Elizabeth Gómez Alcorta a LMN: "El Ni una menos dejó en claro lo estructural del problema"

La ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación dialogó con LMN al cumplirse cinco años del estallido del Ni una menos.

Por Ailín Trepiana / trepianaa@lmneuquen.com

Este 3 de junio se cumplen cinco años de aquel estallido del Ni una menos, ese movimiento que irrumpió en las calles para expresar su hartazgo tras la ola de femicidios y la violencia machista.

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Este es un aniversario particular. No solo nos encuentra en las casas, sin posibilidad de ir a las calles para plantear las demandas en medio de la emergencia sanitaria por la pandemia del coronavirus, sino que además es el primer año que el país cuenta con un Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, a cargo de Elizabeth Gómez Alcorta. Para la ministra, su creación por parte de la nueva gestión del Gobierno Nacional es consecuencia de ese movimiento que se venía gestando incluso desde antes del 2015.

"No fue una movilización aislada. Creo que lo que vino a dejar muy en claro esa potencia es lo estructural del problema. Entonces, cuando queda tan cristalizada la estructuralidad del problema indica que las acciones que hay que llevar adelante para modificar eso también son grandes, estructurales, importantes", planteó Gómez Alcorta en una entrevista con LM Neuquén. También consideró que, luego del 3 de junio del 2015, "cambió la agenda política" y obligó a "transversalizar" las políticas.

-¿Qué cambió después del 3 de junio de 2015?

-Cambiaron muchas cosas. Primero cambió la agenda política, la agenda social vinculada al género, no sólo a la noción de que nos están matando todos los días. Creo que hay un nivel de conciencia social muy fuerte vinculada a la violencia extrema, no solo la violencia de género sino la violencia extrema. Creo que la potencia del reclamo de las calles se instaló para quedarse, y creo que esa misma potencia es la que condujo a la convergencia con la decisión política de Alberto y de Cristina de crear un Ministerio. Creo que lo que hizo es colocar en la agenda no sólo lo de género sino transversalizar y pensar la política con una obligación, vinculada a pensar cada uno de los temas, sea cual sea, con perspectiva de género. Pienso en la Ley Micaela. Hay que decir que cuando se votó la ley en la Cámara de Diputados hubo una sola abstención. Eso es, ese nivel de consenso que atraviesa a los partidos, a las ideologías, de que el Estado tiene que actuar y es responsable para generar las condiciones de una vida libre de violencia, creo que se logra. No es que no existía esa pelea antes del 3 de junio del 2015, no es que no existía institucionalidad, no es que no había políticas porque eso sería faltar a la verdad histórica. Pero creo que son muchas las cosas que pasaron.

-Lo dijiste al pasar pero te pregunto: ¿La existencia del Ministerio creés que es uno de los resultados del Ni una menos?

-Sí. Es resultado de las luchas del movimiento de mujeres, de los feminismos y de la diversidad. Digo eso porque esa lucha es previa al 2015. Lo que sucede a partir del Ni una menos es que empieza a tener una potencia que va in crescendo, no fue un hecho aislado, una movilización aislada, un momento vinculado a una coyuntura. Creo que lo que vino a dejar muy en claro esa potencia es lo estructural del problema. Entonces, cuando queda tan cristalizada la estructuralidad del problema indica que las acciones que hay que llevar adelante para modificar eso también son grandes, estructurales, importantes. Hay que pensar en herramientas, en institucionalidad y por eso digo que el Ministerio es parte de reconocer esas desigualdades, de poner esa agenda en la primera plana y en crear instrumentos e institucionalidades para poder enfrentar ese problema estructural.

-Algo grave y que preocupa desde hace tiempo son los femicidios. Son cifras que no han disminuido y se mantienen así hace por lo menos diez años.

-Sí, salió el último informe de la Corte Suprema de Justicia. Los números de femicidios directos según el propio informe de la Corte, que utiliza el sistema de la fuente primaria, tiene para el 2017, 251 víctimas; en el 2018, 255; y en 2019, 252. Es lo que decís, hay una evidencia de una alta persistencia que demuestra justamente el nivel de estructuralidad, que no se tratan de hechos aislados, que están vinculados a cuestiones individuales más allá de las particularidades. No quiero que con esto se entienda que no hay responsabilidades individuales. Las responsabilidades son individuales pero el fenómeno es estructural porque es la violencia machista que efectivamente está anclado en un sistema social, cultural, que jerarquiza vínculos. Justamente, lo vinculo con el Ni una menos: a partir de la demanda del 3 de junio del 2015 entre las cosas que sucedieron es que a partir de ese año y a partir de esa demanda se crea el registro de la Corte. El Estado Nacional, ninguno de los poderes, no tenía registro oficial de casos de femicidios, travesticidios y transfemicidios. No tenemos ninguna duda que, como es un fenómeno sumamente complejo (porque no se trata de un fenómeno exclusivamente criminal) requiere intervenciones de abordajes de políticas, que algunas son para trabajar en el corto plazo, en lo inmediato, centralmente te diría en todo lo que son sistemas de alerta tempranas. A la vez, algunas situaciones de mediano plazo y otras que son de largo plazo. Hay que hacer algunas intervenciones vinculadas al tema de las armas, porque estamos llevando adelante el análisis de los medios por los cuales se llevan adelante los femicidios y vemos que las armas son uno de los factores que aumentan los riesgos en ciertas situaciones. Ya lo anunciamos, estamos trabajando junto con el Ministerio de Seguridad y el Ministerio de Justicia para la puesta en marcha de un programa interministerial para abordar todas las violencias extremas porque entendemos que el Ministerio de las Mujeres no tendría forma de poder hacer un abordaje integral del fenómeno, tampoco lo podría hacer solo el Ministerio de Seguridad ni tampoco solo el Ministerio de Justicia. Y de hecho este programa va a integrar el Plan Nacional de Acción contra las Violencias que estaremos presentando en los próximos días con el Ministerio.

