El coronavirus en Mariano Moreno: "Estamos todos guardados"

Una comerciante y docente de esta localidad describe cómo está viviendo el aislamiento: "Me duele mucho la realidad en la que estamos".

Por Alvaro Nanton - nantona@lmneuquen.com.ar

La pandemia le pausó la vida. Las políticas sanitarias le cerraron su local y la alejaron de sus alumnos. “No puedo pagar los sueldos y me quitaron la interacción con los chicos”, contó con un tono sufrido a LM Neuquén Cecilia Kukita, comerciante y profesora de Ciencias Naturales del CPEM 37 de Mariano Moreno. “Acá estamos todos guardados y me duele mucho la realidad en la que estamos viviendo”, se sinceró.

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“Nunca imaginé ver a mi localidad así”, sostuvó la profesora y agregó: “Internet en Mariano Moreno no es bueno”. Más de 160 alumnos lo saben, ya que a partir de que el virus ingresó al país (el 3 de marzo pasado) las aulas se cerraron y está impartiendo sus clases vía Facebook.

El coronavirus le marcó una nueva rutina y le hizo utilizar plataformas que nunca imaginó: “Es muy complicado, nunca pensé que debía usar Facebook para trabajar o que debía empezar a utilizar una plataforma para videollamada para tener reuniones”.

Además de ser docente, Cecilia es propietaria de un local de ropa para niños y adultos a dos cuadras de la plaza central de la localidad y pegada a su casa. Tiene a su cargo dos empleados, que en “este contexto de coronavirus se hace muy difícil pagarle los sueldos”.

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El otoño en las calles de Mariano Moreno.

El otoño en las calles de Mariano Moreno.

Con auriculares puestos y una sonrisa pequeña, pero apenada por la incertidumbre que atraviesa, Cecilia describe la realidad que vive su localidad:

- ¿Cuándo fue la primera vez que escuchaste hablar del coronavirus?

- Era muy lejano, en China. Y recuerdo que lo primero que me llamó la atención eran los argentinos que se querían volver. Me preguntaba por qué y al final creo que lo entendí.

- Y… ¿la primera vez que el virus cambió algo en tu vida?

- Sin dudas cuando pararon las clases. Bah, antes ya lo habíamos empezado a trabajar en la escuela porque aún no habían llegado los insumos de limpieza del año, entonces tuvimos que empezar a fabricar algunos. Con los alumnos empezamos a diluir y hacer alcohol en gel. Pero al poco tiempo mandaron a todos a la casa.

- ¿En qué aspecto sentis la pandemia te afectó?

- Cuando me cerraron la persiana del local. Fue terrible. No dejarme trabajar, duele. Pero aún duele más porque tengo dos empleados a cargo y no les pude terminar de pagar el sueldo de marzo. Solo les dí el 80 por ciento y nada más. No puedo. De los impuestos tampoco llegué a abonarlos, solo pagué algunos servicios y nada más. Es muy difícil y duele.

- ¿Los demás locales están en tu mismas situación?

- Sí, creo que como en todos lados. Yo que vendo ropa y no es producto de primera necesidad tengo estos problemas. Cerrados sin ingresar un peso y sin ahorros de dónde sacar. Los demás locales de productos de comida o supermercados están trabajando y no tendrán los mismos inconvenientes.

- ¿Hay desabastecimiento?

- Acá no. Hay algunos productos que te regulan la cantidad de compra, como el azúcar. Pero no, las góndolas están llenas, pero los precios caros. Aumentó todo y nadie habla de eso. Está bien que el problema es otro, pero la inflación fue altísima.

- ¿Y qué es lo que estás viendo en Mariano Moreno que nunca imaginaste?

- Nunca imagine ver gente con barbijos, colas en los comercios, las escuelas vacías. Es increíble. Y este panorama me genera mucha tristeza. El no tener contacto diario con mis alumnos... es muy triste. Duele.

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Cecilia Kukita en la puerta de su local.

Cecilia Kukita en la puerta de su local.

Cecilia tiene un doble rol. Es docente y dueña de un comercio. Y tal vez, también hace docencia para los demás empresarios: “Si es por cuestión de números, ya lo hubiera cerrado al local, pero tengo empleados, no me puedo embromar en ellos. Tengo que cumplir con ellos y con el Estado, pero sin trabajar no puedo”.

Con esta postura, dejó en claro: “Me preocupa mucho la gente que depende de mí. Si lo tuviera que ver desde el lugar frío, la persiana ya hubiera estado abajo, pero desde la moral yo no puedo tomar esa decisión mirando los números. Por eso lo mantengo desde la emoción y desde el calor humano”.

