El clima en Neuquén

icon
14° Temp
63% Hum
La Mañana Domuyo

El guardaparque de Varvarco que cuida los encantos del Domuyo

Héctor Valdez comparó su infancia con su vida actual en el pueblo del norte neuquino y habló del desafío de preservar el área protegida.

El norte neuquino aloja paisajes imponentes -algunos casi secretos- e historias valiosas de personas que lo eligieron como destino hace mucho tiempo para echar raíces, transmitiendo un amor entrañable y un sentido de pertenencia que persiste hoy en las generaciones más jóvenes.

Héctor Valdez no escapa a esa tradición. El guardaparque provincial que desde hace 17 años se encarga de cuidar los tesoros del Área Protegida Domuyo, sigue añorando los tiempos en los que la dinámica de su Varvarco natal era diferente, mientras trabaja para que los cambios que se vienen dando en los últimos años - especialmente con el desarrollo del turismo- no dañen el medioambiente y las joyas de la zona.

Te puede interesar...

"Mis abuelos llegaron en 1930, o antes. Eran de la época en la que se cultivaba mucho trigo. Esta zona estaba poblada desde antes de que llegara la Conquista del Desierto. Prácticamente se comercializaba todo con Chile, el paso se hacía a caballo. Todo se traía de allá y de acá llevaban el charqui, la grasa, el cuero en tropas de mula. Hoy todo es diferente, pero si mirás para atrás, no desde hace tantos años. La ruta (provincial) 43 llega en el 73', cuando se crea el puente", planteó Valdéz en diálogo con LMNeuquén, con tono pausado y amable.

Hector valdez 2.jpg

"En cuanto al pueblito, cuando yo iba a la escuela primaria, estaba nada más que el hospital, la comisión de fomento y la comisaría", enumeró el hombre de 48 años.

"El cambio fue muy rápido de acá a diez o quince años atrás. En Varvarco había un solo teléfono, teníamos luz por un generador que se cortaba a las 12 de la noche. En invierno, cuando nevaba quedábamos aislados. Nosotros éramos 14 hermanos, en aquellos años vivíamos en una casita de piedra o barro con techo de carrizo, un espacio muy reducido. Era salir a cazar conejos, liebres, cuidar las chivas y a la noche, encerrarse. La calefacción era un fogón abierto y brasas. Dormíamos en camas con cuero de oveja con mantas tejidas por nuestras mamás", recordó para luego advertir también un antes y después en el clima.

Hector valdez 4.jpg

"Yo digo que el cambio climático se nota mucho en esta zona. Antes arrancaban las lluvias en abril o mediados de marzo y en mayo venía la primera nevada. Quedaba todo tapado el pueblito y en agosto todavía tenías nieve. Actualmente tenemos nevadas en las que a los dos días ya no queda nada. Así venimos de varios inviernos", comparó, antes de seguir repasando detalles del Varvarco de antaño.

"Los chicos iban a la secundaria en Andacollo y Las Ovejas. Se quedaban en albergues y regresaban los fines de semana. Yo hice la primaria nada más y después me fui a Neuquén a estudiar carpintería", comentó. Con apenas 13 años, Héctor llegó a la capital provincial con un grupo de estudiantes para tomar clases en el colegio salesiano San José Obrero. "Nos llevaron un grupo de misioneros que habían ido a Varvarco. Fue una experiencia muy linda. Nosotros íbamos del campo y fue todo un cambio llegar a la ciudad. La idea era llevarnos toda esa experiencia para volcarla en el lugar donde uno vive. A los tres años, cuando terminé la carrera, me volví y me puse a trabajar acá. Ahora tengo poco tiempo, pero sigo teniendo mi tallercito", agregó con orgullo.

Hector valdez 6.jpg

"Yo siempre digo que nuestra generación es privilegiada porque vivió eso y vivimos ahora la parte de la tecnología. Antes era duro, pero muy lindo, vivíamos sin preocupaciones. Para mi era mejor la vida esa, aunque ahora tenga de todo. Te conformabas con nada, jugabas con una latita de sardinas, la transformabas en un autito y estabas choco. Ahora si no te comprás el mejor camión no estás conforme. Era una vida mucho más sana. En mi caso particular, como guardaparque, lo sigo viviendo. Con mi compañero estamos siempre con los puesteros allá en la nada", sostuvo.

Proteger el terruño

Tras años de dedicarse a la carpintería y al emprendimiento familiar La Lomita -de alojamiento turístico-, Héctor decidió apostar por un cambio que venía de la mano de un hito importante en la historia de la provincia y la región. En el año 2005, cuando se empezó a crear el Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas, concursó para convertirse en guardaparque.

