La bibliotecaria que en aislamiento se las ingenia para mantener vivo el amor por la lectura

Sus enfermedades preexistentes hicieron su situación aun más delicada. Tiene 60 años y se las rebusca para hacerles llegar libros a sus vecinos de La Angostura.

El "chaleco de fuerza” que le pusieron fue el resultado de un tridente peligroso: la diabetes, ser insulinodependiente y el coronavirus. Pese a esa ecuación sanitaria, María José López a sus 60 años vive y reencarna, cuando quiere, en vidas ajenas. Mantiene vivo el legado del historiador Osvaldo Bayer y moviliza la cultura en Villa La Angostura.

Entre el frío y la reapertura de la localidad en medio de la flexibilización, a ella no le interesan las noticias. Sabe que su libertad se compra con una vacuna y en el mientras tanto debe aguardar. Intentó volver a su puesto de trabajo, pero desde el gobierno local le bajaron el pulgar. “Lo hacen porque me cuidan, pero bueno yo quiero volver a la biblioteca”, aseguró, entre la justificación y la pena.

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Sus compañeros de trabajo la describen como uno de los pilares de la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer que nació en 1991 y tres años más tarde esta bonaerense, radicada en el sur, se adueñó del orden de los libros: “Es mi segunda casa”.

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A María José, el aislamiento que la condenó a hacer teletrabajo y le arrebató la posibilidad de asistir a su segundo hogar. Se pudo llevar muchos libros a su casa y pasó más de 100 días cargándolos al sistema y, de vez en cuando, hacía entrega a algún socio.

“Al principio tenía muchísimo miedo, sinceramente, tomaba muchísimos recaudos”, contó Majo, como la llaman en su trabajo. Y se sinceró cuando describió que nunca imaginó tener que prestar libros desde su casa, dejarlos en el auto del vecino y controlar desde la ventana de su casa si se concretaba la entrega. “Fue todo una locura”.

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A más de 100 días de recorrer cada metro cuadrado de su casa y de leer libros, aseguró: “No es malo estar solo. Es más, vivo sola y lo re disfruto, pero esto de no poder ir a la biblioteca y estar obligada a estar encerrada es lo que me ata de manos. Es como un chaleco de fuerza”.

Al invocar a Umberto Eco, María José asintió: “Leer libros es lo más próximo que tenemos a ser inmortales, porque en cada uno de ellos podemos vivir la vida del personaje”. Bajo esa premisa, Majo encuentra excusas para descontar los días y meterse en las historias literarias para poder sobrepasar los tiempos de la pandemia.

Si bien Villa La Angostura apenas reportó cuatro casos de coronavirus, ella sabe que el encierro se alarga por su situación médica preexistente. “Soy diabética e insulinodependiente, un combo que no me deja muchas actividades para hacer en medio de la pandemia”, explicó.

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De Buenos Aires a las montañas: un sueño que leyó

Majo tiene muchas dudas, pero pocas preocupaciones. Las letras y las vidas que leyó en las distintas novelas le marcaron, desde muy pequeña, que su lugar en esta vida era entre montañas. Y para Neuquén vino. Se radicó un año en la capital, hasta que en las primeras vacaciones de verano conoció Villa La Angostura a finales de la década del 80, “cuando la ruta seguía siendo de ripio”.

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Dudó en seguir su sangre española y partir para Europa, pero la desinformación de ese momento le puso un freno a esa idea y la Villa pasó a ser su casa. “Este lugar me enamoró”, agregó.

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Al inicio, se vinculó con la biblioteca popular de la localidad, juntaron libros y comenzaron a construir los cimientos. Entre la muerte de una compañera y las “situaciones de la vida”, ella pasó a ser la bibliotecaria. Pero antes, se fue a La Plata un año a especializarse. “Estudié el primer año de biblioteconomía, me recibí de auxiliar y a fines del 94 ya estaba oficializada en el puesto”, explicó.

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En los inicios de esta biblioteca popular. Años después, se cambió de edificio y por votos de los socios llevó el nombre de Osvaldo Bayer.

En los inicios de esta biblioteca popular. Años después, se cambió de edificio y por votos de los socios llevó el nombre de Osvaldo Bayer.

A las dudas que la invadieron, siempre intentó resolverlas desde el corazón, ayudada por la interpelación de alguna historia que vivió.

Sus preocupaciones se basan en sus relaciones. “Me mata saber que va a pasar más de un año sin ver a mis dos hijos que están el La Plata”, se lamentó y expuso que el coronavirus le arrebató uno de los viajes de su vida: “Ya tenía todo armado para volver a hacer el Camino de Santiago en España, pero esta vez con mis dos hermanos y festejar los tres mis 60”.

Con pocas posibilidades de hacerlo pronto, Majo consideró: “Esta pandemia nos va a enseñar a valorar las relaciones y estoy segura que hay que profundizar el valor de las simples cosas”.

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Osvaldo Bayer en una de sus visitar a la Biblioteca Popular que lleva su nombre.

Osvaldo Bayer en una de sus visitar a la Biblioteca Popular que lleva su nombre.

