Día Mundial del Pan: cómo hacer pan casero en casa, paso a paso
El 16 de octubre es el Día Mundial del Pan. Una receta casera, con cuatro ingredientes, para prender el horno y poner el pan en el medio de la mesa.
El 16 de octubre es el Día Mundial del Pan. La fecha coincide con el Día Mundial de la Alimentación que impulsa la FAO, y el cruce tiene sentido: pocas cosas resumen mejor la idea de alimento básico que un pan recién salido del horno.
En la mesa, el pan casi nunca espera. Se apoya en el medio y alguien ya le arrancó una punta antes de que llegue el primer plato. Otro busca la parte con más corteza. Un tercero pregunta si hay manteca.
Sirve para todo. Para el desayuno y para la sobremesa, para mojar en la salsa, armar un sándwich, acompañar un guiso o limpiar el plato hasta dejarlo brillando. Puede ser una pieza de varios días de fermentación, con masa madre y harinas elegidas una por una. O puede salir de cuatro cosas que hay en cualquier alacena: harina, agua, levadura y sal.
En la Argentina tiene mil formas. El francés de corteza finita que se compra en la panadería del barrio, el miñón, la flauta, la figaza, el pebete, el pan de campo. Y también la torta a la parrilla, el pan con grasa, la tortilla al rescoldo y esas recetas de la abuela que nunca pasaron por una balanza porque se aprendieron mirando.
Hacerlo en casa tiene algo de experimento. Al principio la mezcla es un engrudo pegajoso que no promete nada. Con un rato de amasado y descanso, se pone elástica. La levadura arranca, el bollo crece y el horno hace el resto, incluido ese olor que se mete en toda la casa.
Tampoco hace falta una miga llena de agujeros para la foto. El pan casero que vale la pena es el que llega tibio a la mesa y encuentra con qué acompañarse: un queso, una conserva, un buen aceite, manteca, dulce de leche, o simplemente una comida con salsa.
Receta de pan casero
Es una receta pensada para quien no hace pan seguido. Rinde un pan de entre 750 y 800 gramos, que alcanza para seis u ocho personas.
Ingredientes
- 500 g de harina 000
- 325 ml de agua tibia
- 5 g de levadura seca o 15 g de levadura fresca
- 10 g de sal
- 1 cucharada de aceite de oliva o de girasol (opcional)
- Harina extra para la mesada
Preparación
Mezclá la harina con la sal en un bowl grande.
Disolvé la levadura en el agua tibia. Tibia, no caliente: si se pasa de temperatura, la levadura no trabaja. Agregala de a poco a la harina y uní con una cuchara o con la mano hasta que no queden partes secas. Si vas a usar aceite, va ahora.
Pasá la masa a la mesada apenas enharinada y amasá ocho o diez minutos. Al principio se pega a los dedos y dan ganas de tirarle más harina. Aguantá: con el amasado la masa toma cuerpo sola.
Armá un bollo, volvelo al bowl y tapalo con un repasador limpio. Dejalo descansar en un lugar cálido, lejos de las corrientes de aire, entre una hora y una hora y media, hasta que se note que creció. Si la cocina está fresca, puede tardar un poco más.
Volcá la masa, apretala suave para sacarle parte del aire y dale forma: llevá los bordes hacia el centro, dala vuelta y hacela girar sobre la mesada hasta que la superficie quede tirante.
Ponela en una placa aceitada o con papel manteca, tapala y dejala levar otros 35 a 45 minutos.
Mientras tanto, prendé el horno a 220 °C. Hacele uno o dos cortes por arriba con un cuchillo bien filoso. No son de adorno: le marcan a la masa por dónde abrirse cuando se cocina.
Horneá unos 35 minutos. Si querés una corteza más crocante, poné una asadera abajo de todo y echale agua caliente justo cuando metés el pan. El vapor mantiene la superficie blanda los primeros minutos y después la deja crocante.
Está listo cuando agarra un dorado parejo y, si le golpeás la base, suena hueco.
El olor te va a pedir cortarlo en el momento. Mejor esperá al menos media hora sobre una rejilla: en ese rato la miga termina de asentarse y no queda húmeda ni apelmazada.
A la mesa
Frío, o apenas tibio si gana la ansiedad, va entero al medio de la mesa. Con manteca y sal, aceite de oliva, quesos, fiambre, berenjenas en escabeche o algún dulce casero.
Sin mucha vuelta. Harina en las manos, el horno prendido y un pan que se corta, o se parte con la mano, y va pasando de uno a otro.
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