Encarnizamiento médico y judicial
Ignacio Maglio
Asesor legal del Hospital Muñiz y de la familia Diez, e impulsor de la ley de muerte digna en Argentina
El fallo de la Corte Suprema de Justicia puso fin a un calvario para la familia Diez, que durante 20 años pidió a médicos y a jueces que Marcelo pudiera irse en paz. Fueron 20 años y cuatro instancias judiciales hasta llegar a la Corte.
Algo nos está pasando como sociedad si tenemos que pedir permiso a los jueces para transitar este camino. Creo que en este caso hubo un encarnizamiento médico y judicial.
Además, el fallo tiene proyecciones sociosanitarias muy importantes para considerar. La primera es que la Corte ha establecido la innecesariedad de una autorización judicial para tomar decisiones a los finales de la vida. La segunda trae una consecuencia sanitaria sumamente importante porque puede funcionar como una especie de antídoto a lo que se ha dado en llamar “medicina a la defensiva”. Es decir, la medicina en lugar de estar al servicio de aliviar el sufrimiento estaría para defender la integridad o la responsabilidad profesional. Esto está vinculado a la judicialización de la medicina.
El tercer aspecto a considerar es que la difusión pública que tuvo este fallo pone a la sociedad en la necesidad de hablar sobre los finales de la vida y la muerte, y el morir. La negación maníaca de la muerte es parte de determinado orden médico y cultural.
Por otra parte, hay que destacar la lucha de la familia Diez, especialmente de sus hermanas, Adriana y Andrea, quienes han hecho de esta causa una patriada ética. Las hermanas han sido las heroínas del buen morir porque en muchos casos están cuestiones quedan sumergidas en ese empecinamiento pseudoterapeútico y ellas al contrario iniciaron esta batalla pensando en Marcelo como así también en tantas otras personas que pueden estar viviendo una situación similar.