Hace 19 años que está al frente del comercio. Lo abrió en otro momento turbulento del país: “Empecé con el negocio en el 2001, mirando los saqueos que estaban sucediendo y embarazada de mi primera hija”.

“Siempre estuve relacionada al comercio. Mis padres desde siempre se dedicaron a la atención al público, entonces pasé varias crisis y tengo fe de que de esta vamos a salir”, aseguró, pero a lo largo de la entrevista, retomó la idea y se retractó: “La verdad es que dependo de mi estado emocional. Hay veces que me levanto diciendo, vamos a salir de esta crisis, como lo hicimos en el 89´ o 2001, pero hay otros días que me levanto con ganas de tirar todo y cerrar”, y concluyó riendo: “Son días, mi inestabilidad casi es como la Argentina”.

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Las calles de Mariano Moreno en plena cuarentena.

Las calles de Mariano Moreno en plena cuarentena.

- ¿Creés que la pandemia cambiará algo en nuestras vidas?

- Mmm... creo que va a ser para peor. Sobre todo en la parte de la economía. La gente que tiene un comercio pequeño va a ser peor. No sé si vamos a tener la posibilidad de poder levantarnos.

- Pero…¿esto empezó el 20 de marzo?

- Claramente no. Veníamos muy mal los locales. Estábamos al borde del abismo y este virus fue la patadita que faltaba para tirarnos a la nada.

- ¿Y qué se intenta hacer en estos casos?

- Entiendo que van a prorrogar algunos vencimientos de impuestos y servicios, y sé que hay créditos, pero no me animo. Por más de que haya tasas bajas de intereses, la crisis de los pequeños comercios viene hace tiempo y la pandemia la agudizó.

---La comunicación se corta por décima vez. Silencio, pantalla congelada y Cecilia vuelve a moverse retomando una pregunta anterior: “Quería aclarar que la pandamia nos cambiará y nos hará valorar más las pequeñas cosas. Los abrazos, los asados y eso sí será lindo”---

- ¿Qué es lo primero que va a hacer cuando terminé el aislamiento?

- Creo que va a ser todo muy paulatino. Primero las medidas de la finalización de la cuarentena y segundo nuestras propias acciones. Creo que va a quedar algo de miedo, pero entiendo que lo primero que haré es ir a mi negocio, para poder empezar a recaudar y poder pagar los sueldos que debo, y esperar que se retomen las clases.

- ¿Qué es lo que más estás extrañando?

- Sin dudas que a los chicos. A mis hijas las tengo conmigo haciendo la cuarentena, que son lo más importante. Pero después el aula, el contacto con los jóvenes y la seguridad de llegar a fin de mes. Son muchas cosas las que quiero (y vuelve a sonreír).

- ¿Cómo te ves de acá a un mes?

- Creo que por ahí se va a ir a otro mundo. No sé si de acá a un mes, pero entiendo que se van a seguir viendo la solidaridad de la gente y también el egoísmo. Esta pandemia sigue exponiendo cómo somos: hay personas que ayudan mucho, y lo seguirá haciendo. Y otras, en cambio, que seguirá por el camino del egoísmo.

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El local de Cecilia Kukita, en el centro de la localidad.

El local de Cecilia Kukita, en el centro de la localidad.

Cecilia busca alternativas y encuentra pocas. Intenta dar con las soluciones para que en su local ingresen algunos pesos, pero no puede. Le envió una carta al intendente, y hasta pensó en vender ropa a domicilio, pero lo vio inviable: “Imaginate yo en la calle con diez pantalones esperando afuera de la casa a que la gente se pruebe un jean. Cuando elige, qué hago con los otros pantalones que se probó y no quiso, ¿los tengo que lavar? Dejan de ser nuevos y si no los lavo, pueden contagiar el virus”.

- Si tendrías que describirnos en una palabra a Mariano Moreno, ¿cuál sería?

- Creo que guardados y a la expectativa.

- ¿A la expectativa de qué?

- De reactivar con algunos hábitos que tienen que ver con los cuidados de la salud, pero volver a trabajar en forma “normal”.

Cecilia se acomoda. Se acomodó a complicaciones económicas que sufrió el país y ahora le toca esquivar las complicaciones del aislamiento. También, aprendió a usar plataformas para seguir haciendo lo que le apasiona: “Enseñar”. Desde su casa, habló con LMNeuquén y desea cerrar la nota con lo que le quita el sueño en las noches: “Siento dolor por las personas que viven el día a día y ahora no pueden trabajar y no le pueden dar un plato digno a sus hijos. A esta sociedad le hace falta mucha empatía, en mi optimismo está la posibilidad de que la pandemia nos haga cambiar y nos agregué esa capacidad de ponernos en el lugar del otro”.

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