En un gran momento

Brilla en Al final del túnel, rueda con Darín y tiene tres películas por estrenar. A los 45 años, Leonardo Sbaraglia disfruta a pleno de su carrera.

Buenos Aires

Por Paula Bistagnino

Podría decirse que Leonardo Sbaraglia está en una especie de limbo: ese que lo despega y lo pone por encima del resto, con una trayectoria y un prestigio que pocos a su edad pueden ostentar -él no lo ostenta, de hecho-, pero aún con mucho camino por delante.

A punto de cumplir 46 años, lleva hechas más de 50 películas -unas 20 en la última década- y está entre los actores más reconocidos, buscados y premiados. Siempre y cada vez que vuelve al cine, lo cual sucede al menos dos veces por año, es noticia. Acá, en América Latina, y también en España. Ahora vuelve a serlo en la piel de un hombre en silla de ruedas que protagoniza un thriller que es también un drama psicológico, Al final del túnel, en el que 15 años después del éxito de Plata quemada vuelve a actuar con Pablo Echarri y recibe buenas críticas y una respuesta positiva del público (ya la vieron 131.045 espectadores y está segunda en el top de la semana, detrás de El libro de la selva).

¿Qué te interesó de Al final del túnel?

Cuando hay un guión bien escrito, uno ya se siente atraído. Además, hace tiempo quería trabajar con Rodrigo Grande, hace mucho. No sólo me pareció un gran personaje por la supuesta discapacidad en las piernas, sino además un personaje con mucho arco y con enormes posibilidades expresivas. Además, el hecho de que haya algo tan contundente para trabajar también me atrae.
Interpretaste a un ventrílocuo antes, a un boxeador después y ahora a una persona en silla de rueda. ¿Hay una búsqueda, a esta altura de tu profesión, de cierta dificultad?
Está buenísimo aprender cosas a través de la profesión: yo aprendí desde andar a caballo hasta a hacer ventriloquía; a manejar mejor, a boxear, a disparar armas y hasta a bailar griego. No tiene que ver sólo con buscar cosas más complejas, sino con estar buscándose uno. Cada actor trabaja de una manera diferente y le interesan cosas diferentes. El tema es encontrar lo que a uno le interesa. Y en definitiva, cuando uno está trabajando, esa es su propia vida.
¿Y qué buscás en esos personajes?
Evidentemente hay un interés de llevar mi vida por ahí y sí, es como si también me buscara, como si estuviera tratando de buscarme una identidad que tiene que ver con todo eso. Siempre uno puede encontrar algo de uno en los personajes... De hecho, tuve mucha charla con mi analista a partir de mi queja de: "¡No tengo tiempo ni de ver qué quiero! Me la paso trabajando". Y entonces él me decía que buscara de qué manera yo podía dialogar con ese personaje, qué parte de mi vida yo podía encontrar en ese personaje, qué estaba poniendo o sacando en mí. Es como la búsqueda que puede tener un escritor y dialoga, se pone en los pies y en la cabeza de un personaje.
Dicen que sos algo obsesivo, que fuiste a la primera entrevista con el director en silla de ruedas y que durante el rodaje no te querías levantar.
(Se ríe) Es que el personaje es como un centauro: la silla son sus pies. Y para lograr eso sentía que tenía que practicar mucho. Yo trataba de estar la mayor parte del tiempo en la silla porque sentía que no había tenido el tiempo suficiente y tuve un mes nada más. Pero me entrené con gente que está en silla, porque además de aprender a manejarla perfectamente, necesitaba sentir lo que es estar en una silla de ruedas. Era una parte fundamental de este personaje que está como derrotado...
¿Qué te cambió el estar en una silla de ruedas?
Siempre que cambiás tu propio punto de vista, entendés otras cosas. Y ver todo desde abajo... Ya el sólo hecho de mirar todo el tiempo desde esa altura es distinto. Todo es mirando desde abajo. Y la calle la ves muy cerquita. Es interesante ponerse en ese lugar. Siempre es bueno ponerse en el lugar del otro. Uno entiende cosas de los demás y de uno. Uno pierde de vista lo importante que es la salud. Porque estamos sanos y no nos damos cuenta de que lo que nos parece normal es un gran privilegio.
¿Es más fácil o más difícil un personaje con algo tan específico?
Es más fácil para actuar que cuando tenés un personaje parecido a vos. Porque te lleva a meterte en un lugar del alma que para uno puede ser más inhóspito... En muchas películas uno tiene que manejar esa zona de tu psiquis o de tu personalidad. Y el movimiento es ufff. En cambio la distancia es un poco más inocua, aunque pueda ser agotador también.
¿En qué momento de tu carrera sentís que estás?
No voy pensando mi vida como una carrera, pero estoy en un momento muy lindo en el que estoy haciendo mucho cine, tengo mucho trabajo, estoy trabajando con directores con los que quiero trabajar, eligiendo. Estoy muy bien, pero a la vez a veces es muy agotador, porque lo que sentís es que dejaste de ser capaz de parar la rueda. Perdiste ahí algo de libertad y elección, aunque estés eligiendo más que nunca.
Si tuvieras que volver a elegir un trabajo o dedicación, ¿sería esta?
Sí, sí. Y mucho de lo que tiene alrededor también. Pero sin duda no hubiera sido feliz en una oficina, por ejemplo. Esa es la certeza que tengo, que era por acá. Que es por acá.

Con Ricardo, en Andorra

En algún momento tenía que llegar la ocasión en que los dos actores se reunieran en un film como coprotagonistas (ya lo hicieron en Relatos salvajes, pero sin cruzarse). Y eso ocurrió hace un mes en Andorra. Se llama Nieve negra y es un drama sobre un hombre (Darín) que vive en un lugar aislado desde que fue acusado de matar accidentalmente a su hermano mientras cazaban y un día recibe la visita de su otro hermano (Sbaraglia) para hablar sobre la herencia familiar.

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