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La Mañana

El caos: datos que lo explican

Datos: la inflación sigue escalando más velozmente que los salarios, una situación que empuja a más trabajadores a la pobreza y a más subocupados a la indigencia. Quienes hasta hace un año tenían ingresos al límite para no caer en la pobreza difícilmente hayan evitado el retroceso de statu quo.

Las canastas de pobreza e indigencia tuvieron alzas de precios por encima del que presentó el Índice de Precios al Consumidor. Es decir que aumentaron más los precios de la comida esencial para sobrevivir y los bienes básicos que la inflación.

El poder de compra del salario fue aniquilado por la inflación, a la vez que hay más gente sin trabajo.

El poder de compra de los salarios menos favorecidos es insostenible, puesto que ni con aumentos del tenor de la inflación se consigue llegar a los mismos artículos y servicios básicos que se incluyen en la canasta que se debería adquirir para no vivir en la pobreza. En la práctica, los salarios vienen perdiendo poder adquisitivo desde hace más de dos años. Después de la corrida del primer semestre del 2018, los salarios no recuperaron poder de compra. La pandemia no hizo más que agravar la situación.

El desplome de los salarios afecta a todos los trabajadores, pero para los de los estratos más bajos el problema es peor: el que no cayó en la pobreza está por hacerlo. La última medición entregada sobre la pobreza e indigencia es del segundo semestre del año pasado. La pobreza llegó al 40%, con 12% de indigencia. Un año antes, la pobreza llegaba al 28,8% y la indigencia al 4,4%. En el mismo tiempo, la desocupación creció del 5,7% al 8,4%.

Con este contexto es más fácil entender lo que pasa en las calles de la provincia, con los autoconvocados cortando las rutas y miles apoyando su pelea.