Por Pablo Montanaro - [email protected]
Luego de publicar Born, el libro que reconstruye el secuestro de los hermanos Jorge y Juan Born por Montoneros en 1974, la periodista María O’Donnell eligió abordar el hecho fundacional de ese grupo de jóvenes nacionalistas que secuestraron y asesinaron al ex presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu hace 50 años en Aramburu. El crimen político que dividió al país (Planeta). “Esta acción es la que posiciona al grupo frente a Perón”, afirmó.
¿Qué representaba Aramburu para que Montoneros decidiera su ejecución?
La idea de Montoneros era vengar la Revolución Libertadora, los decretos de prohibición del peronismo, el robo del cadáver de Eva Perón y el fusilamiento del general Juan José Valle, líder del frustrado levantamiento cívico-militar del 9 de junio contra el gobierno de Aramburu. En ese contexto, en la charla que tuve con Firmenich, él me dice que le daba lo mismo Aramburu que Isaac Rojas y que terminan inclinándose por Aramburu porque era más faciul de secuestrar porque no tenía custodia. Sin embargo, creo que eso esconde que eran dos figuras de un volumen político distinto. Para el año 1970, Rojas era el antiperonismo más gorila pero sin presente político; en cambio, Aramburu era alguien que había evolucionado bastante dentro de su pensamiento o había entendido que había una imposibilidad de funcionar sin el peronismo porque los gobiernos civiles nacían deslegitimados por la prohibición del peronismo.
¿Se puede considerar ese acto como la búsqueda de ocupar un lugar central dentro del peronismo?
El ‘70 era un momento donde la resistencia del peronismo llevaba quince años con distintas organizaciones de lucha contra la proscripción y lo que aparece es este grupo de jóvenes de formación más católica y nacionalista que peronista en algún punto, pero con el crimen de Aramburu se vuelven peronistas y se vuelven protagonistas de la resistencia peronista, se vuelven interlocutores de Perón muy rápidamente por la enorme significancia que fue ese asesinato. La crueldad del hecho tenía una osadía fenomenal en términos de como se planteaban las operaciones de propaganda de las organizaciones guerrilleras.
Uno de los hechos más impactantes es, después del asesinato, el robo del cadaver de Aramburu del cementerio de la Recoleta en un operativo encabezado por el poeta Francisco Urondo.
Muerto Perón, Montoneros había crecido, habían vuelto de la clandestinidad y estaban discutiendo con Isabel quién se quedaba con la herencia del peronismo y de Eva Perón. El robo del cadaver de Aramburo está muy cargado de significado, además de macabro. Habla mucho de la relación en la historia argentina con el tema de los cuerpos, como si las luchas políticas se proyectan también sobre los cadaveres. Es una decisión que tiene que ver con volver a los orígenes y reivindicar en un contexto después de la muerte de Perón ese lugar central para Montoneros.
¿Le creyó a Firmenich cuando le dijo que repudió ese operativo?
Me dijo que se enteró con el hecho consumado y tiene un argumento bastante curioso desde el punto de vista filosófico. Dice “somos cristianos y con los cuerpos no se jode”. Dentro de su cabeza le encuentra una juistificación para el asesinato pero no para robar el cadaver.
¿Cómo analiza la última aparición de Firmenich en el contexto político y económico del país en cuarentena, señalando que de mantenerse sería un riesgo?
Demuestra que es alguien que está pensando todo el tiempo sobre la argentina, que escribe todavía con esa modalidad de los viejos documentos de las organizaciones con razonamientos acompañado de fundamentaciones. También se demuestra el impacto que cualquier irrupción de Firmenich genera en una parte de la sociedad que entiende que representa una época de violencia.
Quedó para siempre vinculado con ese pasado violento.
El principal problema que tiene es que aún tiene discusiones abiertas con sus propios ex compañeros. Muchos le reprocharon que aceptara el indulto con los genocidas de la dictadura, la discusión sobre la cúpula que se exilió y se salvó en Cuba habiendo mandado gente para la contraofensiva que murieron masivamente. Creo que hay muchas cosas que lo imposibilitan participar de la Argentina democrática como a él le gustaría. Siente que es injusto que de todos los guerrilleros o de los que participaron de la lucha armada, es el único que ha quedado como un paria obligado a irse del país. Lleva veinte años viviendo en España por esa frustración de no poder dejar de ser el líder montonero y en la forma en que discute el presente.
“Aramburu les dio identidad peronista”
El 29 de mayo de 1970 un grupo de jóvenes disfrazados de militares se presentó en el domicilio de Pedro Eugenio Aramburu. Sara, su mujer, los hizo pasar. Era el Día del Ejército, y el ex presidente de facto no desconfió. De esta manera, Montoneros logró deternerlo y someterlo a lo que llamaron “juicio revolucionario”. El militar fue trasladado a una quinta en Timote, provincia de Buenos Aires. Tres días después lo ejecutaron. María O’Donnell explicó que una cosa es Montoneros antes de Aramburu y otra es lo que se vuelve después. Aramburu le da a Montoneros “una identidiad peronista” y definió que “lo de Aramburu les salió tan bien que se enamoran de la lucha armada como puro método”.
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