Elizabeth Gómez Alcorta

-¿Creés que es posible que se declare la Emergencia en Violencia contras las Mujeres, siendo que también es un reclamo que, si bien es de antes del Ni una menos, persiste, también vinculado a los femicidios?

-Lo que pasa que mencionar la Emergencia como Emergencia sola, como si eso fuese una solución a algo, es difícil. Nosotras estamos haciendo el relevamiento y hay muchísimos proyectos de Emergencia que cada uno tiene cuestiones distintas. La Emergencia en general se la vincula a una cuestión presupuestaria. Hace unas semanas la Emergencia que se sancionó en la provincia de Buenos Aires, da algunas pautas de políticas públicas y tiene la posibilidad de reasignación de partidas presupuestarias. No creo que sea necesario porque vamos a tener las reasignaciones que sean necesarias. Igualmente, si se dictara una ley que dijese eso, tampoco sería un problema. Pero lo que creo es que hay como una sensación general de que el dictado de esa ley tuviese una implicancia directa con los femicidios cuando en realidad lo que hay que hacer es llevar adelante políticas para el corto, para el mediano y para el largo plazo, porque nosotras somos conscientes que, además de situaciones y condiciones que posibilitan y aumentan los riesgos para las violencias extremas, una parte muy significativa del fenómeno está vinculada a cuestiones culturales.

-Una de las primeras medidas en el marco de la pandemia fue la de los barbijos rojos. ¿Evaluaron cómo resultó esta medida y su aplicación?

-Los barbijos rojos eran una acción más para abrir, sobre todo en un primer momento del aislamiento, que fue un momento en donde había muy pocas actividades exceptuadas, sobre todo en la primera etapa hubo muchísima menos circulación en todo el país. Entonces se lo pensó como un canal más de pedido de ayuda de aquellas personas que se encuentran en situación de violencia, sobre todo en un momento donde efectivamente había muy pocas posibilidades de salir de las casas. En ese momento, fue habilitar por un lado la posibilidad de acceso a un canal de WhatsApp para que se comuniquen y la posibilidad de pedir ayuda en las farmacias. La verdad es que nosotras estamos contentas. Llegaron a más de 30 casos de pedido de ayuda de diversas modalidades, en algunas ocasiones llamaron al 911, en otras prestaron los teléfonos los propios farmacéuticos. Entonces, la verdad es que para nosotras con que hubiese habido un solo caso, hubiese sido una buena decisión porque se trató de pensar nuevos canales en un momento donde el aislamiento era muy riguroso para que las mujeres pudieran pedir ayuda. Sin darle una centralidad, esa no era "la" política, estamos conformes.

-Lo que pasó en Neuquén fue que no se aplicó porque el Colegio Farmacéutico no integraba la Confederación Farmacéutica Argentina (CoFa). Sobre esto, ¿se hace una revisión? En relación a que la medida fue anunciada como federal y efectivamente no fue así. ¿Cómo se trabajó el tema de la federalización?

-En los lugares donde la CoFa lo que no tenía era la mayoría de las farmacias, se hicieron convenios con varios colegios de farmacéuticos en provincias donde no estaba la CoFa, pero además acompañaron dos de los sindicatos de los trabajadores de farmacias en todo el país. Entonces, de ese modo, teniendo en cuenta que es una política que se federalizó, efectivamente se federalizó, más allá de que pueda haber alguna circunstancia en algún lugar en particular.

-Una de las últimas medidas que anunciaron es la del Registro de Promotoras. En Neuquén ya se presentó un proyecto del Frente de Todos para que puedan cobrar por esa tarea. ¿A nivel nacional evalúan esto? ¿Cómo está pensado el registro de aquí en adelante?

-Nosotros el registro lo tenemos pensado de la siguiente manera. Somos absolutamente conscientes de la tarea que hacen promotores y promotoras en género y diversidad que hay a lo largo del país, que cumplen para nosotros una función muy importante, tanto por ser la primer línea de prevención y también en asistencia, pero también en promoción de derechos. Lo cierto es que hay promotores y promotoras barriales, comunitarios, de organizaciones sociales, de instituciones, vinculados a municipios, a otros Ministerios. Para nosotros tener un primer relevamiento nos permite varias cosas: primero nos permite planificar cualquier otra clase de acción vinculada a los promotoras y promotores, que conocer el universo es prácticamente imposible, sobre todo a nivel federal. Al no haberse registrado es muy difícil pensar cualquier política. Por otro lado, lo que nosotras entendemos hoy es que es prioritario revalorizar ese trabajo y esa función; y por otro lado es achicar los puentes que existen entre una cantidad de políticas del Ministerio con esas compañeras y compañeros que están centralmente en los barrios y en la comunidad. Entonces, como un paso previo, es necesario ese registro para poder registrar y generar canales directos.

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