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"Hay Nonpa para rato; agarrate, Rolling Stones"

Néstor Ramljak. En la ruta. Nonpalidece llega el viernes al Cine Teatro Español. Su cantante dio detalles del nuevo disco y de la crisis que casi le pone fin a la banda.

Nonpalidece se encuentra celebrando su 25° aniversario. Y para festejarlo, se subió a la ruta con un nuevo disco bajo el brazo para recorrer una vez más el país. Con Néstor Ramljak (cantante y compositor) a la cabeza, la banda llegará el viernes al Cine Teatro Español con su sexto disco de estudio de nombre homónimo, grabado en plena pandemia. Previo a su arribo a la ciudad, Néstor dio detalles de cómo se dio el nuevo álbum, que tiene la colaboración de Stuar, exponente del freestyle y campeón del FMS, y de Juanchi Baleirón de Los Pericos. Además, la voz de Nonpa se refirió a los 25 años que está cumpliendo la banda y a cómo atravesaron una fuerte crisis que los tuvo al borde de la separación.

“Acá estamos. La historia está a la vista porque nos hemos hablado y reencontrado con un disco que está en la calle”, dirá Néstor. “Van a bailar y van a cantar porque el reggae por el barrio hace bien y es necesario”, lanza antes de subir al escenario de la histórica sala neuquina.

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Después de ocho años, sale a la luz el nuevo disco, sexto en su carrera, ¿a qué se debió ese tiempo?

El tiempo que se abrió de un disco a otro tiene que ver con que giramos mucho con el disco Activista. En general, con la banda solemos viajar por el interior del país y mucho por Latinoamérica. Y con ese disco fuimos a Estados Unidos y Europa, por eso se dilató el proceso creativo. Posiblemente no encontrábamos nada para decir en un disco nuevo. No somos una banda que tenga que sacar un disco por obligación, mandato o porque nos obliga una compañía. Creería que tiene que ver con que las giras no paraban y un poco por la falta de necesidad de encontrarnos en un estudio.

¿Qué quisieron reflejar con este disco?

Este disco no viene a reflejar nada en particular, no tiene pretensiones. Es un disco que viene a reencontrarnos a nosotros en un proceso creativo y en esa convivencia que es el estudio de grabación. En ese ida y vuelta que tiene que ver con terminar una canción y arreglarla. Pero no tiene pretensiones ideológicas ni líricas, simplemente son un puñado de canciones que nos representan y que se fueron gestando de una manera natural, espontánea y desprejuiciada.

A la hora de escribir, ¿cómo atravesaste ese proceso en la etapa dura de pandemia?

El disco lo compusimos, lo escribí, lo grabamos y lo mezclamos en distintas etapa de la pandemia. Cuando comencé a escribir había ciertas instrumentaciones y canciones que estaban gestándose. Empecé a generarme una rutina de trabajo que consistía en levantarme a la madrugada para estar con la cabeza bien fresca y generar algunas correcciones de cosas que venía escribiendo. Como que me dividía en dos: o me ponía a escribir para la canción específicamente o me ponía a escribir reflexiones y situaciones que tenía ganas. Dentro de lo que padezco escribir las canciones de un disco nuevo, fue un lindo proceso. No es algo que disfrute el arte compositivo porque me genera ciertas presiones y algunas incomodidades. Este disco los disfrute porque nos reencontraba a nosotros en este proceso y muchas de las canciones fueron surgiendo de manera más espontánea. Fue medio desprejuiciado el tema de qué estoy escribiendo y por qué, sumado a muchas reflexiones que estábamos viviendo en esa etapa dura de pandemia, mi reciente paternidad. Si bien no hay nada explícito en el disco que tenga que ver con eso, tiene mucho de todo eso.

El disco se grabó de una forma atípica y a distancia. ¿Personalmente qué descubriste en ese proceso, en cuanto a otras tareas, además de estar abocado a la composición?

Es cierto que se grabó de una manera atípica, pero no nos generó ningún inconveniente. Sí generó un desafío que lo asumimos de una manera positiva porque cada músico desde su casa tuvo la posibilidad de cranear individualmente lo que quería dejar plasmado. Paralelamente, en mi caso, habiendo sido padre primerizo en 2018, cuando se decreta la pandemia León había cumplido dos años, y como que todas las actividades de la casa estaban abocadas a esa crianza y a aprender junto a él todo lo que nos estaba regalando. Por eso los procesos creativos se daban cuando había más quietud en la casa, por eso me levantaba a las 5 de la mañana.

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El álbum es algo corto en cuanto a su totalidad de tiempo. ¿Eso fue buscado o salió naturalmente?

Sí, es un álbum corto de diez canciones. La verdad es que veníamos pensando esta nueva particularidad de editar singles porque ya no se acostumbra sacar un disco completo. No sé, nos dio como la pauta de que hacer un disco largo no tenía mucho sentido, hacer unas 15 canciones. Desde un principio tuvimos claro que eran nueve las canciones. El número diez surgió de querer darle una mística por la partida de nuestro capitán Pelusa (por Diego Maradona), con un homenaje encubierto. Después, en una de las plataformas digitales nos dimos cuenta de que duraba 36 minutos y pico, pero no fue una búsqueda deliberada ni consciente.

