La entidad madre del fútbol argentino volvió a negarle la acreditación a periodistas. Qué pasa detrás de esa decisión.
La negativa de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) a acreditar a los periodistas de TN para cubrir el amistoso entre Argentina y Uruguay volvió a poner en primer plano el enfrentamiento entre Claudio Tapia y el Grupo Clarín. La explicación oficial fue que no había lugares suficientes en La Bombonera, pero la decisión se produjo en medio de una disputa que lleva meses y que tiene mucho más detrás que una cuestión de prensa.
Para entender el conflicto hay que retroceder hasta febrero de 2026, cuando la AFA decidió quedarse con los derechos de televisación de la Primera Nacional y la Primera B, que hasta entonces estaban en manos de empresas vinculadas al Grupo Clarín. Los encuentros pasaron a transmitirse a través de las plataformas de la propia asociación y se terminó un vínculo comercial que llevaba varios años.
A partir de ese momento, el tono de las coberturas de los medios del grupo cambió de manera notoria. La conducción de Tapia, el funcionamiento de la AFA, el formato de las competencias y, especialmente, los arbitrajes del fútbol argentino comenzaron a ocupar un espacio mucho más frecuente en sus programas.
No significa que esos temas no merezcan ser investigados ni cuestionados. El arbitraje del ascenso, por ejemplo, arrastra polémicas desde hace años y es una materia que necesita controles, transparencia y explicaciones. La pregunta que aparece es por qué algunas de esas discusiones adquirieron tanta centralidad cuando se rompió el acuerdo comercial por los derechos de televisión.
Los arbitrajes, en el centro de la disputa
Las críticas se multiplicaron en los programas deportivos y también en la señal de noticias. Uno de los protagonistas más frecuentes de esos cuestionamientos fue Ricardo Caruso Lombardi, quien realizó acusaciones de enorme gravedad sobre supuestas decisiones dirigenciales y arbitrales, muchas veces sin presentar pruebas que respaldaran sus afirmaciones.
En junio, por ejemplo, el exentrenador aseguró que Leandro Paredes había pedido que Marcos Acuña quedara afuera de la lista de convocados para el Mundial y que también había intentado que sucediera lo mismo con Gonzalo Montiel. Una versión que generó repercusión, pero que no estuvo acompañada por elementos públicos que permitieran sostenerla.
La tensión también alcanzó a los futbolistas de la Selección. En agosto, la AFA anunció acciones judiciales contra periodistas de TN después de la emisión de un video generado con inteligencia artificial en el que aparecían Gianni Infantino, Tapia y jugadores argentinos. El material incluía una referencia violenta contra Nico Paz, en un contexto de teorías conspirativas sobre la final del Mundial.
El episodio profundizó el malestar de la conducción de la AFA, que consideró que se habían cruzado límites que excedían la crítica periodística.
De las conferencias a las acreditaciones
Los roces dejaron de limitarse a los contenidos emitidos al aire y comenzaron a trasladarse a las coberturas. En junio, el periodista Nicolás Singer fue retirado de la conferencia de prensa de Lionel Scaloni en la previa del amistoso ante Islandia. En octubre, Pablo Cecchini tuvo que esperar alrededor de una hora para ingresar al predio de Ezeiza, pese a contar con la acreditación correspondiente. También hubo demoras para el acceso de un equipo de TN al Fan Fest organizado durante la despedida de Messi de la Selección.
El último episodio llegó con el rechazo al pedido de acreditación para el partido ante Uruguay, previsto para el 13 de noviembre en La Bombonera. Desde la AFA comunicaron que las solicitudes habían superado ampliamente la capacidad disponible por el cambio de estadio. Según TN, era la primera vez que recibía una negativa de este tipo para cubrir un partido de la Selección.
La discusión, entonces, tiene dos dimensiones que no conviene confundir. Una cosa es el enfrentamiento comercial y editorial entre una entidad deportiva y un grupo empresario; otra, el derecho de los periodistas a acceder a los acontecimientos y realizar su trabajo. El trasfondo de intereses ayuda a explicar la escalada, pero no convierte automáticamente en legítima cualquier restricción de acceso.
La guerra entre la AFA y TN ya dejó de ser una sucesión de cruces aislados. Los derechos televisivos, las críticas arbitrales, las acusaciones al aire y las trabas en las coberturas forman parte de una misma disputa. Y mientras ninguno de los dos sectores parece dispuesto a bajar el tono, el fútbol argentino queda otra vez atrapado en una pelea que excede largamente lo que sucede dentro de una cancha.
La polémica tapa de Clarín
El último lunes, el diario de mayor tirada del país y que marca agenda a nivel continental, le adjudicó la victoria de Boca al arbitraje, algo que nunca hizo en ninguna otra situación similar. La línea editorial indica que el xeneize ganó porque la AFA es corrupta, una insinuación muy fuerte que volvió a tener consecuencias inmediatas.
Además, la sección deportiva del diario, comandada por el periodista Daniel Avellaneda, hace hincapié una y otra vez en las falencias de la gestión.
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