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La Mañana Senegal

21 fotos en el lente de Sergio Dovio: así es Senegal, el país africano elegido para recibir los Juegos Olímpicos de la Juventud

Dakar combina grandes obras de infraestructura y una importante organización deportiva con una cultura que se destaca por la calidez de su gente.

Senegal, ubicado en la costa oeste de África, es un país atravesado por una rica historia y un importante legado colonial francés. Su capital, Dakar, fue elegida como sede de los Juegos Olímpicos de la Juventud, un acontecimiento histórico que marca la llegada de una competencia olímpica a territorio africano, por primera vez, por decisión del Comité Olímpico Internacional. La cita reúne a representantes de 207 países y cuenta con una destacada organización, en la que sobresalen el compromiso de los jóvenes voluntarios senegaleses y la participación de numerosos extranjeros.

La realización del evento impulsó la construcción de modernos estadios y obras de infraestructura. Entre ellas se destaca el tren eléctrico regional TER, utilizado como medio oficial de transporte durante los Juegos y pensado también como parte de un proyecto para modernizar la movilidad urbana. Sin embargo, el contraste con el entorno resulta llamativo: a pocos metros de estas instalaciones conviven situaciones de pobreza, abandono y precariedad.

En las calles de Dakar es habitual encontrar transportes tirados por caballos, automóviles muy antiguos y colectivos que circulan en condiciones deterioradas, algunos prácticamente desarmados. Las motocicletas, numerosas y ruidosas, representan una alternativa económica y ágil para trasladarse por la ciudad.

La actividad comercial también refleja esa realidad. Predominan los pequeños negocios, mientras que los animales, como los chivos, circulan por las veredas. En distintos sectores se observan puestos de comida preparados al aire libre, sin controles sanitarios visibles, y personas que viven en la calle.

Los problemas ambientales son otra de las postales cotidianas. La acumulación de residuos en espacios públicos, la falta de lugares adecuados para depositar la basura y la contaminación del agua forman parte de un escenario que se repite en distintos puntos de la capital.

Pero más allá de las dificultades sociales y económicas, hay un aspecto que sobresale en el contacto diario con sus habitantes: la amabilidad de los senegaleses. La hospitalidad y el buen trato hacia quienes llegan de otros países son características que se hacen notar y acompañan la experiencia de recorrer la ciudad.

También llama la atención la vestimenta de las mujeres, con telas de colores intensos y diseños llamativos. Como ocurre en distintas regiones de África, es frecuente verlas trasladar objetos y pertenencias sobre sus cabezas, una práctica cotidiana que forma parte de la identidad cultural.

Así es Senegal: un país de contrastes, donde la modernidad de las instalaciones deportivas y la magnitud de un acontecimiento internacional conviven con las dificultades de la vida cotidiana. Una realidad que se descubre más allá de los escenarios olímpicos y que permite conocer de cerca la cultura, las costumbres y la calidez de su gente.

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