Faustina conmovió a su médica más que la guerra

La pediatra que recibió a la beba en el hospital fue voluntaria en Irak.

Buenos Aires
Eugenia Marteau es médica neonatóloga, trabaja en el hospital Santojanni de Capital Federal y fue la persona que recibió y atendió en los primeros momentos a la beba que fue abandonada al nacer en el baño de una estación de servicio la semana pasada. Esta doctora ya había vivido experiencias conmovedoras y a la vez dramáticas cuando trabajó como pediatra en un hospital durante la guerra en Irak, pero asegura que Faustina la conmovió como nada lo había hecho antes en su vida profesional.
"Apenas recibimos el aviso, empezamos a preparar la incubadora. Pero no nos dio tiempo: la nena llegó enseguida y yo fui la primera en agarrarla. Casi que no lloraba y estaba violeta, luchaba por vivir con todas sus fuerzas a pesar de su estado de recién nacida", contó la médica a Radio 10 y al diario Clarín.
"En la guerra vi lo peor, pero nada me conmovió como esta beba. La habían tirado a la basura como un parásito, como una cosa. Estaba envuelta en papel higiénico que tenía materia fecal y pedazos de envolturas pegadas en el cuerpito. Primero le despegué todo eso y después iniciamos la tarea para que siga con vida", relató la doctora Marteau.
Fueron horas de tensión hasta que la nena recuperó la temperatura. Por cada estudio que le hacían, Eugenia se acercaba y le decía despacito al oído los pasos a seguir: "Ahora te vamos a pinchar un poquito; ahora te vamos a poner el oxígeno; ahora te vamos a dejar durmiendo".
La joven pediatra trabajó hace dos años como voluntaria para la organización Médicos sin Fronteras. Su destino fue el hospital materno-infantil Al Zahara, en Irak, a 160 kilómetros de Bagdad, donde hay 23.000 nacimientos al año, más de 40 cesáreas por día y personal mínimo. Allí, ocho de cada diez bebés prematuros morían casi en sus manos. "El 45% de los prematuros no sobrevive", dice la neonatóloga.
De aquella experiencia que duró algunos meses recuerda momentos críticos, como cuando ingresaba a la terapia intensiva de Neo: "Tenía que elegir entre quiénes seguían con vida y quiénes no. Nunca sabías qué ibas a encontrar ahí, ya que las muertes allí se vuelven silenciosas y sin causa". Cada noche regresaba a su casa y lloraba.
La tradición indica que cuando un bebé sin nombre llega al hospital recibe el del primer médico que lo atiende, pero Marteau se opuso y decidió que se llamara Faustina (su hijo se llama Faustino).
"Elegí el de alguien a quien amo más que a nada. Además, Faustina significa 'la que trae alegría y buena fortuna', y creo que tiene suerte, porque sigue con vida", contó.

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