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La Mañana campera

El secreto que abriga la campera negra de Sergio Ávalos

Esa prenda es un detalle clave en la investigación y complica a los compañeros de residencia de Sergio por ocultar información. Legalmente, encubrimiento. La verdad late desde las sombras.

Esta semana, en la sede de la Justicia Federal, arrancó la maratón de 40 testimoniales pedidas por la querella de la familia de Sergio Ávalos, el joven estudiante de la UNCo que fue visto por última vez dentro del boliche Las Palmas el 14 de junio de 2003. La causa se investiga como desaparición forzada de persona, un delito de ejecución continua y de lesa humanidad.

En la primera jornada de testimoniales, surgió un dato revelador para los querellantes Sergio Heredia y Leandro Aparicio: la campera negra de Sergio.

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¿Por qué es tan significativo? Porque pone en escena a los compañeros de residencia con los que fue al boliche esa madrugada y también los complica bajo la figura de encubrimiento por ocultar información.

El 14 de junio, en la plaza central de Picún Leufú y con motivo de cumplirse 19 años de la desaparición de Sergio Ávalos, a Heredia y Aparicio no les tembló la voz, pese al frío, a la hora de hablar de responsabilidades.

“Hay compañeros que han ocultado información. Ya son personas grandes y necesitamos que todos cuenten la verdad”, dijo Heredia, que a su vez aclaró que “al único que hay que darle una respuesta es a Asunción, y en este pueblo se oculta parte de la verdad”.

Quienes estaban presentes se estremecieron, y no fue por el frío que calaba hasta los huesos. Las palabras del abogado salteño penetraron como cuchillos porque el pueblo sabe que hay una verdad incómoda, y los únicos que pueden liberarlos de esa carga que soportan en un denso silencio son los compañeros de residencia de Sergio, que también eran sus amigos de Picún de toda la vida.

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La residencia

Toda investigación criminal necesita reconstruir las acciones de cada uno de los actores y rescatar los detalles, porque cosas ínfimas pueden desentrañar verdades. Eso fue lo que pasó con las primeras testimoniales de esta semana, pero para entender hay que desandar y reconstruir.

Sergio Ávalos era un chico de pueblo, humilde, responsable y aplicado. Él sabía que necesitaba tener buenas notas para postularse a la beca de residencia en la Universidad Nacional del Comahue; de lo contrario, la aventura de estudiar en Neuquén le sería muy complicada por la situación económica de su familia.

Egresó del CPEM 16 de Picún Leufú en 2002, con un promedio de 8,29. Así se abrió su primera puerta en abril de 2003 a la residencia universitaria. Durante el primer mes de cursado, había estado parando en la casa de un amigo de Picún en el barrio Villa Ceferino.

En la residencia, Sergio tenía la obligación de sacar buenas notas para permanecer, y así lo hizo. En los ocho parciales que rindió en la carrera de Administración de Empresas, obtuvo un promedio de 8,50.

Si bien conseguir la residencia fue una bocanada de alivio, sabía que la familia hacía un gran esfuerzo para que él fuera el primer Ávalos en estudiar una carrera universitaria.

En su cuaderno íntimo, que revelamos en un informe el pasado 12 de junio, no solo tenía apuntes, dibujos, canciones y sus primeros ensayos de firma; había también un folleto de la UNCo con las distintas becas que buscaba obtener, comedor y fotocopias, para alivianar un poco más la economía familiar.

La residencia la compartiría con amigos de Picún Leufú, lo que hacía más llevadero el desarraigo que padece todo joven de pueblo al llegar a una ciudad con dinámicas totalmente distintas.

De ser el hijo del encargado del correo, por el trabajo de su padre, Sergio pasó a ser un mero desconocido y, a los fines académicos, un número de legajo. Por eso, la residencia se transformó en un espacio de oportunidad y contención, pero también de un secreto que late cada vez más fuerte.

Sergio Ávalos desapareció el 14 de junio de 2003 del boliche Las Palmas.
Sergio Ávalos desapareció el 14 de junio de 2003 del boliche Las Palmas.
Sergio Ávalos desapareció el 14 de junio de 2003 del boliche Las Palmas.

