El creador del Solitario de Windows nunca cobró su invento

Se llama Wes Cherry y creó la app más usada de Microsoft. Ahora fabrica sidras.

En la actualidad, mucha gente está preocupada por las horas que pierde en las redes sociales cuando debería estar trabajando. Es la llamada procrastinación: ocuparse de cosas irrelevantes y dejar las tareas importantes para después. Pero las distracciones frente a la PC no son nuevas y empezaron hace décadas, con el auge de la computación y con el juego que se convirtió en la app de Microsoft más usada en su historia, el Solitario. Sí, el inocente entretenimiento de cartas que acompaña a Windows desde el 3.0 en 1990 (sólo quedó fuera del 8 pero en el 10, el último, regresó).

La inclusión del Solitario (y, por extensión, del Buscaminas, ya en el 3.1) obedeció a un propósito concreto: enseñar a los usuarios a manejar el sistema operativo con soltura. Ahora da risa, pero en aquellos años hablar de hacer un clic o arrastrar y soltar objetos en la pantalla era extraño. Pocos habían tenido contacto siquiera con un mouse. Entonces, Microsoft pensó que el Solitario sería una forma divertida de acostumbrar al público a ciertos movimientos (en el juego, arrastrando y soltando se colocan las cartas en los mazos), mientras que el Buscaminas afinó el ejercicio del los clics.

Libby Duzan, jefa de producto para entretenimiento en aquella época, comenta que “Microsoft puso el Solitario en Windows para tranquilizar a la gente que pudiera sentirse intimidada por el sistema operativo. Les dio algo familiar, algo divertido que hacer con la computadora, al tiempo que les enseñaba a usar el mouse”.

Cherry hizo una función “antijefe”: con una tecla, nadie veía que estabas jugando. Microsoft se la hizo sacar.

Pero, dado que el Solitario sólo sería un pasatiempo, ¿a quién había que darle la responsabilidad? ¿A un programador con conocimientos y experiencia en juegos y temas didácticos? No, era demasiado usar a alguien tan jerárquico. Mejor darle la tarea a un becario al que, de paso, no se le paga por el servicio. Ni siquiera una regalía. Y apareció Wes Cherry, quien había creado el Solitario para Windows 2.1 cuando era pasante en Microsoft en 1988. Había jugado a un juego de cartas parecido en Mac y quiso tener una versión en Windows, y la inventó para él. Dejó el juego en un servidor de programadores, donde lo vio un jefe que decidió incorporarlo para la versión siguiente, la 3.0.

Cherry sabía que era un juego adictivo, entonces inventó una curiosa función: una tecla secreta que hacía desaparecer de inmediato el juego de la pantalla. Digamos, una tecla “antijefe”, ideal para jugar en una oficina y zafar de la llamada de atención. Sin embargo, para la versión oficial lo obligaron a quitarla. Muchos usuarios, en más de dos décadas y media, habrán lamentado tal decisión de Microsoft.

Práctica: El objetivo original era que la gente se familiarizara con el mouse a través del juego.

Hoy, Wes Cherry no sólo no cobra regalías por ser el inventor del Solitario de Windows, sino que ni siquiera se dedica a la informática. “Quedó claro desde el primer momento que no me pagarían. Sólo me darían un IBM XT para arreglar bugs durante mi curso. Y me pareció bien... y me lo sigue pareciendo hoy en día”, dice Cherry, que ahora tiene una empresa de producción de sidra en Seattle, y lo acepta sin resentimientos, aunque su nombre ya está en la historia.

Buscaminas, el juego que Bill Gates borró para poder concentrarse

Hay ejemplos extremos, como cuando en 2006 cuando el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, despidió a un funcionario al que le había hecho una visita a su oficina después de ver que estaba jugando al Solitario. Ese mismo año, en Massachusetts, la doctora Maressa Hecht Orzack abrió la primera clínica para “adictos a internet”. ¿Una buena idea? Claro, y más cuando se refiere a una motivación personal: lo hizo para tratar su propia adicción al Solitario.

Nadie escapa a la devoción-dependencia que generan estos jueguitos que existen desde antes de poder jugar en red. Si hasta el mismísimo Bill Gates no pudo controlar su fanatismo, en su caso por el Buscaminas (el otro entretenimiento fetiche de Microsoft): el gran Bill llegó a engancharse tanto y con tal intensidad, que lo terminó borrando de su computadora laboral para poder recuperar la concentración en su trabajo.

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