Pandemia: la obligación de actualizarse

La Feria Internacional del Libro que se realiza en Buenos Aires es el lugar en donde esta biblioteca popular se alimenta. Si bien acepta donaciones, es el momento en que Majo compra libros para renovar la estantería.

Lleva recomendaciones, pedidos de algunos de los socios y, tras conocer los gustos de ellos, va en busca de las innovaciones y de los nuevos materiales que podrían sorprender a los lectores recurrentes en La Angostura.

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Edición 44 de la Feria del Libro en donde Majo fue con su hija.

Edición 44 de la Feria del Libro en donde Majo fue con su hija.

Pero este año fue distinto. “No poder tener contacto con los libros, hablar con los escritores o ver qué está llevando las personas es como que te desconcierta. Una tiene un listado seguro de los que va a comprar, pero otros lo resuelve en el momento según la idea de la biblioteca y de los lectores”, diferenció.

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Y la pandemia le puso otro impedimento. “Tuve que hacer las compras por internet, eso fue complicado. Imaginate que sé usar el teléfono hasta ahí y tener la responsabilidad de alimentar a la biblioteca desde mi casa, por computadora y sin tener un panorama seguro, me costó”, expuso, aunque le quitó preocupación y describió que se metió en la marea de libros y eligió. “Fue raro y cuando empecé, medio que me quedé mareada de los tantísimos libros que había, pero me fui acomodando y compré los que la biblioteca se merecía, pero fue todo un aprendizaje”, narró.

Relaciones y lectura: dudas y dolor

Majo viene de otra época. De una cercana, pero muy distinta. “Cuando llegué a Villa tenía que llamar desde un teléfono público y el mayor problema era cuando se llenaba de monedas”, describió. Ahora, con su celular en mano y charlando con LMN repite que a pesar de estar preocupada, tiene esperanza. “Me parece que día a día hemos perdido mucho nuestras relaciones físicas y cercanas, y, tal vez, esta pandemia venga a reflotar eso, ¿no?”, expuso con dudas.

Algunas de estas preocupaciones que no le llegan a quitar el sueño, pero si le hicieron preguntarse: “¿A dónde estaremos yendo?”. Describió la incertidumbre de las nuevas generaciones con esto de la tecnología, en donde dispositivos móviles como el Kindle te resuelven mucho: espacio, comodidad y costos. Pero está segura que la costumbre seguirá y aún hay una fuerte resistencia a mantener la lectura en papel. “Solo basta con ir a la Feria del Libro, en donde año a año ves más gente”, contó.

Más allá de cómo se mantendrá la lectura, deslizó que le da un tanto de curiosidad cuáles serán los formatos. Tal vez más alejados de lo físico y más cercanos a lo virtual.

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La cuarentena: ¿cómo nos escribirá la historia?

“Claramente seremos parte de la historia. Es que estamos viviendo en una rutina pandémica que será escrita desde todas las ramas”, contó al referirse que la convivencia con el coronavirus se abordará -en un corto tiempo- desde las novelas, pasando por los estudios psicológicos o filosóficos, hasta -por qué no- algún libro que describa el Coronasutra (Kamasutra de la pandemia).

Majo continúa alimentándose de esperanza y de sus recuerdos. Cree que este bicho puede mejorar a la sociedad que sobreviva, “por eso hay que cuidarse”. “Y así lo vivo, me apena mucho no poder estar en contacto con la gente o ir a la biblioteca, pero sé que la Biblioteca Popular está ahí y yo acá, y ambos estamos resistiendo. Hay que esperar que pase esto para volver a encontrar todos”, contó mientras el deseo por concretar el viaje pendiente con sus hermanos le da fuerzas para mantener la sonrisa y la ilusión de que todo será mejor.

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“Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días”, comienza el libro La resistencia escrito por Ernesto Sábato y recomendado por Majo. “Ese libro es que tengo en la mesita de luz todas las noches, ya que cuenta y narra las vivencia de la infancia del autor… de cómo vivía antes y propone eso: volver a las raíces de cada uno”, aseguró.

Majo apuesta al valor de las simples cosas y, esta vez, invoca a José Mujica, ex presidente de Uruguay: “Decía que mientras más consumas y más cosas materiales tengas, menos vidas tenés, porque dedicás tu tiempo a estar ocupado de ellas y menos a la vida en sí, que se basa en las relaciones”.

En el plano hipotético -y esperado- en el que el presidente de la Nación, Alberto Fernández, comunique que se venció al virus y todo puede volver a la “normalidad”, la bibliotecaria de 60 años imagina salir de su casa, prepararse un termo de mate para compartir en su segundo hogar, mientras mira precios para marcharse a España a hacer el Camino de Santiago. “Es algo que imagino, pero sé que lo voy a llevar cabo”, agregó.

Entre libros y reflexiones que propuso Majo, la entrevista concluyó con una de las frases finales del libro de Sábato: “El ser humano no podría sobrevivir sin héroes, santos y mártires porque el amor, como el verdadero acto creador, es siempre la victoria sobre el mal”. Los neuquinos o los argentinos o todos los ciudadanos del mundo, ¿se podrán convertir en héroes que puedan vencer al maldito virus? Por lo pronto, Majo lucha y resiste con su chaleco de fuerza y espera, desde la resistencia y el amor, la victoria ante coronavirus.

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