La campera negra

De acuerdo con lo relevado, la campera se la compró la familia entre fines de enero y principios de febrero de 2003 para que Sergio tuviera abrigo en su etapa universitaria.

Era una campera negra, tipo rompeviento, forrada con polar. Para la época y el bolsillo familiar, fue costosa. Hay que destacar que es la única campera que tuvo Sergio en su corto paso por la UNCo.

Es más, con esa campera, el 11 de junio, unos días antes de que lo desaparecieran dentro del boliche Las Palmas, fue con don Asunción a sacarse una foto carnet y luego realizó el trámite para obtener el DNI porque lo había perdido. Esa fue la última foto de Sergio, que es la imagen emblemática de las marchas y del mural que está en la Universidad.

Incluso, la foto con la campera negra surgió tiempo después y pasó desapercibida, hasta ahora que la puso en escena la querella tras un minucioso análisis de los detalles del caso.

El primer afiche de búsqueda que se incorporó en la foja 9 del expediente llevaba una foto de Sergio en remera manga corta, que se tomó en noviembre de 2002 para entregar en el legajo de la Facultad de Ciencias Económicas, tal como se advertía en los requisitos de inscripción.

Con esa foto que dio la UNCo, se hicieron panfletos estudiantiles en los que se solicitaba información sobre el paradero de Sergio y se daban los teléfonos de la residencia universitaria, el Centro de Estudiantes y la Secretaría de Bienestar Universitario.

Luego, la Policía lanzaría un pedido de búsqueda oficial con una foto familiar en la que cortaron y pegaron la imagen de Sergio de cuerpo completo. Justamente, viste la misma ropa con la que fue a Las Palmas la madrugada de la desaparición.

La foto carnet con la campera negra la encontraron Mercedes y Asunción cuando fueron a la residencia tras la desaparición. Allí hallaron los 200 pesos que don Ávalos le había dado a principios de junio, de los cuales no gastó un centavo porque le habían quedado unos pesos del mes anterior. El dinero lo tenía oculto en un paquete de cigarrillos marca Camel. El envase estaba vacío y con el celofán puesto al revés para simular que estaba cerrado. En su interior no había ni un cigarrillo porque Sergio no fumaba, solo contenía los dos billetes de $100.

De esto se dio cuenta Mercedes, que tenía una relación muy estrecha con Sergio.

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Entre las cosas también encontraron dos fotos carnet, de las cuales los comercios del rubro sabían entregar cuatro. Dos tuvieron como destino el Registro Civil y las otras dos las guardó Sergio por cualquier trámite que tuviera que realizar.

En esa misma habitación, sobre la cucheta en la que dormía Sergio, estaba la campera negra que le había comprado su familia.

La trama de la campera

Siguiendo el esquema de investigación criminal, la campera negra pasa a ser un detalle importante, por eso se hurga en su historia y su devenir, que tendrá un triste final como Sergio. Porque todo en el caso Ávalos es lúgubre.

En las testimoniales de esta semana, no solo Mercedes y Asunción ubicaron la campera en la habitación de la residencia, sino que también lo hizo una profesional que integró el equipo que investigó el caso desde el inicio y que declaró durante más de una hora y media. El testimonio fue clave tanto para ubicar la campera como para revelar detalles de las entrevistas realizadas a los compañeros y amigos de residencia de Sergio.

Esa madrugada del 14 de junio, Sergio fue e ingresó a Las Palmas con sus compañeros de residencia. Esto está más que probado en el expediente.

En Las Palmas, tanto en la fila de ingreso como adentro, a Sergio lo vieron seis amigos más de Picún Leufú. Ellos aportaron el dato de que estaba con la campera negra, por momentos puesta y en otros en su mano. Esto fue por dos motivos: Sergio cuidaba cada centavo y no iba a gastar en un guardarropa, y además se podía extraviar su única campera.

Cualquiera que haya ido a un boliche sabe que todos evitan el guardarropa para prescindir del gasto y no correr el riesgo de que se pierda la prenda.

Y en ese sentido, Sergio no fue la excepción, cuidaba el dinero y la ropa.

En este punto es donde Heredia y Aparicio descubrieron un detalle clave que puso en el ojo de la tormenta a los compañeros de residencia.

