Entre la crisis del barril congelado y la buena onda del GNL

El precio del crudo a la baja y el freno de mano a la producción suman para el contraste del gas y los mercados que se ven en el corto y largo plazo.

Vaca Muerta, las áreas sobre esa formación, es también una tierra de contrastes. No solo por el desfile de millones de dólares en tecnología, camiones y equipamientos sobre esa meseta desierta, casi una tierra de carencias por definición: de pronto ese vacío tiende a quedar abarcado por miles de kilómetros en tendidos de agua, oleoductos y gasoductos, y el rastro de los equipos pesados que la surcan (sobre todo) en los momentos de mayor producción.

Por un lado, los vaivenes geopolíticos del precio y su impacto local. Y, por el otro, “nosotros”, o más bien ellos, esa característica especie de político que se las rebusca en la abundancia (léase abundancia de petróleo y gas, en este caso) para poner una cuota de riesgo allí donde no es tan necesario. Hay precedentes históricos que lo acreditan y el presente, ídem. Todo esto para decir también que la que está terminando fue una semana cargada, también, con esos contrastes.

Así, las horas pasan y queda cada vez más en evidencia lo cruento de una medida a la que el gobierno nacional no pudo encontrarle (casi) camino de salida. Sí, el congelamiento del precio del crudo y su intento de solución infructuoso, que no por mejorar lo malo, o lo lisa y llanamente muy malo, puede tildarse de positivo.

Así las cosas, los cinco pesos de más por sobre la cotización interna del dólar para el barril del crudo, que llevarán de 45,19 a unos 50 pesos el valor de la divisa estadounidense, son una especie de “curita” para un mal que se prolongará durante meses.

La palabra más utilizada puertas adentro de las operadoras es “incertidumbre”. El remedio para el día 91, el momento en el que el decreto nacional que impuso un freno de mano a la actividad quedará sin sus actuales efectos (al menos por ahora) desatando un escenario desconocido.

Del otro lado del contraste están las promesas que se desprenden de la producción de gas, cruzada por los mismos interrogantes del último año, tras las tensiones en torno a las modificaciones del subsidio de la resolución 46 del Ministerio de Energía de la Nación y su megaaporte que generó nuevos jugadores y abrió puertas a las exportaciones.

Primero, fue la renovación del frente hacia Chile, con la posibilidad de colocaciones interrumpibles desde Neuquén y Tierra del Fuego. Sin la apertura de esa ruta y sin el incremento de la producción que puede verse en la Cuenca Neuquina mes a mes, esa chance no estaría vigente.

Chile, en este contexto, aparece como el primer mercado al que ir a buscar. Está claro que con tener gas solo no alcanza. Resta volver a generar (otra vez la palabra mágica) “confianza”, ese capital etéreo y determinante que no cotiza en ninguna bolsa del mundo, en un país al que le “supimos” interrumpir el suministro pero que de todos modos ya se trazó metas de “descarbonización”. Es decir, trazó un plan para salirse del consumo interno de carbón y la madera para uso doméstico y generar su energía eléctrica.

Del otro lado de los Andes está esa primera escala para el shale gas de Vaca Muerta.

El plan, para más contrastes, también incluye la opción del GNL hacia otros rumbos, como Asia. Un primer paso hacia el futuro que se encargó de dejar más claro que nunca YPF esta semana, en la barcaza Tango, frente al enorme predio de Mega en Bahía Blanca.

En 40 días saldrá nuevamente al mercado con una nueva exportación, ya en medio de una sistematiazción de ese proceso, para sumar más contrastes a este momento.

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