"Como a todos los veteranos, nos hubiera gustado estar como todos los 2 de Abril en el cenotafio, conversar y abrazarnos e izar la bandera celeste y blanca", aclara por teléfono a LM Neuquén Herving Vázquez, presidente del Centro de Veteranos de Guerra Malvinas Argentinas de Neuquén.

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A 38 años del inicio de la guerra de Malvinas, el Día del Veterano y de los Caídos en el conflicto será conmemorado en Neuquén a partir de las 21 con la entonación del Himno Nacional y la Marcha de las Malvinas desde las casas, debido al aislamiento obligatorio para mitigar el avance del coronavirus. La recordación también incluirá un minuto de silencio "en homenaje a los que hace 38 años dieron su vida por la patria" y, posteriormente, un aplauso destinado "a los que hoy están en el frente de batalla, en las trincheras para combatir al coronavirus y, al igual que nosotros, arriesgando su vida por nuestro país".

Sin ánimo de hacer comparaciones, Vázquez señala el miedo existente en la población y los trabajadores de la salud por el coronavirus. "Es parecido al que teníamos nosotros en la trinchera, la diferencia es que nosotros veíamos al enemigo, sabíamos dónde estaba; en tanto, al virus no lo vemos, no sabemos donde está", dice.

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En enero de 1982, Vázquez tenía 18 años cuando entró al servicio militar en Río Gallegos, donde unos meses después llegó el comentario de que se habían tomado las Islas Malvinas. "Éramos 60 pero teníamos que ir la mitad, yo fui el tercero en anotarme", recuerda. No se imaginó lo que le esperaba cuando el 4 de abril desembarcó en las islas. Su misión junto con otros tres soldados era cuidar el aeropuerto con un cañón antiaéreo alemán que disparaba 2 mil balas por minuto. Las bombas de los ingleses caían a pocos metros de su posición. "Era incesante el bombardeo durante las noches. Dios nos protegió, nunca nos cayó una bomba encima", comenta.

Recuerda con orgullo haber derribado dos aviones ingleses Sea Harrier. "Aunque los ingleses lo desmienten, yo los vi", asegura.

El 12 de junio, dos días antes de la rendición argentina, Vázquez volvió al continente en el último avión Hércules que salió de Malvinas. "Nos salvamos de milagro porque nos seguían un helicóptero y un buque barreminas dotados con misiles", relata con emoción.

Cuenta que la vuelta a casa resultó "muy difícil" y durante diez años no pudo hablar con nadie de lo que vivió en la guerra. Pudo vencer la depresión, pero se lamenta por aquellos "que no pudieron salir de esa dolorosa situación".

--> El Eternauta, Malvinas y el COVID-19

Opinión. Por Diego Suárez - Docente y autor de La guerra en mí, 17 historias de ex combatientes

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Héctor Oesterheld imagina la nevada mortal y narra una premonición. Malvinas y la pandemia evocan sus viñetas en metáforas alucinógenas. Porque primero fue la sorpresa y el silencio. Un dejo de incredulidad: los ingleses no van a venir, y el COVID-19 se va a quedar en China y en la tele. Después, la nevada bella y macabra transfigura la comprensión y las malas noticias tocan la puerta: se cuentan los primeros muertos y a los bichos hay que enfrentarlos con lo que no se tiene; poner el pecho en guerras que disparan balas o catarro. Cada cual en su puesto, con amigos que se hacen familia, en ese pozo de la turba que es tu casa, o en esa casa tuya que es trinchera. Ya se cuentan los caídos, ¿vamos ganando?

Los combatientes de Malvinas cuentan que nadie los preparó para volver, para olvidar ese infierno del que no se sale nunca.

Nuestras calles vacías, los ladridos, contagian sensación de apocalipsis, una película de mundo final. En las memorias maduras son reflejos de estados de sitio, preludios de saqueos, fatalidad. En las huellas digitales de esta historia, de la nevada ficticia, en los combatientes que resucitan cada noche, sobre todo en días como el 2 de abril, de soledad y de pandemia, como copos que bailan en la bruma. ¿Cómo salimos? ¿Cómo volvemos? No hay respuestas de manual pero sí secretos revelados: nunca solos, no hay proeza individual. El regreso es en comunidad y de la mano, sin barbijos. Hoy, como en el 82, miramos las calles doloridas y nos preguntamos, como Oesterheld en la viñeta final: ¿será posible?

Sesenta y cinco veteranos residen en Neuquén capital, donde desde 2013 se encuentra la sede del Centro de Veteranos de Guerra Malvinas Argentinas.

--> “Cuando volvimos de la guerra nos faltó un abrazo”

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"Cuando me convocaron no lo dudé ni un segundo, a pesar de mi suegra que me decía que esa guerra era una locura", cuenta Horacio Haag a LM Neuquén, a 38 años de su partida hacia las Islas Malvinas desde Bahía Blanca con la Compañía de Policía Militar 181.

Tenía 20 años y hacía el servicio militar en esa unidad. "Yo no podía fallar, eran las Malvinas, la Argentina, la celeste y blanca. Todo era una ilusión hasta que empezaron a caer las primeras bombas. Todo se convirtió en un infierno y desde el primer día que comenzó la guerra, los bombardeos no pararon ni un minuto", describe.

Dice que cada 2 de Abril se reencuentra con emociones y sentimientos "muy fuertes" porque aparece lo vivido en la guerra. Comenta que la misión de su compañía era custodiar la casa del gobernador Mario Benjamín Menéndez.

"Esa guerra siempre estará en nuestra memoria y, después de tantos años, en mi caso es una cicatriz, algo que siempre me doblega", cuenta Haag, quien hoy colocará una bandera en la ventana de su casa, entonará el Himno Nacional y la Marcha de Malvinas, y se unirá a ese aplauso que sonará muy fuerte desde cada casa "para agradecer a los argentinos que están luchando contra esta pandemia, que están llevando adelante esta guerra contra este virus".

Por estos días, cuando observa a su hija Sofía con su uniforme de la farmacia donde trabaja, los recuerdos lo inundan. "Me recuerda a nosotros. Son las vueltas de la vida, porque ella también sale a luchar contra este virus que es el enemigo, como nos ocurrió a nosotros luchar contra nuestro enemigo hace 38 años lejos". Por eso señala que lo que más le faltó cuando regresó de las islas fue "ese abrazo de la sociedad".

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