El cuento del tío abusador

Un hombre engañaba y prostituía a presas cuando salían del penal.

Un hombre fue detenido por prostituir y extorsionar a varias mujeres que habían estado detenidas y a las que les había prometido una vida color de rosa.

El último caso fue el de Kate, quien pasó tres años tras las rejas en el Correccional en Lowell, la prisión para mujeres más grande de Florida. Allí comenzaron a llegarle cartas de Richard Rawls. Aunque no lo conocía, Rawls la hizo sentir especial. Le decía que había visto su foto por internet y que no podía dejar de pensar en ella. Se enteró de algún modo que saldría pronto de prisión, le ofreció dinero, un hogar y amor incondicional cuando la liberaran.

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Cuando Kate salió de prisión, Rawls, un delincuente con antecedentes y condenado por más de 47 cargos por agresión sexual, abuso de menores, tenencia de drogas y acoso, estaba allí para ir a buscarla, tal como lo había prometido. “Me puse a fumar crack el primer día que salí de prisión. Al comienzo, me daba todas las drogas que le pedía, aunque se aseguraba que yo viera cómo les pegaba a las otras chicas y no podía dejar su habitación. Después de dos semanas, todo cambió y me empezó a decir que le debía todas las drogas que me había dado, y que tenía que ir a conseguir el dinero para pagarle”.

En la mayoría de los casos, utilizaba los mismos métodos de reclutamiento

Después de cuatro meses, un comando de Swat fuertemente armado entró por las ventanas de la casa y arrestó a Rawls, que luego fue procesado y encarcelado por tráfico de personas. Una investigación policial concluyó que, en el curso de cinco años, Rawls había traficado a Kate y al menos otras 18 mujeres sacándolas de prisión en Florida.

Al momento de su arresto, había ganado miles de dólares al mes, prostituyendo a muchas mujeres a quienes encerraba en la casa, las controlaba mediante el consumo de drogas, medicamentos de venta bajo receta y palizas brutales, para luego llevarlas a trabajar en las esquinas callejeras o en sitios de internet como acompañantes.

Rawls sigue siendo la única persona en prisión por tráfico de mujeres a las que reclutaba de las instituciones carcelarias en EE.UU. Sin embargo, su caso no es, en absoluto, excepcional.

--> Cualquiera les puede mandar dinero

El punto clave para reclutamiento dentro de la cárcel es el permiso que tienen los internos de recibir dinero desde afuera para gastar en comida, elementos de higiene personal y otros artículos esenciales. En muchas prisiones, cualquiera puede enviar dinero a un interno.

Esto significa que muchas mujeres son financiadas, en efecto, a través de hombres que se encuentran afuera y que luego les exigen el pago de ese dinero cuando son liberadas. Los traficantes también usan cuentas bancarias de las internas para pagar reclutadores internos y detectar blancos potenciales.

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