50 años de la capital.

Por MARIO CIPPITELLI

Siempre anduvo a caballo. En el campo donde trabajaba se trasladaba a caballo, y cuando venía a hacer las compras a Neuquén, desde Centenario, también lo hacía a caballo.
El caballo era parte de la vida de Roberto Cárdenas, paisano nacido en Planicie Banderita en 1928. Durante buena parte de su vida fue testigo del crecimiento del Alto Valle en épocas en las que todo estaba por hacer y la vida era dura y demandaba un gran sacrificio.
Roberto trabajaba en el campo y en la chacra buena parte del día. La zona de Centenario era todo monte y no había comercios para abastecerse de provisiones, por lo que las compras para poder subsistir las hacía en Neuquén, que si bien era un pueblo con ganas de crecer, contaba con una serie de almacenes en la zona del Bajo, especialmente en la calles Mitre o Sarmiento, que abastecían a la comunidad local y de la región.
Pero las compras no las hacía de manera individual. Para justificar el cansador viaje desde Centenario a la capital disponía de tres caballos y la ayuda de algún vecino. Se compraba al por mayor  y luego se dividía la mercadería en partes iguales entre quienes habían puesto dinero. Por lo general era la misma gente que trabajaba con él. También podía ser algún pariente o vecino.
Cuando se organizaba esa compra, Cárdenas alistaba tres caballos (uno para cinchar desde atrás) porque las subidas en el camino entre Neuquén y Centenario eran pronunciadas y los animales no daban abasto con toda la carga de mercadería. Eran enormes bolsas de harina, de yerba o arroz.
Tantas eran las visitas entre Neuquén y su pueblo que Roberto era conocido por todos los neuquinos. Era uno de aquellos jinetes de Centenario que aparecían por la barda a caballo y paraban en el bajo para comprar y hacer trámites.
Por eso no fue una sorpresa que las autoridades lo invitaran a participar en el desfile por los 50 años de la ciudad, aquel 12 de septiembre de 1954. Tendría que desfilar con la agrupación gaucha que conformaba junto a otros paisanos.
Aquel aniversario de la ciudad cayó un día domingo. Y para no desentonar con la primavera neuquina, sopló el típico viento patagónico. Roberto había llegado un día anterior para parar en la casa de un tío que vivía en Villa Farrel. El domingo se levantó temprano, se puso las mejores pilchas, preparó el caballo y se fue para el desfile.
En aquellas épocas todas las figuras de la vida social neuquina desfilaban por la calle Roca, desde la Casa de Gobierno hasta el monumento al general San Martín, sobre la entonces Avenida Perón, cuyo nombre sería cambiado después del golpe militar del 55 por Avenida Argentina.
Alumnos, militares y asociaciones civiles partieron desde la calle Santiago del Estero y Roca y avanzaron bajo la música de la banda del Ejército rumbo al microcentro.
De poco sirvió que las autoridades regaran las calles de tierras para evitar la polvareda. Algunas ráfagas fueron tan fuertes que la visibilidad estaba reducida a unos pocos metros.
Pero el entusiasmo de Cárdenas, como del resto de los gauchos que habían llegado desde Centenario, era mucho más que cualquier accidente climatológico, por lo que estuvieron desde temprano esperando la largada del desfile.
Don José, un kiosquero que lo conocía, le tomó una fotografía antes de que comenzara la fiesta. En la instantánea que ilustra la foto se lo ve a Roberto, con 26 años, empilchado con las ropas de paisano junto con su inseparable caballo.
Cincuenta años después de aquella foto, Roberto volvió a Neuquén para el desfile del centenario y recibió una mención especial por parte del intendente Horacio Quiroga.
Hoy, con 85 años, mantiene el mismo entusiasmo que lo impulsó a participar en aquellas fiestas neuquinas, y cuenta con el mismo tesón y sacrificio que en aquellos años la ciudad era un pueblo y el único medio de transporte –para la mayoría– eran los caballos.