Los ojos de aquel joven que en 1966 tenía 18 años y trabajaba como mecánico con su padre se iluminaron al observar que quien se aproximaba al taller ubicado en la esquina de Lamadrid y O’Higgins en Junín de los Andes no era otro que Juan Manuel Fangio, el quíntuple campeón del mundo de Fórmula 1. Roberto Mora no podía creer que estuviera frente a él y en su taller mecánico el protagonista de aquellas carreras que escuchaba por la radio al lado de su padre, Eulalio, quien le transmitió la pasión y el oficio por los fierros.

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Cincuenta y seis años después, Mora recuerda con lujo de detalles para LM Neuquén cada paso dado en Junín de los Andes por quien es considerado el mejor piloto de la historia del automovilismo argentino. “Fangio llegó a la ciudad porque ese fin de semana se estaba corriendo el Gran Premio de Turismo de Carretera, que en una de sus etapas pasaba por Neuquén, terminaba en Zapala para después seguir a San Rafael, Mendoza. En la carrera estaba compitiendo Juan Manuel Bordeu, cuyo padrino automovilístico era Fangio”, explica el hombre nacido hace 73 años en San Martín de los Andes pero que de chico se instaló con su familia en Junín.

Mora agrega que Fangio aprovechó el viaje a Junín de los Andes para “testear y controlar” el Torino 380W fabricado en el país por Industrias Kaiser Argentina (IKA).

“Fangio vino manejando el Torino para testearlo”, precisa Mora, que tres años antes de la visita de Fangio comenzó a trabajar con su padre en el taller tras abandonar la escuela secundaria.

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“Nadie se esperaba la visita de un grande como Fangio. Creo que fue la única vez que estuvo en la zona”, señala el mecánico con más de cuarenta años en la actividad.

Mora exhibe con orgullo las fotos donde se puede ver a Fangio vistiendo una campera bien al estilo de los pilotos de carrera, rodeado de numerosos vecinos.

“Fue una revolución, una verdadera conmoción en el pueblo”, afirma. En una de las fotos (arriba a la derecha en la página siguiente), que Mora cedió al Museo y Archivo Histórico Municipal de Junín de los Andes, se lo ve a Fangio conversando con una mujer. “Se trata de Dora Emilia Renovales, la esposa de Larroulet, el dueño de la estación de servicio que nos alquilaba la parte de atrás donde teníamos nuestro taller mecánico”, comenta. En esa misma foto, a la derecha del ex piloto y con una campera negra, aparece el padre de Roberto. “El que aparece de saco y corbata es Anuncio Cerato, un italiano, chacarero de la zona de Cuatro Esquinas de Cipolletti, que había venido a visitar a sus hijas”, agrega.

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Se ríe cuando confiesa que el que está asomándose y riéndose, mirando la cámara del ocasional fotógrafo, es él. “Imagínese para un pibe de 16 años que trabajaba en un taller mecánico con el padre y escuchábamos juntos las transmisiones de las carreras de Fangio y de José Froilán González, estar al lado del más grande de los corredores argentinos”.

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Se entusiasma cuando advierte que en una de las fotografías “se ve la parte de atrás del Torino 380 con el que vino manejando Fangio mientras algunas personas acercan la oreja al parlante de la enorme radio apoyada en el capot del coche”. Las charlas de Fangio con los vecinos del pueblo se extendieron durante horas cuando fue agasajado con un asado que tuvo lugar en el Aeroclub de Junín de los Andes. “Mi padre era uno de los que integraban el Aeroclub, entonces decidieron organizar el encuentro con Fangio”, acota. “Mi papá era fanático del automovilismo y en particular de Fangio, escuchaba todas sus carreras y tenerlo frente a frente fue un hermoso regalo que le dio la vida”, explica.

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Luego de su paso por Junín, Fangio debió regresar en forma urgente a Buenos Aires para buscar una cubiertas que necesitaba Bordeu para continuar las etapas de ese gran premio. “Pibe, estoy en tus manos, fijate bien por dónde vamos”, le dijo Fangio a Aldo Mastice, un joven piloto que años después crearía el diseño de la bandera y el escudo de Neuquén. “Nadie me había dicho nada de que tenía que llevar a Fangio porque sabían de mi fanatismo por él. Fangio hablaba como un hombre de campo a pesar de haber estado por todo el mundo triunfando en la Fórmula 1”, recordó en una entrevista con este diario.

Cuando pasó por Junín, hacía ocho años que Fangio se había subido por última vez a un auto de carrera después de consagrarse campeón del mundo entre 1954 y 1957.

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