El mecanismo: así desarticulan los relatos de acoso y hostigamiento a las mujeres en la Policía

El drama oculto. En la fuerza se protegen entre los hombres.

Por Guillermo Elía - policiales@lmneuquen.com.ar

Los casos de acoso sexual y laboral a mujeres dentro de la Policía dejaron a la luz el mecanismo por el cual la institución desarticula sus relatos para proteger a los hombres. De esta manera, la mujer que se sale de la lógica machista es tratada de loca, le planchan la carrera y la persiguen hasta la puerta para que se vaya.

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Cuando LMN comenzó en marzo de 2018 a contar el drama oculto de las mujeres policías, su voz estaba silenciada, ni el Gobierno ni las organizaciones las escuchaban. Los motivos: el Gobierno nunca ha terminado de resolver cómo controlar la arbitrariedad policial, y las organizaciones las rechazaban por el solo hecho de ser policías.

A las primeras que se animaron a dialogar con LMN el miedo les invadía el cuerpo. Su cabeza, forjada dentro de la institución, no les permitía entender lo que era la reserva de fuentes; solo pensaban en que estaban incumpliendo un mandato del reglamento al acceder a hablar con los medios sin autorización de la jefatura.

Tuvieron que superar esos temores para comenzar a relatar los horrores que vivían dentro de la fuerza. Así fuimos recuperando casos hasta que finalmente una oficial habló de espaldas a la cámara, al otro día lo hizo una particular que padeció al mismo comisario acosador, y al día siguiente se sumó otra oficial. Cuando nos quisimos acordar, teníamos más de una decena de relatos en los que se repetían una serie de factores que permitían identificar el mecanismo que aplicaba la institución para con “sus mujeres”.

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El mecanismo

La mejor explicación hasta hoy del manejo machista de la Policía la dio una de las tantas oficiales con las que dialogamos: “La familia policial es como una manada, como pasa con los animales, conducida por los machos. Es un clan, y en ese clan a las mujeres, si no tenemos un marido, novio o amante policía, cualquiera dentro de la fuerza te puede coger porque sos parte del clan. De ahí que las situaciones de acoso y degradación sean una constante”.

Dentro de esta lógica funciona el acoso sexual de los jefes a las mujeres que están por debajo de su rango. “La cabeza nos la formatearon de tal forma que a un superior no se le puede decir prácticamente nada y al nivel más alto que se puede recurrir es al titular de la comisaría”, confió la oficial, que se transformó en punta de lanza para visibilizar la realidad que viven.

En esos manejos, los superiores acosan a las mujeres y, si no les dan pie a sus deseos, comienza el hostigamiento laboral, que es toda una persecución con sanciones de días de arresto por llegar cinco minutos tarde o cualquier otra ocurrencia perversa que tenga el jefe despechado.

En el caso de que una mujer se le plante y lo denuncie, ya sea con el comisario a cargo de la unidad o en Asuntos Internos, empieza una guerra sin tregua.

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Entre jefes se pasan el relato de la denuncia de la mujer y presionan al personal a cargo para que tengan cuidado con lo declaran ante el sumariante, que muchas veces conduce la investigación para favorecer al jefe denunciado.

Además, conocer los detalles del expediente le permiten al jerarca contraatacar pidiendo un sumario a la agente u oficial que lo denunció. Los motivos: falta de respeto, llegada tarde, incumplimiento de una orden o cualquier cosa. Lo que se les ocurra, literalmente.

Esto tiene la finalidad de desarticular el relato. “Denuncia porque está enojada, porque no cumplió una orden, o porque tuvo un trato descortés y yo le llamé la atención”, dicen los jefes en sus denuncias.

“La idea es que la mujer quede como una loca caprichosa para que, de esa manera, Asuntos Internos archive la causa contra el hombre y nos sancione a nosotras planchándonos un ascenso o directamente la carrera”, confió otra de las afectadas que se acercaron a LMN.

Pero la historia no concluye ahí, si el caso es más grave, “te trasladan de comisaría y hasta de localidad. Cuando llegás al nuevo destino cargás con el estigma de ser ‘la loquita que denunció a un jefe’, y el destrato continúa en el nuevo lugar de trabajo”, reveló otra de las mujeres.

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El hostigamiento permanente desemboca en cuadros de estrés psicológico que llevan a las mujeres a solicitar licencias e incluso, después de soportar hasta el hartazgo estas situaciones, a pedir el retiro de la institución, renunciando así a su proyecto de hacer carrera dentro de la Policía.

El colmo lo reveló una joven policía que contó: “En algunas comisarías del interior piden que les deriven mujeres así tienen personal para que les cocinen y les preparen mate o café. A ese punto es el atraso en la cabeza de los hombres de la Policía”.

Frente a esta realidad, es clave saber qué hará el Ministerio de Ciudadanía para proteger a las mujeres policías, que tienen los mismos derechos que cualquier otra mujer en la provincia.

