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El Concejo cierra 2019 con 5 ordenanzas desopilantes

Hay correcciones por metidas de pata y normas incumplibles.

Pese a tratarse de un año electoral, el Concejo Deliberante cerró el 2019 con más de 70 ordenanzas nuevas. Entre tantas normas, hay varias curiosas, en las que corrigieron metidas de pata, pusieron en marcha iniciativas difíciles de cumplir o recurrieron al máximo órgano deliberativo de la ciudad para remediar situaciones irrisorias.

Por ejemplo, como en una novela de García Márquez, hubo que cambiar una oración de una ordenanza para agilizar los bautismos de las calles nuevas. El problema se generaba cuando consultaban las propuestas en el Registro Único de Nombres del Municipio. Como ese trámite demoraba, se producían situaciones insólitas, como no llegar a homenajear una fecha o figura histórica a tiempo.

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La solución de los concejales fue reescribir un artículo y agregar cuatro palabras: “por simple nota firmada”. Con esa frase, aclararon que solo se necesita un mensaje escrito para la consulta y, aunque parezca mentira, aceleraron notoriamente los plazos.

También, sobre fin de año, se sancionó una ordenanza para asignarle una bandera y un escudo a los 48 barrios de la ciudad. Es un avance en términos de identidad, pero requiere de un trabajo engorroso, porque hay que organizar casi un centenar de concursos de ideas: la mitad para los estandartes y el resto para los emblemas gráficos de cada vecinal.

Entre tantos colores y símbolos, hay grandes chances de que las imágenes se repitan, no solo entre un barrio y otro, sino con los demás países y regiones del mundo. Anticipándose a ese problema, los concejales mandaron al Municipio a “hacer un estudio de las banderas nacionales, provinciales y locales con el fin de no reiterar el mismo diseño”. Habrá que recurrir a la lupa y la paciencia.

Otra ordenanza difícil de cumplir prohíbe la exhibición de azúcar en comercios gastronómicos. Si bien se trata de una medida similar a la que se tomó en 2017 con la sal, esta vez, los concejales se pusieron rígidos en la restricción.

La norma antiazúcar ordena a los comerciantes a quitar este endulzante de “la vista o alcance” de sus clientes, o sea, tenerla siempre escondida. Si alguno deja una azucarera o incluso un sobrecito arriba de una mesa o mostrador de modo que alguien pueda advertir su presencia, se lo sanciona con una multa de hasta 2800 pesos. Su delito: “tentar” a los golosos. Por ahora, esta prohibición tan tajante no se aplica.

Permiso

Este año, hubo también ordenanzas curiosas derivadas de la obligación del Municipio de pedir permiso al Concejo antes de recibir cualquier donación. Así, además de reunir a los 18 ediles para decidir el futuro de un cuadro u obra artística, se sancionó una norma que autoriza a un vecino a darle una impresora al Museo Nacional de Bellas Artes. Para justificar tanta burocracia por tan poco, en los fundamentos se remarcó que el aparato es de “invalorable importancia” porque implica “una mejora y actualización tecnológica” de la ciudad.

Otras ordenanzas llamativas se sancionaron para corregir una metida de pata anterior. Ocurrió en mayo, cuando se votó una norma porque se dieron cuenta de que, en 2015, se habían olvidado de una familia al regularizar los lotes de Colonia Nueva Esperanza. Los que quedaron fuera de la lista se quejaron y hubo que agregarlos. También enmendaron una autorización de 2015 para vender un espacio verde a una cooperativa de viviendas de Terrazas del Neuquén, porque alguien se avivó de que se habían equivocado con la nomenclatura catastral y las medidas del terreno.

Los baños químicos que brillan por su ausencia en las plazas.

--> Las ideas aplaudidas que ya son letra vacía

Hay ordenanzas que se sancionaron este año que provocaron el aplauso de miles de vecinos, pero después no se pusieron en práctica. Entre otras, está la exigencia de construir baños públicos en balnearios y parques, la de incorporar cambiadores para bebés en los edificios de concurrencia masiva y la de poner contenedores para la separación de basura en los espacios al aire libre que suelen quedar regados de desperdicios.

Con los baños públicos, la nueva ordenanza dice que hay que reemplazar las cabinas químicas de plástico por recintos “cómodos, equipados, limpios y accesibles”. Deben construirse en las plazas Roca, Ministro González y de las Banderas, en Olascoaga y Democracia, el Paseo de la Costa y los parques Central, Norte, Este y Oeste. La norma se sancionó en junio y, por ahora, es apenas una manifestación de buenas intenciones.

Otra ordenanza que solo existe en el papel es la obligación de disponer de cambiadores de bebés en todos los baños, masculinos y femeninos, de cualquier edificio de uso público con capacidad de 500 o más personas. Abarca a escuelas, iglesias, clubes, bancos, clínicas y oficinas. La exigencia está vigente, pero no hay controles para hacerla cumplir.

Pasa lo mismo con la separación de residuos. La ordenanza manda al Municipio a colocar gaviones de reja para envases de plástico en balnearios y parques junto con contenedores específicos para basura orgánica. También creó una cuadrilla de guardas ambientales para recorrer las costas.

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7 ordenanzas por mes, en promedio, sancionó el Concejo Deliberante de la ciudad de Neuquén este año. Pese a las licencias que se tomaron varios concejales capitalinos mientras fueron candidatos a alguno de los cargos electivos en los sucesivos comicios que se desarrollaron a lo largo del año, el cuerpo sesionó cada dos semanas, sin interrupciones y manteniendo el ritmo legislativo de rigor

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