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La Mañana

"Hugo Moyano está cada vez más solo"

El dirigente del sindicato de Luz y Fuerza, Oscar Lescano, dice que el líder de la CGT fracasó políticamente, que quiere destituir a CFK y que actúa como “novia despechada”.

Por PAULA BISTAGNINO

A los 79 años, Oscar Lescano lleva más de un tercio de su vida al frente del sindicato de Luz y Fuerza, desde que en 1984 asumió el cargo tras la desaparición del histórico líder Oscar Smith. Es uno de los llamados “gordos de la CGT”, fue menemista en los primeros años y luego, cuando vio lo que se venía, se adelantó con una de las frases más legendarias del mundillo sindical: “Menem nos va a cagar a todos”.
 
¿Usted cree que Moyano abandonó al movimiento obrero?
No es que lo abandonó, pero se quedó sin trabajo. Porque (Néstor) Kirchner fue muy inteligente y supo interpretar las necesidades de los trabajadores. Entonces hizo ese trabajo y Moyano quedó desdibujado. Lo que hizo fue asociarse al Gobierno, que es distinto que adherir, y en vez de ocuparse de lo que le correspondía se preocupó por sumar poder para su carrera política. Kirchner lo impulsó a eso también, porque fue el presidente que más poder le dio a un secretario general de la CGT en todos los tiempos que yo he vivido. Y el que más hizo por nosotros también: porque dignificó al dirigente y dio los convenios colectivos de trabajo, que es la columna vertebral de un sindicato, y fue lo que nos permitió discutir salarios todos los años.
 
¿Cree que Kirchner se dio cuenta de las intenciones políticas del líder de los camioneros?
Claro. Un día antes de su muerte, él tuvo una discusión  muy fuerte por teléfono con Moyano, porque aparentemente le vació una convocatoria que había hecho sin consultarlo. Porque ya se estaba mandando solo. Entonces esa vez les prohibió a todos los intendentes que fueran a la reunión y así le empezó a cortar el chorro. No es que fue una cosa de Cristina (Fernández). El ex presidente ya se había dado cuenta. Y además era obvio: ¿No se acuerdan de cuando en la cancha de River dijo que la Casa Rosada necesitaba a un trabajador? Ahí empezaron las rispideces. Y para las elecciones de octubre directamente le cortaron la estrategia cuando no le pusieron ni un solo diputado o senador.
 
¿Usted adhiere a este Gobierno?
Yo adhiero a muchas cosas. Pero no dejo de ver las que faltan, como que todavía hay mucha marginalidad, mucha pobreza, y en lo nuestro, mucha gente tercerizada. Queda hacer una verdadera distribución de la riqueza, como se dice, repartir la torta en porciones mejores.

¿Qué relación debe mantener el sindicalismo con un gobierno?
El movimiento obrero debe tener un buen diálogo con los gobiernos pero una independencia total, que nos permita hablar, pero sobre todo apoyar y aplaudir las cosas que están bien y criticar las que están mal. Pero nunca callarse la boca. Porque el Gobierno también necesita a los sindicatos para que haya paz social. Si no, acordémonos de (Raúl) Alfonsín y los 14 paros que le hicieron. No lo dejaron gobernar. Con (Saúl) Ubaldini a la cabeza y el justicialismo atrás. No fue culpa del movimiento obrero, pero hubo una responsabilidad grande en esa movida para que asumiera el peronismo después. Yo ya era dirigente pero no participé.
 
¿Cuál es la fotografía del CGT hoy en porcentajes?
Yo creo que hoy es un 85% a 15 %... 15 % para Moyano, claro. Y de aquí a nuestro congreso, en septiembre, vamos a estar en 90 ó 95 %.

Quiere decir que hay muchos que hoy todavía están con el camionero en público pero que usted sabe que se van a ir...
Y sí. Hay varios que están pegando el salto y otros que lo van a pegar pronto. Porque se dan cuenta de que no va más. En realidad ya se dieron cuenta hace rato, pero el tema es que fueron muy leales a él durante muchos años y es difícil despegarse. Por ejemplo (Omar) Plaini, que es un compañero que yo conozco desde hace muchos años, Juan Carlos Schmid o (Julio) Piumato, el judicial que no tiene convenio ni obra social y tienen un sindicato. Esos son los tres que le quedan. Después esta el otro, el del gas, (Oscar) Mangone, y Amadeo Genta. Y pará de contar. Es cuestión de tiempo.
El nombre con más consenso para reemplazarlo es el líder metalúrgico Antonio Caló, ¿le parece un buen candidato?
Sí. Viene de un sindicato importante, como es la UOM, y ya sabe qué es lo que no tiene que hacer, porque él también lo sufrió a Moyano. Sabe que necesita la apoyatura de un grupo de compañeros que lo ayuden en la gestión  y sabe que no vamos a dejar lugar a los autoritarios. Y que un secretario general de la CGT tiene que escuchar al Consejo Directivo. Los bien o mal llamamos gordos -dice y se toca la panza- nos fuimos porque estábamos dibujados. Es un tipo muy personalista y hacía las cosas sin consultar. ¿Qué clase de sindicato es ese? ¿Qué clase de secretario general es un dirigente que le saca afiliados a otros gremios? Su tarea es contener a los gremios chicos, medianos y grandes, a todos Y el lo que hacía era elegir aliados y enemigos. Así terminó: los aliados se le van cayendo y los enemigos cada vez son más.
 
