"Gilda, no me arrepiento de este amor": su hora

"Gilda, no me arrepiento de este amor" hoy hace su estreno y va por la taquilla. Natalia Oreiro se pone en la piel de la cantante tropical que ya es un mito

BUENOS AIRES

Terminó la espera. El fenómeno generado alrededor de Miriam Alejandra Bianchi estrena hoy su primera versión cinematográfica: Gilda, no me arrepiento de este amor, que promete una peregrinación de fanáticos y curiosos a las salas para revivir la historia de la mítica cantante de cumbia tropical que, a puro esfuerzo, talento y carisma, se abrió paso en el mundo de la bailanta, atravesado por el machismo reinante de la época.

A la atracción que genera la protagonista se le suma el gran despliegue promocional que tuvo la producción y, por supuesto, la participación estelar de Natalia Oreiro. Además de calzarse las emblemáticas botas de la ídola y realizar un profundo trabajo de caracterización, que incluyó la adaptación de su tono vocal, la actriz fue más allá. Envuelta en el misticismo que desencadenó la cantante tras su partida en 1996, la uruguaya se erigió como embajadora de la leyenda que busca rendirle tributo también a la mujer, más allá del ícono.

Punto de vista

La cinta dirigida por Lorena Muñoz va desde la niñez de la artista hasta llegar a su apogeo en los escenarios. Explora la cotidianidad de esa mujer que, siendo maestra jardinera y teniendo una familia con dos hijos, decidió comenzar a transitar el camino de la música después de cumplir 30 años. El film exhibe las trabas impuestas por un marido extremadamente celoso (interpretado por Lautaro Delgado) y la incomprensión que Gilda encontró en su entorno a partir de su viraje profesional. Además, la realización recrea la posterior relación sentimental de la diva popular con Juan Carlos “Toti” Giménez (Javier Drolas), compositor y tecladista, quien fue clave en su carrera.

“Desde el minuto en que la gente se siente a ver el film, va a ver a una Gilda desconocida. El punto de vista del director tenía que ser personal, también tenía que ser un hecho cinematográfico que se entendiera en cualquier lugar del mundo, aunque no conocieran a Gilda. Eso para mí era fundamental, porque esta no es una película “hitera”. Intentamos corrernos del cliché”, sostuvo Oreiro sobre la película. Y añadió: “Más allá de parecerme físicamente, quise tener la esencia de ella, captar su luz”.

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