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La Mañana Santamarina

El descenso de Santamarina y el llanto de los jugadores, que le regalaron las camisetas a sus hinchas

El equipo de Tandil cayó 3 a 1 de local ante Costa Brava y consumó su baja de categoría. Disputará el Torneo Argentino del Interior.

Santamarina de Tandil perdió 3-1 ante Costa Brava en el Estadio General San Martín y quedó condenado al descenso en el Federal A. La derrota, por la octava fecha de la Reválida, terminó de sentenciar una campaña marcada por los problemas deportivos, institucionales y económicos que acompañaron al club durante toda la temporada.

El Aurinegro necesitaba ganar para mantener con vida sus posibilidades de permanencia, pero no pudo sostener el partido cuando más lo necesitaba. Diego Sosa abrió el marcador de penal a los 54 minutos y alimentó por unos instantes la ilusión local. Sin embargo, Costa Brava reaccionó y dio vuelta el resultado con los goles de Ramón Lentini, Jerónimo Gutiérrez y Agustín López.

El final fue especialmente doloroso para los futbolistas de Santamarina. Apenas terminó el encuentro, varios jugadores quedaron tendidos sobre el campo de juego y otros rompieron en llanto, conscientes de que el equipo había perdido la categoría.

Después, en una de las imágenes más emotivas de la jornada, los integrantes del plantel se acercaron a la tribuna y les regalaron sus camisetas a los hinchas que acompañaron al equipo hasta el último partido como local.

El descenso corona una temporada que estuvo atravesada por una profunda crisis. Santamarina llegó a tener cuatro entrenadores en apenas seis meses. Duilio Botella, quien había logrado salvar al equipo en 2025, dejó el cargo en abril. Luego pasó Luis Murúa, que dirigió ocho partidos y consiguió apenas una victoria. Más tarde asumió Matías Tatángelo, quien renunció después de solamente dos encuentros por problemas administrativos y contractuales. Finalmente, Nicolás Serantes tomó las riendas y fue quien condujo al equipo durante la Reválida.

A los cambios permanentes en el banco se sumó una situación económica cada vez más complicada. El club arrastraba una deuda superior a los 160 millones de pesos y los atrasos salariales volvieron a aparecer durante 2026. Según trascendió, las dificultades no alcanzaban solamente a los futbolistas: también había empleados, utileros y personal médico que sufrían demoras en sus pagos. La incertidumbre institucional terminó repercutiendo directamente en un plantel que tuvo que competir mientras convivía con ese escenario.

Una historia marcada por los golpes

La caída también profundiza una historia atravesada por diferentes crisis. A fines de los años noventa, Santamarina perdió su estadio, la sede social y 15 hectáreas de patrimonio luego de una grave situación financiera vinculada a una rifa cuyos premios no fueron pagados. Aquella etapa obligó al club a cambiar incluso su denominación antes de recuperar su nombre original años más tarde.

Ahora, uno de los históricos del ascenso argentino deberá comenzar una nueva etapa desde abajo. El próximo año podría disputar el Torneo Argentino del Interior, dejando atrás una categoría en la que durante años buscó recuperar protagonismo.

El golpe resulta todavía más fuerte por el peso histórico de la institución, que supo jugar en la B Nacional y protagonizar grandes campañas del fútbol argentino.

En Tandil, la tristeza fue absoluta. Los jugadores lloraron, los hinchas acompañaron y las camisetas quedaron como símbolo de una despedida que nadie quería protagonizar.

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