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Juma, la heredera del joyero libanés que hace historia en Zapala

Su verdadero nombre es Elham El Adem, nació en El Líbano y viajó en barco durante un mes hasta Argentina. Una historia de trabajo, sacrificio e interculturalidad.

Construir futuro y progreso en otras tierras es una aventura difícil, complicada, llena de esfuerzos pero no imposible. Así es que hombres y mujeres se lanzaron al mundo a buscar otros horizontes y una mejor fortuna en el porvenir.

Llegaron en tren la noche de reyes y a la luz de las velas y faroles se reencontraron con amigos y familiares y comenzaron a escribir una historia comercial y cultural que aún perdura. Esta es la historia de la familia El Adem que desde El Líbano vino sembrar historia, cultura y porvenir en Zapala, la ciudad del viento.

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“Nosotros llegamos a Argentina el 1 de diciembre de 1950. Habíamos salido de El Líbano el 1 de noviembre. Estuvimos viajando treinta días en barco. Vinimos en el Conte Grande, un emblemático transatlántico de la época, hasta Génova. Allí hicimos transbordo y llegamos después al puerto de Brasil y finalmente a la ciudad de Buenos Aires”, contó Juma.

La mujer libanesa contó que en ese viaje venían sus padres, su pequeña hermana y ella siendo una bebé apenas. “Yo embarqué con 11 meses y cumplí mi primer año de vida en altamar. Mi hermana Amal tenía dos años y mi hermano menor Antonio nació tiempo después”.

La llegada a la incipiente ciudad de Zapala ocurrió un mes después. “Llegamos en tren el 6 de enero justo para Reyes. No había nada y nos fueron a esperar esa noche con velas y faroles a kerosene. En esos años cada vez que venía el tren se volcaba todo el pueblo porque era todo un acontecimiento social”, relató Juma.

Prosiguiendo con su historia familiar, contó que su hermano Antonio nació en Zapala el 24 de marzo de 1951. “Durante el viaje en barco mi mamá venía embarazada de mi hermano de 5 meses. Se pasó todo el viaje en camarote en un hospital de campaña”. Aquí en Zapala la vida le presentó los primeros cimbronazos porque un hermanito nació muerto, producto del contagio de paperas. El se llamaba Charbel.

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“Mi nombre es muy difícil. Mi papá siempre cariñosamente me decía “Juma” en vez de Elham como es mi verdadero nombre y tal es así que en la escuela prefirieron llamarme “Juma”. Hoy casi nadie creo sepa mi verdadero nombre ya que toda la vida me han dicho Juma. Soy una marca registrada”, dijo en medio de risas.

->Su padre joyero inició el comercio

La familia El Adem comenzó a ganarse la vida y pusieron al servicio de la vecindad sus profesiones de origen. En el caso del padre de Juma, don Tufic Elías El Adem, se puso a trabajar de joyero y al mismo tiempo en un local alquilado en la hoy Avenida Roca abrió las puertas de su primer local comercial.

“Mi papá era joyero de profesión en El Líbano. Se trajo con él varias herramientas y con ellas inicia un negocio de escasas dimensiones que les alquila a sus propios familiares que ya estaban asentados en esta ciudad. Él fabricaba las joyas y cuando la gente se enteró de esa capacidad le comenzaron a realizar pedidos de varias piezas”, relató Juma con profundo orgullo.

Ante la demanda y por la falta de insumos don Tufic tomó la decisión de utilizar las joyas de su esposa como materia prima. “Mi mamá traía sus pulseras, sus anillos y sus collares porque en su pueblo natal se acostumbraba a andar con muchas joyas. Así que mi papá fundía todas esas joyas y fabricaba aquellas que le pedía la gente y así empezó con su joyería y después anexó un poco de relojes”. En el medio de ese ciclo comercial también agregó el rubro kiosco.

Juma contó que: “Mi papá vio después que éramos tantos los chicos en el barrio que iban al kiosco a sacar golosinas así que dijo que no le convenía el kiosco porque nadie pagaba nada. Así que siguió con su joyería y relojería. En ese local estuvimos como diez años después nos cambiamos a otros locales hasta que pudimos construir nuestro propio local”.

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Es en ese trayecto de continuas mudanzas cuando su papá por un ataque de presión quedó hemipléjico y a partir de esos momentos su madre Loriz Daoud El Adem se transformó en el pilar de la empresa familiar. La acompañan valientemente además de Juma, con 14 años, y sus otros dos hijos: Amal con 16 años y Antonio de 13. El local que más recuerda Juma es uno ubicado en la Avenida San Martín ya que allí comenzaron a anexar otros rubros como regalería, juguetería, cristalería, rodados y armería. “Cerca de este local estaba la vieja terminal y el mítico Bar López. Se trabajó muy bien cerca de estos dos lugares ya que se atendía sobre todo a los pasajeros que provenían del vecino país de Chile”, describió.

