El creador de la pastilla para la locura artística

Psicólogo social y creador de Artepidol, un taller que reúne a pacientes de salud mental a través del teatro, la música y la poesía.

Por Pablo Montanaro - montanarop@lmneuquen.com.ar

“De alguna manera desde chico mi vida estuvo ligada al tema de la salud mental”, afirma Gustavo Lupano, más conocido como Rulo. Nacido en un barrio obrero del oeste de la ciudad, su padre era albañil y su madre trabajaba, a fines de los años 70 y principios de los 80, como portera en la Escuela Especial Nº 1.

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“Nuestra casa estaba dentro de la escuela, que era conocida como la ‘escuela de los locos’, por lo tanto me crié en ese contexto. Los locos y las locas fueron mis hermanos durante muchos años porque desayunaba y jugaba en el patio con ellos”, explica.

Al referirse a su padre albañil, confiesa que nunca aprendió a pegar un ladrillo, sin embargo, advierte, entre risas, supo “construir dispositivos autogestivos que por suerte funcionan bien”.

Descubrió la psicología social cuando cursaba la escuela secundaria en la ENET 2. Un profesor, Gustavo Valle, le pasó material de Alfredo Moffatt, fundador de la Escuela de Psicología Argentina, reconocido por sus aportes en el ámbito comunitario y en el desarrollo de innovadoras terapias populares.

Un tiempo después conoció a Vicente Zito Lema, cuando el escritor vino a la Escuela de Psicología Social en Neuquén a presentar su libro Delirium teatro. “La posibilidad de conocer y charlar con Zito Lema, a quien consideraba el único poeta vivo interesante, conversar con los directores de la escuela y todo lo que había leído de Moffatt me entusiasmó para estudiar allí”, cuenta.

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En 2002, cuando cursaba el segundo año en la Escuela de Psicología y con la necesidad de hacer una pasantía, se acercó para colaborar con el taller de canto Canción con Todos, armado por el Servicio de Internación del Hospital Castro Rendón.

“Ese espacio me pareció fascinante. Veníamos de toda la crisis de 2001 y como sociedad de alguna manera el instinto de supervivencia emerge cuando más lo necesitamos. No nos suicidamos sino que apelamos a la creatividad y a las formas creativas de resistencia. En ese contexto descubro este espacio”, explica.

Resignificarse gracias al arte

Desde que se incorporó al equipo tenía claro que, si bien los pacientes presentaban patologías neuropsiquiátricas -desde una depresión hasta una esquizofrenia grave-, el objetivo era “no trabajar con la patología de la persona sino con el núcleo sano, mostrar ese potencial, resignificarse como sujeto a partir del arte”. Y destaca que en ese espacio “había cantantes, bailarines, poetas; no había locos y locas, no había diagnósticos”.

“No queremos más Halopidol, queremos Artepidol”, dijo uno de los pacientes del servicio durante uno de los talleres artísticos, haciendo alusión al nombre del medicamento base para producir quietud en quienes tienen problemas psicológicos.

Así surgió esta experiencia que conjuga arte y salud mental que desde hace 17 años lleva adelante Lupano junto con un grupo de psicólogos y trabajadores sociales, profesores de teatro y músicos, usuarios internos y ambulatorios de servicios de salud mental con la finalidad de brindar una alternativa terapéutica diferente.

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El colectivo, una vez por mes, sube al escenario del teatro Ámbito Histrión para ofrecer Domingos de Terciopelo, un ciclo creativo terapéutico para desmitificar la locura y acabar con el estereotipo del sufriente mental, abiertos al público desde hace 17 años.

“Para ellos ha sido una transformación, recuperar la autonomía, la potencia, decir ‘yo tengo algo para brindar y hay otro que puede esperar algo de mí’. Hay un potencial y una fuerza que está bueno mostrarlo. Es romper con una lógica de exclusión”, explica.

Lupano siempre tuvo claro vencer esa pared respecto del miedo a la locura, irrumpir en la comunidad y mostrar el potencial de esas personas y resignificarlos como sujetos a partir del arte. Porque para él, el arte “sabe de creación, no de diagnósticos, eso queda para los médicos”.

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