OPINIONES

"Queremos derechos básicos para lograr la equidad"

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Oficial de la Policía. Bajo reserva para evitar que sea sancionada por la institución

Los jefes y los compañeros no son nuestros enemigos, ellos cumplen con los reglamentos y lo que han aprendido en la Institución. Hay prácticas naturalizadas con reglamentos desactualizados en un contexto donde el movimiento feminista es tan potente que se hace presente, ingresa por la mínima abertura, pone su voz y su presencia cuando hay injusticias.

La verdadera deconstrucción sería que frente a las injusticias los jefes y compañeros intervengan con el ánimo de impartir justicia y no con el prejuicio de que se desautorizan entre varones.

Hoy las mujeres que trabajan en la Policía entienden este reclamo como un despertar en la consciencia profesional para conquistar derechos, y estos derechos tendrán un gran valor social. Hoy el contexto es diferente y las mujeres somos diferentes.

Lo que sucede hoy en la Policía es un fenómeno interesante, es la presencia de los movimientos feministas en la Institución, son muchas las mujeres y agrupaciones que acompañan el grito de las trabajadoras policiales. TODAS gritamos; derechos, no favores; derechos, no privilegios. Queremos reglamentos, no dueños.

Sí protocolos de violencia, no peregrinar; queremos tener la libertad de ser madres sin el techo de cristal, queremos ser lesbianas, heterosexuales, pecadoras, queremos ser libres de prejuicios y etiquetas institucionales, queremos derechos básicos para lograr la equidad y la liberación de la mujer sin la aprobación del varón. Este es un fenómeno que se viene dando en todo el país.

"Ahora saben que no están solas"

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María José Vázquez. Empoderadas Nacionales, Populares y Feministas

El feminismo nos hermana. Nos aúna en la construcción colectiva a las que creemos que un mundo con igualdad de oportunidades para todos es posible. Desde Empoderadas emprendimos este camino de escucha, de aprendizaje, de sororidad. Gran parte de empoderarnos fue lograr reconocernos víctimas de violencia machista. Y transitándolo las conocimos a ellas. Las mujeres trabajadoras de la Policía.

Nos acercamos en principio buscando aliados para evitar una realidad que se repite en cada relato: la revictimización a la hora de efectuar la denuncia por violencia de género. Y fue intentando hacer más transitable la burocracia judicial que descubrimos un mundo que, si bien ahora no es tan loco de imaginar, hasta el momento no habíamos visibilizado: ellas también sufren violencia en su ámbito de trabajo por parte de la misma institución.

Son sus compañeros varones y sus superiores quienes las someten y humillan sistemáticamente. Abusan del poder que les da la cultura patriarcal primero y refuerza la Institución (históricamente violenta) después. Y si hablan, peor. Ellas encontraron su voz, compartieron sus historias, tienen miedo pero eso ya no las detiene. Están organizadas y por eso nunca más serán silenciadas. La Red Nacional ya es un hecho. Y saben que no están solas.

Estuvimos y seguiremos estando. El 8 de marzo pudieron marchar con las civiles (aunque no pudieron parar) y ahora promovemos la construcción de espacios de formación para la deconstrucción de las fuerzas de seguridad. Hicimos la petición (junto a ocho ONG neuquinas) ante las Subsecretarías de las Mujeres, de Derechos Humanos y de Seguridad de la Provincia. El Estado es responsable.

"Las policías deben ser atendidas fuera de la fuerza"

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Gustavo Lucero. Abogado

Hace pocos días se daba a conocer que la Policía creaba una oficina de atención y abordaje para los casos de violencia de género dentro de la fuerza.

¿En qué medida una efectivo agredida por un jefe tendrá la confianza plena para acudir a esta nueva oficina?

En el caso de la mujer policía víctima, ¿va a confiar en que uniformados de la misma institución a la que pertenecen sus agresores la ayudarán? Tal vez sí, tal vez no.

A nivel nacional, la Ley 26.485 nos dice que las mujeres tienen derecho a vivir una vida sin violencias, y que cuentan con el derecho a una asistencia integral.

En la Provincia de Neuquén, la ley 2786 determina que la autoridad de aplicación será el organismo de máxima competencia en la materia, particularmente el Ministerio de Ciudadanía es el que tiene bajo su órbita la Subsecretaría de la Mujer.

Consecuentemente, es competencia originaria de este Ministerio de Ciudadanía la atención de toda la problemática que comprenda la perspectiva de género y la violencia contra la mujer, máxime para estos casos de situaciones producidas en el ámbito de la administración pública provincial. Es a partir de este ámbito ministerial que podremos empezar a ofrecerles a las mujeres policías un espacio con mayores garantías de autonomía funcional y especificidad en la temática, ello sin perjuicio de avanzar luego en una estructura interdisciplinaria e intersectorial compartida entre los ministerios de Ciudadanía y el de Seguridad.

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