En busca de un plan para los residuos de Vaca Muerta

POR FERNANDO CASTRO - Editor +e

La foto de hoy es la siguiente: inversiones en torno a los 5500 millones de dólares en promedio. Unos 360 pozos por año en Vaca Muerta. Un ritmo sostenido que fue suficiente para llamar la atención del mundo, para atraer una nueva ola migratoria a Neuquén, y para oficiar de plataforma de despegue político provincial y nacional.

Nada mal. Sucedió en menos de diez años. Si se toma lo más intenso del asunto, casi que podría decirse que en cinco. El frente exportador está a nada de concretarse. De hecho lo hace, pero se habla en estas líneas de la escala aún mayor que eso tendrá. Falta, pero aparece como clara opción en breve, en cuestión de meses, semanas.

Esto trae una vez más a escena una necesidad: la de una mayor claridad a la hora del tema central del tratamiento de los residuos hidrocarburíferos.

Los últimos datos disponibles fueron elocuentes: entre el 2016 y el 2017 se duplicó la cantidad de residuos generados. Esto desató aquellas fotos que fueron parte de las primeras planas de medios de todo el mundo, a las que conviene pasarles un filtro pero que no dejan de poner en escena una necesidad.

Y el momento parece ser ahora. ¿Por qué? Porque siempre es mejor atender un problema cuando se origina que cuando se sale de cauce o cuando ya la toma de decisiones requiere de soluciones más grandes.

Hay una industria, la petrolera, que tiene un determinado impacto y que genera residuos. Esto es objeto de críticas constantes (que suelen tener el lado débil de no plantearse con propuestas), siempre atendibles.

De lo que no se sabe ni se escucha es de un plan, de cuál es la opción de más largo plazo, toda vez que la infraestructura dispuesta en cercanías de Añelo hoy es parte de una investigación judicial. ¿Cómo se dará respuesta a los residuos que se generarán en los próximos años si se profundiza o mantiene el actual escenario de inversiones?

Es claro que parte del silencio sobre el asunto es por la mala prensa inherente a un tema así. Pero es un silencio que también puede transformarse en estruendo de un día para el otro. Hay precedentes.

La historia reciente de Vaca Muerta muestra algunos episodios conflictivos a los que se terminó dando respuesta una vez que treparon a la escena mediática.

Temas como la seguridad del personal o las crisis atadas a la baja del precio de los hidrocarburos y sus consecuencias en el nivel de empleo, mostraron a operadoras, políticos y sindicatos con los reflejos rápidos a la hora de evitar problemas mayores y buscar soluciones.

No pareciera ser el caso al indagar en posibles alternativas de fondo para los residuos del shale. Llama más la atención cuando se mide el poder de daño de un tema central en la agenda pública, cuando se lo compara con la escala de negocios posible y cómo podría afectarla.

Generar condiciones económicas es central, lo mismo que las estabilidades políticas si se busca un proceso virtuoso de inversión como el que se ve en Neuquén, con los efectos que dejan a la provincia con algunos de los mejores indicadores de empleo y consumo del país. Parte de lo mismo es hacer que este desarrollo sea sostenible. Hay una licencia social forjada en cierta tradición. Hay 100 años de industria que hicieron viable en Neuquén el desarrollo de miles de pozos.

No sería posible pensar este presente de competencia entre petroleras por quién hace más etapas de fractura sin ese pasado, sin esa historia previa. Mantener esas condiciones debería tener un objetivo central en atacar el problema de los residuos y en decir cómo se hará.

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