Difunden cartas de De Nevares a padres de una desaparecida

La carta de Don Jaime forma parte de una colección de más de 40 misivas que el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) acaba de sacar a la luz.

Por Pablo Montanaro / montanarop@lmneuquen.com.ar

“Ya no son casos aislados, sino que parece evidenciarse una táctica estudiada de persecución, amedrentamiento y humillación”, escribió el 29 de mayo de 1976, a poco más de dos meses del golpe militar, el obispo de Neuquén Jaime De Nevares en una carta dirigida a Emilio Mignone y Angélica Sosa, a raíz de la desaparición de su hija Mónica, ocurrida el 14 de ese mes, quien era psicopedagoga y asistente social en una parroquia de la ciudad de Buenos Aires.

La carta de Don Jaime forma parte de una colección de más de 40 misivas que el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) -que Mignone fundó y presidió desde 1979- acaba de sacar a la luz en su página web. Las cartas fechadas entre 1976 y 1983 están dirigidas a miembros de la Iglesia Católica, entre ellos el obispo Antonio Quarracino, y a los cardenales Raúl Primatesta y Eduardo Pironio, De Nevares, entre otros.

Tras la desaparición de su hija Mónica, Mignone emprendió una intensa búsqueda y en esta colección de cartas se reflejan una variedad de respuestas por parte de los integrantes de la Iglesia, desde promesas de gestiones por desaparecidos que nunca se concretaron hasta el reconocimiento de los obispos que recibieron denuncias durante la represión ilegal.

En la carta del 29 de mayo de 1976, el obispo De Nevares le escribió a Mignone luego de recibir copia de la carta que éste le había enviado al presidente de facto Jorge Rafael Videla solicitando información sobre el paradero de su hija desaparecida. “Está muy buena y espero que tenga éxito favorable. Lo espero por Ud. y su esposa cuya angustia es fácil suponer. Y lo espero por el país, si de ello resulta un cambio en los procedimientos, en las arbitrariedades, en los abusos de fuerza, en las faltas de consideración y de humanidad”, escribió en forma manuscrita el obispo.

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Don Jaime consideraba que el panorama en el país era “alarmante y desalentador”. Y agrega, en relación a las desapariciones, que “ya no son casos aislados, sino que parece evidenciarse una táctica estudiada de persecución, amedrentamiento, humillación, sin la preocupación de asegurarse siquiera de no haber cometido error, o de haber escuchado falsas o irresponsables denuncias y acusaciones”. Admitió en la carta que “la declaración de los Obispos es letra muerta para muchos”. Cabe recordar que en mayo de 1976, en el Episcopado Argentino se sometió a votación si se debía comunicar o no los gravísimos hechos, como detenciones ilegales, asesinatos y centros clandestinos, que estaban ocurriendo en el país: 19 obispos se pronunciaron a favor de su difusión pública, pero 38 se opusieron.

La otra carta que dio a conocer el CELS escrita por Don Jaime a la familia Mignone está fechada el 7 de junio de 1976. “No es difícil de imaginar su angustia y su incertidumbre. Le aseguro que comparto, en la medida que puedo, su preocupación. Ella ya no se concreta en casos que consideraba de excepción, sino que acrecienta al constatar que estos abusos, arbitrariedades, actitudes inhumanas forman parte de un plan, de un método, de una política. Y ello no augura nada bueno para la pobre Patria”. Por último, De Nevares señala en la carta que ya estaba enterado de la detención por las fuerzas represivas de los sacerdotes jesuitas Franz Jalics y Orlando Yorio, detenidos y torturados en la ESMA y luego liberados.

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--> Un informe sobre la represión

En plena dictadura militar, Jaime De Nevares y Noemí Labrune fundaron la filial Neuquén de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). En 1979, Labrune fue una de las fundadoras del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) que presidió Emilio Mignone.

Juntos prepararon un informe en 1979 donde se denunciaba la represión de las fuerzas armadas y se daba cuenta de más de 300 desapariciones en las que se podía identificar la responsabilidad estatal. Lo hicieron para la visita a la Argentina, en septiembre de ese año, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

La circulación en el país de ese documento puso en peligro de vida a los integrantes del CELS ya que la dictadura prohibió su difusión. Sin embargo, en 1980 el fundador del CELS y sus colaboradores, entre ellos Labrune, fotocopiaron y distribuyeron copias del mismo y pudieron presentarlo ante el CIDH.

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