Los petroleros amenazaron con un paro total en Vaca Muerta si no había un acercamiento de las empresas al pedido de aumento de los trabajadores. Mientras planteaban un reclamo formal a las productoras en la formación shale, en los yacimientos comenzaba a hacer mella una protesta salarial que nada tiene que ver con las de los trabajadores del gas y el petróleo, sino con los que se desempeñan en los hospitales y centros de salud.
Los efectos de la pandemia sobre la estructura económica y social de la provincia son evidentes. En ese contexto, se coló el conflicto de la salud entre los agujeros pequeños de la red de contención de los reclamos de los trabajadores estatales que desplegó el gobierno. Omar Gutiérrez logró, en un tiempo prudencial de negociación, cerrar todos los frentes con los gremios del Estado, pero se le escapó el grupo de autoconvocados de la salud, que se fortaleció en el rechazo al acuerdo firmado por los gremios con personería para arreglar los sueldos en el ámbito público.
Los trabajadores de la salud reclaman una compensación salarial que elimine la pérdida del poder de compra en más de un año con sueldos congelados. Y rompieron con ATE por considerar que firmó un acuerdo que no cumple esa condición.
En el ámbito petrolero pasa algo similar, aunque sin peleas entre las bases y las conducciones sindicales. Los petroleros fueron de los más golpeados en los primeros tiempos de la pandemia. Antes tenían los salarios más caros del país, luego cedieron terreno por efecto de los pactos de emergencia que las empresas consiguieron con la representación sindical, que ahora reclama una compensación por aquel aporte.
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