“Sergio fue al boliche con la campera negra, que era su única campera. Sergio tuvo puesta y en sus manos esa campera dentro del boliche. Si a Sergio lo desaparecieron, ¿cómo es que su campera apareció en la habitación de la residencia?”, se pregunta la querella ante estos simples enunciados.

La respuesta es sencilla y devela parte de lo ocurrido. “Los compañeros vieron cuando a Sergio lo agarraron los de seguridad del boliche, ahí se le cae la campera y alguno de ellos la levanta y la lleva a la residencia”, reza la principal hipótesis desarrollada por la querella.

Lo sospechoso es que los compañeros de residencia, a la hora de declarar en el inicio de la investigación, dijeron que tenía una campera marrón. Ese desvío en la investigación radicó en un error que se ha repetido durante años y que mantuvo a los compañeros alejados de los radares.

De hecho, en el anuncio que realizó el gobierno nacional en agosto de 2017, donde ofreció una recompensa de 500 mil pesos por información del caso, entre los detalles figura “campera de polar color marrón”.

El mismo error repite el gobierno provincial en el decreto 1324/19, de julio de 2019, donde ofreció una recompensa de 850 mil pesos. En los detalles, vuelve a figurar “campera de polar color marrón”.

La única campera que tuvo Sergio Ávalos era negra, la llevó al boliche y luego fue encontrada en su habitación de la residencia.

Incluso, en el expediente que está en manos de la Justicia Federal, hay fotos de las primeras inspecciones que se realizaron en la residencia en las que se ve, encima de la cucheta de Sergio, su campera negra.

Sergio Ávalos desapareció el 14 de junio de 2003.

Un silencio comprometedor

“No han contado toda la verdad y tenemos elementos para descreer que se hayan ido del boliche sin saber nada de Sergio”, dijo Heredia en la plaza pública de Picún Leufú el 14 de junio. Las palabras del abogado hacían alusión a esta trama.

En las testimoniales de esta semana, la profesional que entrevistó a los compañeros de Sergio reveló que en su momento informó que los jóvenes mostraban comportamientos paraverbales que daban a entender que “callaban o escondían algo”.

¿Qué se presume? Que ocultaron información vital por miedo y vergüenza de haber abandonado a su amigo que terminó desaparecido.

En este punto cabe explicar que los compañeros podrían haber creído que la seguridad del boliche trasladaría a Sergio a la comisaría y luego lo liberarían, por eso levantaron su campera y la llevaron a la residencia. Lo cierto es que no denunciaron y, con el paso de los días, la desaparición les estalló y evitaron que quedara en evidencia que ellos sabían algo y no hicieron nada.

También es cierto que, con la desaparición en marcha, un móvil no identificable de la Policía, un VW Polo blanco, rondaba la residencia estudiantil. Esta situación les pudo haber jugado una mala pasada y los sumió en una cadena de decisiones erróneas que los hundió aún más.

De una situación como esta solo se sale a flote contando la verdad, por cruda que sea.

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El secreto de sus ojos

En Picún Leufú, los habitantes saben que hay algo oculto. Del caso Ávalos se habla a puertas cerradas y se evitan los nombres de los compañeros de la residencia, como si fueran las palabras que dan forma a un conjuro.

Si se toma en cuenta la hipótesis de la querella, no es para nada extraño que esos jóvenes, ya devenidos en adultos y padres, dejaran de mirar a los ojos a don Asunción Ávalos.

“Nunca más me volvieron a mirar ni a hablar. Yo sé que ellos saben algo y lo tienen que contar”, afirmó don Asunción, que a sus 88 años sigue persiguiendo justicia, pese a que hasta ahora le ha sido esquiva.

Razón tenía el padre fundador de la patria José de San Martín cuando decía: “Hace más ruido un solo hombre gritando que cien mil que están callados”.

Pero algo se mueve desde las sombras en Picún. Hay un susurro que avanza y se aguarda un develamiento liberador que ayude al esclarecimiento y le traiga algo de paz a don Asunción.

Por cierto, la campera negra corrió la misma suerte que Sergio: desapareció. Ni la campera ni la ropa que quedó del joven en la residencia fueron restituidas a su familia. Tampoco hay acta de secuestro en el expediente. En definitiva, a los Ávalos les quitaron absolutamente todo.

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