En un momento en que el rap y el trap se han convertido en fenómenos que aprovecharon para fusionar el género. ¿Cómo llegás a Stuart, que hace su aporte en “La alegría manda”?

Lo de Stuart tiene que ver con un descubrimiento que tuve en plena pandemia. Así como me levantaba temprano, también aprovechaba la nocturnidad para escribir, tocar la guitarra o bucear en Youtube para ver conciertos. Y en esa buceada llegué a las batallas de freestyle “Batallas de gallos”, que no las conocía y no sabía de qué se trataba. Y cuando veo el video me sorprendió esa capacidad de improvisar y de generar reflexiones en tiempo real al punto de que me pregunté si era cierto. Después me empecé a enganchar y me quedaba viendo batallas hasta las cuatro de la mañana. Y en ese descubrimiento encontré a Stuart, que me gustó por la capacidad de reflexión. Después lo contacté vía Instagram, vino al estudio, almorzamos, nos conocimos y luego la canción la eligió él en función de cómo se sentía como para fluir sobre las instrumentales. Fue un proceso corto de 30 minutos y quedó muy logrado. Tenía más ganas él de fluir sobre nuestras bases que nosotros ir a bases más clásicas en donde él pueda desarrollar su arte.

¿Cómo te resultó la experiencia de trabajar con un sub-30 y qué te dejó o te gustó?

El trabajo con Stuart fue maravilloso porque tiene una info latente en la cabeza, que no sé si es del entrenamiento que tiene o es un don natural. Me contó que comenzó como compositor antes de entrar al mundo del freestyle. Y lo más anecdótico que tiene su participación es que cuando él comenzó a escribir su parte, yo tenía que ir a buscar a mi hijo al jardín, que era una tarea de 20 minutos. Y cuando llegué, le pregunté: “¿Cómo te fue, Stuart, pudiste escribir algo?”. Y me respondió: “Sí, ya lo grabé”. Y fue así, no vi al mago sacando al conejo de la galera. Me perdí ese momento, así es la vida (risas). Me gustó mucho trabajar con Stuart porque hay una gran persona atrás del campeón del FMS (Freestyle Master Series). Después hicimos un video y él se entregó de una manera muy accesible, muy dada, y lo alenté para que siga creciendo en el mundo de la música.

Están cumpliendo 25 años, ¿qué momento fue clave en la vida de la banda?

Así es, estamos cumpliendo 25 años ininterrumpidos de banda. Tomamos el inicio de aniversario por el primer concierto que dimos con el nombre de Nonpalidece: fue en septiembre del año 96. Creería que un momento bisagra de estos años fue cuando Mario Pergolini nos invitó a tocar a su programa Cuál es, que en ese momento era el más escuchado de la radiofonía nacional. Eso nos puso en la casa de mucha gente. Él tenía una pequeña productora y nos firmaron nuestro segundo disco, Nuevo día. Y si bien ese sello duró poco y no tuvo la fuerza que él hubiese querido, a nosotros nos permitió ser mucho más conocidos en un tiempo corto. Sin duda eso hizo que la banda tomara otra fuerza.

Todo grupo tiene su crisis interna. ¿Alguna vez Nonpa corrió el riesgo de separarse?

Todo grupo tiene crisis. Pensá que hace 25 años somos la misma formación. Los mismos siete que grabaron Dread Al Control nuestro primer disco del año 2000. Antes de la pandemia, que veníamos tocando mucho, quizás hubo algunos roces, diferencias, a partir de detalles insignificantes y cotidianos que tienen que ver con la convivencia. En algún momento se planeó en buenos términos. Y gracias a eso nos dimos la oportunidad de hablarlo y decirnos las cosas que nos queríamos decir. Después se fueron diluyendo algunas broncas y detalles de esa convivencia. Esto sucedió entre 2018 y cercano a la pandemia, aunque ya teníamos previsto parar en marzo de 2020 para darnos un tiempo a nosotros como amigos y como grupo. La historia está a la vista porque nos hemos hablado y reencontrado con un disco que está en la calle.

¿Cuál sería desde tu visión la fórmula para mantener ese espíritu de grupo de trabajo, humano, y hasta forma de vida que han elegido?

No sé si hay una fórmula o nosotros tenemos una fórmula que nos mantenga unidos y continuar por este sendero. Somos muy conscientes del presente que tenemos y somos muy agradecidos de todo lo que hemos logrado. De haber descubierto nuestra profesión que se transformó en nuestro trabajo, que paga las cuentas, pone la comida sobre la mesa y nos lleva a tocar a otros países. Cuando sos consciente de todo ese combo y sos agradecido, creo que se enmarca de una manera que termina generando lo que se dice “fórmula”. No lo veo como una fórmula, sino de la conciencia de estar agradecido y de saber adónde llegamos por nosotros mismos. Eso nos fortaleció y aún tenemos muchos planes. Hay Nonpa para rato; agarrate, Rolling Stones (risas).

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