Caló es muy cercano al Gobierno, ¿cree que podrá mantener la independencia de la CGT?
Es cierto. Él está muy cercano al poder político y tiene relación con la Presidenta. Pero también sabe cómo manejar un sindicato grande. Nosotros necesitamos y queremos diálogo con el Gobierno. Eso nos lo enseñó (Juan Domingo) Perón, que decía que el movimiento obrero era la columna vertebral de su proyecto, para apoyar y para corregir.
 
¿Qué piensa de la decisión del Ministerio de Trabajo de impugnar el Congreso Nacional convocado por Moyano en el que se iba a decidir su re reelección?
Que era lo que tenían que hacer. Ya lo esperábamos. Nosotros la semana pasada en una conciliación obligatoria les ofrecimos suspender el congreso, levantar la impugnación y llamar a uno nuevo pero participando nosotros de una comisión nueva para poder llevar una cosa bien prolija y transparente. Pero no aceptaron. Dijeron que lo iban a hacer igual. Y después de la impugnación de (Carlos) Tomada, lo hicieron igual también.

O sea que todo sigue igual, ¿ustedes el martes van a convocar a su propio Congreso?
Sí. Vamos a convocar para septiembre. Era obvio que esto iba a terminar así porque Moyano no se va a ir. Ya lo dijo. Se va a quedar aunque esté sólo con el hijo. Porque eso es lo que le va a pasar. Y la cosa va a tener que terminar en la Justicia, que deberá decidir cuál de los dos congresos es el más legítimo. Y de eso no tengo dudas: somos nosotros.
 
¿Qué cree que está dispuesto a hacer Moyano para quedarse?
Mucho no puede hacer ya dentro de la CGT. Entonces ahora, lo que está haciendo es cualquier cosa, por despecho. La última que me enteré es la de la semana pasada que se juntaba a comer con los de la Sociedad Rural... Es el colmo: el movimiento trabajador con la derecha. Él quiere ser el jefe de la oposición contra el Gobierno, porque está despechado y entonces pierde la cabeza y hace cualquier cosa.

Aunque no participó, usted dijo que apoya el reclamo de la convocatoria de Moyano la semana pasada. ¿Por qué cree que el Gobierno no sube el mínimo no imponible para Ganancias que afecta a tantos trabajadores?
Claro que lo apoyo, pero de ninguna manera iba a salir a respaldar a Moyano. Lo apoyo porque el 70% de mis 5 mil afiliados paga Ganancias y el 100% del gremio pierde la bonificación anual por eficiencia. Pero yo creo que la Presidenta no lo quiere sacar porque está Moyano y está esperando a que se vaya.
 
¿Hay algún mea culpa de los dirigentes sobre la mala imagen de los sindicalistas en la sociedad?
Sí, claro. Hay algunos a los que les molesta la sola existencia del sindicalismo. A esos no se los cambia con nada. Pero en los otros casos sí creo que somos responsables de nuestra imagen, porque muchas veces dejamos bastante que desear y cometemos errores. Pero también digo: ¿hay algún ser humano perfecto en alguna institución? Digo, uno que haga cosas. Igual acepto que tenemos déficits de gestión. Por otro lado, yo no me visto de santo, pero muchas veces se cometen injusticias: tenemos a (José) Pedraza preso por la muerte de un chico. ¿Alguien cree realmente que lo puede haber mandado a matar? Por favor.
 
Y en el caso de su amigo Juan José Zanola, ¿sigue sosteniendo que fue un preso político?
Seguro. Si no ¿por qué ahora está libre? Porque no le pudieron probar nada. Ni yo ni nadie puede creer que un dirigente le dé a sus afiliados medicamentos adulterados, porque además nosotros no tenemos nada que ver con eso. Es un tema de las droguerías. Por eso está preso el de la droguería y Zanola está libre.

¿Está de acuerdo con que se necesita más democratización en los sindicatos?
El 99% de los sindicatos son democráticos, así que más no se puede hacer. Y una cosa es el pluralismo dentro de los gremios, que yo defiendo, y otra cosa es lo que permitió la Corte Suprema, que está mal: ellos dicen que cualquiera que se afilie o no puede ser candidato a dirigente cuando hay gente que aportó durante años. Mirá hasta dónde llega el sistema democrático en este país que acá cualquiera hace un sindicato. Hay más de 1.500 sindicatos en nuestro país. Nosotros bromeamos con que ahora sólo falta hacer un sindicato de los fabricantes de piquitos de boina, porque de todo lo demás ya existe.

¿Y en cuanto a la perpetuidad de los dirigentes? Usted está hace 28 años...
 
Siempre me dicen lo mismo y yo respondo igual: mientras me elijan y me respeten, ¿por qué me voy a ir?