->Su madre se puso al frente del emprendimiento

Juma no ahorró elogios y semblanzas de agradecimiento para con su madre Loriz, ya que ante la enfermedad de su padre ella valientemente asumió el rol conductor del negocio. “Mi mamá fue el pilar de todo porque mi papá se enfermó muy joven y estuvo 15 años hemipléjico hasta que falleció a los 62 años. Así que sus tres hijos nos pusimos al hombro el negocio y la acompañamos en todo a mi mamá”, contó.

En esos tiempos sus hermanos viajaban en tren a Buenos Aires a comprar mercadería. En 1970 su hermana se casa y deja la ciudad. Siguen en la actividad con su hermano Antonio hasta que en 1984 logran habilitar el local propio en pleno centro de la ciudad. Hasta hoy permanecen en el mismo lugar con la calidad y calidez de atención de siempre.

En el camino fueron quedando miles de historias que quedaron atesoradas en el alma del pueblo y en el alma de cada uno de los integrantes de la emblemática “Casa Adem”. “La verdad que mi madre fue un gran ejemplo y una gran referente para mí. Ella hasta su último día de vida trabajó y acompañó al comercio que era su pasión y su mayor orgullo. Falleció a los 94 años y cada día venía al local, se sentaba en una silla y desde ese lugar nos acompañaba y nos inspiraba a continuar”, expresó conmovida Juma hasta las lágrimas.

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A modo de ejemplo de su espíritu laborioso precisó que: “Ella al principio para ayudar a mi papá bordaba, hacía ajuares, vestidos de novias y de quince años. De día trabajaba en el negocio y de noche a la luz de los faroles hacía bordados y costuras. Una fiel compañera”.

->El amor le golpeó las puertas del corazón

La historia de trabajo de Juma también en algún momento se cruzó con el amor. “Con mi hermano Antonio seguimos la tradición de nuestro padre. Yo grababa medallas, copas, trofeos y plaquetas”, relató.

Solicitando este servicio llegó un día un joven militar llamado José Pedro Arce. “Había en el ejército una fiesta y él llegó con un encargo. Lo tomé yo porque mi hermano estaba en Buenos Aires así que yo hice los grabados de las medallas y plaquetas. Después nos invitaron a esa fiesta y concurrimos junto con mi madre”, dijo.

Juma recordó que antes había una fuerte vinculación social entre el ejército y el pueblo. “En esa fiesta se me acerca el señorito que ya me había fichado. Antes todo el mundo pensaba que yo era la esposa de Antonio, mi hermano, porque siempre estábamos juntos. Un día le dije que me estaba arruinando la vida sentimental y que me estaba espantando a los candidatos”, dijo Juma entre risas.

Luego señaló que “el destino ya estaba escrito así. Luego nos pusimos de novios y nos casamos en el año 1989 y en el año 1993 nace mi niña Valeria Alejandra, mi mayor tesoro”. Al ingresar a la familia su esposo dejó el ejército y se sumó al plantel del negocio.

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->Una zapalina por adopción y elección

La tierra de Zapala y su gente ya están muy dentro del corazón de Juma. “Yo soy más zapalina que libanesa”, reconoció. Dijo además “yo les debo mucho a mis clientes porque realmente tengo clientes de toda la vida y en especial del área rural. Muchas personas del campo, de Loncopué, Las Lajas y Junín de los Andes siempre recuerdan a mis padres y eso me llena de orgullo porque siempre lo hacen con palabras y conceptos bonitos”.

El sueño de volver a su tierra natal se concretó en el año 1999. “Volvimos con mi mamá, con una tía materna, con mi hermana y con mi hija. Estuvimos dos meses en Beirut, la capital del Líbano”.

“Mi mamá viajó contenta porque ella siempre añoraba su tierra y se reencontró con un hermano que le quedaba en ese lugar. Tal vez fue cosa de la vida porque fue la última vez que se vieron ya que a los meses él falleció”. Juma comentó que nunca más regresaron y algún día espera volver a pisar esas tierras en compañía de su esposo Pedro.

