Esas prisas que matan

Las cuatro víctimas fatales en accidentes demuestran que debemos refundar la manera de manejar.

La imprudencia y la impaciencia son un cóctel terrible a la hora de conducir. Estos dos grandes defectos de nuestra sociedad se cobraron cuatro víctimas en accidentes de tránsito durante el fin de semana extra largo de carnaval.

Uno de los eventos más coloridos del año se tiñó de rojo en Neuquén. El vértigo de la gente por llegar a destino o por regresar a sus hogares los lleva a acelerar por encima de las máximas permitidas a riesgo de terminar chocando o volcando.

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Como consecuencia de estas prisas, cuatro vidas se perdieron, algunas de manera muy temprana.

El trágico escenario, donde hay familias arruinadas, nos obliga a repensar qué hacemos mal para que estas fatalidades se sigan repitiendo.

No basta con anunciar tremendos operativos para controlar, porque una vez que se supera el puesto policial la conducta vuelve a ser imprudente.

Es necesario refundar la cultura y poner en evidencia que quien maneja fuera de la ley, ya sea que esté alcoholizado, superando la velocidad permitida o realizado una maniobra indebida, no está haciendo una picardía sino un delito, porque pone en riesgo la vida, la suya y las de las personas que lo acompañan y las de terceros que puedan ir en otro vehículos.

Para esto es necesario que la educación vial se integre en las aulas como materia, desde la escuela primaria, y hasta se podría analizar la inclusión experiencias de otros países que entregan a los alumnos la licencia de conducir después de varios años de estudio y práctica. Hoy el temor está en salir a las rutas, por eso debemos explorar alternativas para mejorar la conciencia de quienes se van a poner al volante de un auto.

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