¿Es bueno dejar de comer harinas para perder peso?

Los hidratos de carbono son claves en una dieta balanceada. Por eso las harinas tienen que estar.

Las harinas se volvieron “alimentos prohibidos” para las personas que buscan adelgazar y para quienes quieren llevar una vida saludable. Sin embargo, eliminarlas de nuestra alimentación no contribuiría a tener una vida sana. “No es saludable evitar las harinas porque forman parte de los hidratos de carbono complejos, que son nuestra principal fuente de energía. El cerebro se alimenta exclusivamente de glucosa obtenida a partir de los hidratos, es decir que si no los consumimos, vamos a tener que utilizar otras fuentes como grasas y proteínas para obtener energía. Hoy en día muchos promueven eliminar las harinas o consumirlas la menor cantidad de veces por semana. Todo esto nos asusta, nos da miedo a engordar o mucho peor: nos hace sentir culpables e impedir disfrutar de algo tan rico como por ejemplo un plato de fideos”, explicó Solange Cittadini, licenciada en Nutrición.

La harina es un cereal complejo que brinda energía a largo plazo. Hay muchos tipos de cereales que pueden transformarse en harina: arroz, trigo, cebada, centeno, quinoa, amaranto, trigo burgol, mijo, etc. “Si son integrales, poseen el grano entero, por lo que aportan más fibra, vitaminas y minerales. Las harinas nos aportan principalmente hidratos y estos son indispensables para obtener energía”. Dejar de comer harinas produce pérdida de masa muscular y deshidratación. Además, genera cambios en el humor, aumenta el cansancio, la irritabilidad y puede ocasionar mareos.

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“Claro que se puede comer harinas y bajar de peso. Aprender a comer de todo es la mejor solución para poder lograr resultados sostenibles a lo largo del tiempo. La idea no es prohibir harinas o hidratos de carbono, sino aprender a moderarlos. El consumo va a depender de cada persona en particular, su objetivo y requerimiento, pero siempre la idea va a ser que se cubran esos hidratos de carbono conjuntamente con todos los macro y micronutrientes: proteínas, grasas, vitaminas y minerales”, comentó. Se recomienda consumir harina integral porque contiene mayor cantidad de fibra y brinda mayor saciedad.

Cittadini explicó cómo debería ser el almuerzo o la cena: “El plato se divide en tres y está compuesto por la mitad de vegetales (crudos o cocidos), un cuarto de proteínas (carnes magras, pescado, pollo huevo o queso descremado) y un cuarto de hidratos (harinas como arroz, pasta, fideos o papa, batata, choclo)”. Esto depende de los objetivos de cada uno, pero lo más importante es tener en cuenta que no hay que eliminar alimentos, sino aprender a balancearlos.

Las harinas forman parte de los hidratos de carbono, que son la principal fuente de energía.

El problema, como siempre, son los excesos

La licenciada en nutrición Carolina Schattner hace una importante diferenciación respecto del tema. “La harina es la molienda de un cereal, de una legumbre o de una semilla. Hay muchos tipos de harinas, harina de amaranto, de chía, de cebada, de centeno. La harina se la asocia a la clásica, a la de trigo blanca”, explica. ¿Cuál es la diferencia entre la blanca y el resto? “Lo que pasa es que se le saca el salvado, no queda íntegro. Sólo queda la parte del medio, la que tiene menos nutrientes. Por eso siempre, si se puede elegir, es preferible una harina integral”, agrega. Si bien consumir otro tipo de granos es la idea más saludable, la clave, asegura Schattner, es no excederse. “Si vos tomás un vaso de gaseosa, no te va a hacer mal; el problema es cuando vos a diario tomás gaseosa en vez de agua. Si te comés una pizza con harina blanca, no pasa nada, pero si comés eso todos los días, es un problema”, refuerza. Si bien la harina integral es mucho más sana, “las calorías son las mismas en todas las harinas”.

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