->Un fuerte legado laboral y cultural

La familia El Adem ha sembrado en la ciudadanía zapalina y de la región un fuerte legado de perseverancia y sobre todo arraigando la cultura del trabajo que se ha venido transmitiendo de generación en generación y que es tomado como ejemplo en la comunidad. “Mis padres fueron mi mayor inspiración. Ellos nos dieron todo y dieron mucho por toda la ciudad que los cobijó. Siempre trabajaron y siempre fueron solidarios. Todos los recuerdan de la mejor manera”, relató.

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“Mi mamá tenía muchas ganas de vivir. Ella se marcaba metas por los nietos. Quería estar cuando los nietos fueran a primer grado, cuando se recibieran, cuando se casaran. Ella decía voy a vivir para ver esos momentos y lo conseguía. Así estuvo con nosotros hasta los 94 años con la misma fuerza y coraje de siempre”.

Juma y sus hermanos asumieron ese legado y trabajaron y mantuvieron en alto el prestigio del comercio alcanzado por sus padres. La valentía de su madre fue la motivación para luchar ante todo. “Yo hace 22 años que vengo sufriendo cáncer. Para mí no existe y yo sigo adelante y le meto pilas nomás. Estoy en tratamiento (tuvo dos veces cáncer de mama y uno de vejiga) con medicación. Le vengo peleando a la enfermedad y le estoy ganando porque tengo mucha fe y siempre sigo para adelante”.

Agregó: “yo nunca dejé de trabajar. Yo terminaba los tratamientos y me venía directamente al negocio. No la tomé como una enfermedad cruel sino que la enfrenté con todo y con el apoyo de mi esposo, de mi hija y de la gente pude salir adelante. Nunca me abandonaron”.

->Pedro, el compañero de la vida

Pedro José Arce nació en Córdoba un 29 de junio de 1964 y llegó a la ciudad de Zapala con apenas 10 años. Con el grado de cabo y con la especialidad de enfermero general se incorpora al hospital de lo que es hoy la Base de Apoyo Logístico Neuquén (antes Batallón Logístico de Montaña 6).

Cuando conoció a Juma ya revistaba como cabo primero. Al tiempo decidió pedir la baja del ejército debido a que en algún momento le saldría el traslado a otro destino y él no quería romper una estructura familiar, comercial y económica. Así que se incorpora a tiempo completo en el local y adquiere las habilidades a través de su cuñado y hasta hoy es el encargado de la relojería y grabados en general.

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“Juma es una compañera de fierro. Es una guerrera de la vida y es la madre de mi hija, de la cual estamos inmensamente orgullosos”, dijo sobre su esposa.

Respecto al legado del comercio de los El Adem dijo “esta casa tiene 72 años ininterrumpidos de vida comercial y se mantiene por la honestidad y la responsabilidad con la que asumían los compromisos y daban cumplimiento hasta en el más mínimo detalle”.

Sobre los originales propietarios dijo que “el legado que dejaron fue de trabajo, trabajo y más trabajo. A esta tierra la adoptaron y la amaron como propia y la vieron crecer. Hicieron mucho culturalmente y socialmente por el engrandecimiento de la ciudad”.

En otro tramo de su relato habló de Jorge Salas, un “hermano que le regaló la vida”. “Con Jorge nos conocemos hace unos 40 años. Somos amigos, compañeros y hermanos. Antes de fallecer mi cuñado Antonio nos pidió que cuidáramos y acompañáramos a sus hijos siempre. Desde entonces venimos cumpliendo esa promesa de la mejor manera y con todo orgullo y dedicación”.

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->Reconocimiento a la historia del comercio

En el marco de la revalorización de los comercios e instituciones históricos de la ciudad, la Municipalidad de Zapala -a través del Museo Histórico y de la Secretaría de Cultura- el pasado viernes 3 de junio cumplió con el destape de una placa de reconocimiento en la fachada principal del negocio. La placa posee una foto y una breve reseña del lugar, además de un código QR que permite el escaneo a través de celulares para obtener más información. La historia de la joyería y relojería “Casa Adem” cuenta que fue fundada por Tufic El Adem y Loriz Daoud El Adem, quienes llegaron de El Líbano a principios de 1951.

El comercio abrió sus puertas el 1 de marzo de ese mismo año en Avenida Roca 115. En 1961 se trasladaron a un local sobre Avenida Sarmiento 710 (hoy Avenida San Martín), anexando otros rubros tales como regalería, bazar y juguetería. En 1970 se reubicaron en Avenida Sarmiento 715 y añadieron elementos de armería, caza, pesca y camping. Finalmente, el 3 de diciembre de 1984 se situaron en su local propio de calle Etcheluz, donde funcionan hasta la actualidad.

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