"Éramos alrededor de 20, 22 y quedamos mi compañero y yo. Yo quise concursar porque desde muy chico venía subiendo al Domuyo. Fui uno de los primeros de la zona que llegó a la cumbre cuando todavía se decía que no se podía llegar. Siempre estaba explorando la zona y me di cuenta que había que conservarla. Es una linda profesión, muy especial", señaló Héctor antes de hablar de su quehacer diario y los desafíos que conlleva.

Hector valdez 7.jpg

"Domuyo es el área protegida más grande de la provincia, tiene 92 mil hectáreas, así que te imaginarás que dos guardaparques no podemos cubrir todo. Mi trabajo es muy variado, depende del día. Al ser tan poquitos, apuntamos más al patrullaje, el control de los visitantes y a la conservación. Nosotros con mi compañero hacemos turnos de trabajo de siete por siete. Siete días subimos al área a la mañana y luego bajamos a Varvarco a la tarde. Cuando se entregue la casa que se está por equipar camino a Aguas Calientes, ya nos quedamos allí los siete días. Creería que en otoño o en la próxima temporada estará lista. La esperamos con ansias", manifestó.

"En la primavera hacemos el censo del pato de los torrentes. En los arroyos hay una especie que escasea por eso hay que conservarla. Nosotros capturamos parejitas con un sistema de redes, le ponemos dos anillos en la patita- uno de color y otro plateado-, los liberamos y al próximo año vemos si volvió a nidificar al mismo lugar, si los pichones proliferan o no. Es todo un trabajo a largo plazo. También registramos nidos de cóndores en los cañadones del Convunco o del Atreuco, hacemos monitoreos. La laguna Los Cheuques y La Totora son humedales con una gran cantidad de aves acuáticas. Ahí vamos todos los meses a censar también", explicó antes de referirse a las controversias que trae el desarrollo turístico y los problemas derivados de la falta de conciencia en torno al cuidado del medioambiente.

Hector valdez 3.jpg

"La zona de Aguas Calientes es un área protegida que se abre el 1° de noviembre y que se cierra el 31 de abril. Por lo tanto, al cerrarse, no debería entrar ninguna actividad turística, pero algunos operadores ofrecen excursiones y eso es dificil de contener. El cajón de Covunco, por ejemplo, nos pasó por arriba, no podemos controlarlo porque no tenemos la infraestructura ni personal. En el verano entró mucha gente. Es un lugar muy hermoso, pero en una temporada lo podemos hacer pelota. Eso muchos no lo entienden. Es uno de los lugares donde nidifica el pato de los torrentes y hoy por hoy ya no los ves más ahí. Estaría bueno poner un límite de gente para que entre", postuló.

Hector valdez 5.jpg

Héctor también calificó como un "problema de todos los días" el tema de los residuos en valles, montañas e incluso maravillas como Los Bolillos, cuya belleza no logra hacer entrar en razón a algunos visitantes que tiran papeles y otros deshechos en los alrededores de las majestuosas formaciones rocosas.

bolillos basura.jpg

"Nosotros andamos con la camioneta llena de latas de gaseosas, cerveza. La lata es común encontrarla todos los días en la ruta. Es un problema de cultura. En la pandemia pudimos ver que tiene que ver con la gente del lugar porque en ese momento no veía nadie de afuera. Por ahí algunos turistas tiene más conciencia. Igualmente nosotros estamos trabajando, damos charlas en las escuelas. Por suerte, desde que arrancamos con eso mejoró. Muchos pobladores juntan los residuos no orgánicos y nos los acercan a los puestos para que nosotros los bajemos con la camioneta. Pero las latas en la ruta es todo el tiempo... Igual es cuestión de tiempo, de seguir trabajando", expresó esperanzando.

Acto seguido, contó el curioso método que actualmente se está utilizando para mantener el "Techo de la Patagonia" limpio. "En el ascenso al Domuyo se está implementando el "cacatu" con muy buenos resultados . Es un sistema para que la materia fecal no quede en el cerro. Es un caño de cloaca, de 110, que tiene una tapa abajo y otra arriba. Así que cuando vas al baño lo pones dentro de ese caño y lo bajás. Es la forma que encontramos para controlar, porque en esta temporada es impresionante la cantidad de gente que entró", dijo.

Hector valdez 8.jpg

"Yo lucho día a día para que todo sea más ordenado. La idea es que los cambios no se aceleren de golpe, que todo sea planificado y que el impacto no sea tan fuerte, que no lo sufra la naturaleza. Cada cosa tiene que ir encajando en forma paulatina. Afortunadamente ahora tenemos la gran noticia de que se van a tomar doce guardaparques en la provincia y que a Domuyo vendría uno más. Estaría bueno ser cuatro, dos personas por cada turno", concluyó.

Lo más leído

Leé más

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario