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La Mañana coronavirus

La ciudad despierta de a poco en plena cuarentena

La flexibilización del aislamiento decretada por Omar Gutiérrez fue bien recibida por comerciantes y compradores. Se nota más movimiento en las calles.

Por Ezequiel Maestú - maestue@lmneuquen.com.ar

A raíz de la flexibilización de la cuarentena que se inició en Neuquén para que, de a poco, los comerciantes puedan reactivar sus negocios sin gente en los locales, LMN salió a recorrer las calles para conocer la situación del centro de la ciudad. Con la autorización del gobernador Omar Gutiérrez, abrieron comercios de productos informáticos, bazar y menaje, papelería y librería, zapatería e indumentaria, jugueterías y peluquerías, todos bajo la modalidad take away.

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Durante la mañana, los autos no pararon de llegar, a tal punto que, a diferencia de semanas atrás, no fue tan simple encontrar estacionamiento.

Las hojas de los árboles, casi amarillas por completo, amenazan con teñir las calles del centro neuquino. La calma que tenían las palomas hace tan solo unos días, ya no está. O mejor dicho, se pierde en cada bocinazo de aquellas personas que no pueden esperar que el de adelante arranque en el semáforo.

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Las filas en los cajeros y casas de préstamos eran parte de un paisaje que ya no es tan solitario ni tan callado. Una especie de murmullo se dejaba oír entre quienes paraban para ver vidrieras, un hábito que se había perdido en medio de la pandemia.

Pajaro que comió, voló es un refrán que podría aplicarse a la sensación que deja el centro neuquino. ““Solo pedidos por Whatsapp”, indicaban los locales. Y aunque la gente aprovechaba el momento de hacer compras o retirar pedidos para tomar aire, los oficiales que se encontraban patrullando el centro aseguraban que “la gente está colaborando de buena manera”.

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Afloja en Neuquén la cuarentena por coronavirus.

Afloja en Neuquén la cuarentena por coronavirus.

La municipalidad amaneció con la fila que ya es habitual y se dividió en dos. Por un lado quienes iban al cajero y por el otro quienes hacían trámites. “Hay considerablemente más gente que la semana pasada, pero hay que seguir siendo estrictos con el aislamiento”, dijo un policía que se encontraba parado en el monumento a San Martín.

Desde allí observa unas palomas que chapotean en el agua y se asegura que todas las personas vayan con barbijo o tapabocas. Si quisiera oír lo que charlan a pocos metros de él debería acercarse, porque el ruido de los autos no para un segundo.

Había barbijos y tapabocas de todas formas, colores y variedades. Desde pañuelos adaptados hasta bufandas. Verdes, amarillos, negros o militares, para los neuquinos lo importante es cubrirse del maldito virus. “Este me lo hizo mi abuela, y aunque no quedó del todo bien, lo uso porque me lo hizo ella”, admitió una joven que caminaba por allí.

Las plazas seguían con sus fajas de seguridad, pero ya estaban los que aprovechaban y se daban sus licencias entre tantas prohibiciones. Dos hombres de unos cuarenta años se sentaron sobre los bancos de cemento para charlar. Pegados, uno al lado del otro, con sus respectivos barbijos puestos, recibían el sol que a esa hora de la mañana calentaba de a poco la ciudad.

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Afloja en Neuquén la cuarentena por coronavirus.

Afloja en Neuquén la cuarentena por coronavirus.

En el Museo Nacional de Bellas Artes, las únicas obras que se pueden observar son los arreglos en las calles aledañas de un gobierno que aprovecha el poco tránsito que hay. Una mujer esquivaba a los trabajadores y cruzaba la calle. Caminaba sin una dirección aparente y sin más compañía que un cigarrillo.

Allí, dos perros negros estaban recostados al sol en una esquina, como aprovechando que las veredas no son transitadas como antes. Por allí se paseaba Luis, un vendedor ambulante que vive de la venta de medias y sahumerios. “Un palito por 15, la bolsa completa por 100”, decía rápido, de forma ensayada.

Mientras caminaba con el barbijo puesto y admitía que, si bien la pandemia lo afectó como a todos, su situación siempre es complicada. “Soy una persona que siempre se las está rebuscando, eso no me lo cambia ni la pandemia”, aseguró el hombre con una caja de mercadería a cuestas. “La vida del vendedor ambulante es un poco así, nunca podés descansar porque, si no, no comés”, reflexionó.

A pocos metros, la vida continuaba como si nada pasara. Un hombre con el barbijo bajo le tocaba bocina a otro que intentaba estacionar para esperar a alguien que retiraba algo en un local. Bajó el vidrio y le dedicó unas palabras, porque, aunque la pandemia esté latente, hay actitudes que para algunos ya son costumbre.

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Afloja en Neuquén la cuarentena por coronavirus.

Afloja en Neuquén la cuarentena por coronavirus.

Panorama de los locales neuquinos

Liliana atiende el puesto de diarios y revistas que está en las afueras del carrefour del centro. Aunque también funciona como kiosco, sus ventas han caído estrepitosamente. “No llego a hacer el día, ya no vienen ni siquiera los clientes de siempre”, se lamenta la mujer mientras acomoda un pañuelo rosado que coció para hacerse un tapabocas.

Hablaba y lentamente, como quien recuerda con nostalgia, organizaba una pila de revistas y autos de colección. “Casi toda la mercadería que tengo la tengo que devolver a los distribuidores porque no se vende nada. Estos autitos antes los vendía de a tres, ahora no vendo ni uno solo”, dijo.

Sobre la ventana que hace de mostrador, Liliana pegó un cartel escrito a mano que se repite en todos los negocios: “No hay cigarros”. “Era de lo que más se vendía y ahora ya no queda nada. Un cliente me dijo que pagó una caja de 20 a 400 pesos a un señor que los estaba vendiendo; un abuso”, opinó.

Desde hace años la mujer atiende su local, pero ahora, con la situación económica que atraviesa la ciudad por la pandemia, no sabe cuál será su futuro. “La veo complicada y no sé qué puede llegar a pasar”, admitió desconcertada.

Detrás de una cara cubierta, en los ojos de Liliana no hay forma de evitar el estrés por la situación. “Me duele ver que están cerrando los negocios. Hace unos días el dueño del local que está acá enfrente cerró y vinieron en un camión a llevarse todas las cosas”, comentó.

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Afloja en Neuquén la cuarentena por coronavirus.

Afloja en Neuquén la cuarentena por coronavirus.

Además de los kioscos, los distintos negocios que fueron flexibilizando sus actividades bajo la modalidad take away tampoco atraviesan su mejor momento. Ricardo, dueño de El Niño Feliz, charló con LMN acerca de cómo llevan adelante la situación. “La gente quiere venir a comprar, pero no podemos venderles”, aseguró.

Es por eso que el mostrador funciona directamente en la puerta, pero solo como despacho de productos ya vendidos. “Estamos trabajando por Tienda Nube, nos hacen los pedidos online y los vienen a retirar o los enviamos”, explicó sobre la modalidad que aplica.

Además, contó que en la misma cuadra de su negocio ya multaron a varios vendedores. “Hay una enfermedad vigente y mucha gente tampoco sabe manejarlo, porque les afecta directamente”, se refirió respecto al hombre.

Atardecer en la ciudad

Los restos de una paloma que amaneció muerta en la ciudad, por la tarde ya no estaban. Parece que quien se la llevó se encargó también de llevarse el murmullo de la gente.

Cuando los pocos autos frenaban en algún semáforo, por unos segundos se activaba el silencio y si uno cerraba los ojos podía escuchar la brisa colarse entre las calles.

En la tarde, el panorama de quienes andaban, era simplemente el de estar de paso. Las únicas voces que se escuchaban, eran las de los repartidores que hablaban entre sí.

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Afloja en Neuquén la cuarentena por coronavirus.

Afloja en Neuquén la cuarentena por coronavirus.

A lo lejos, un niño junto a su perro y su madre, caminaban por la Carlos H. Rodríguez disfrutando, un poco, los placeres del otoño que se hacen presentes en la ciudad. El crack de las hojas secas del suelo, eran su diversión y daba la sensación de que aquel niño podría haberlas pisado incluso ante los gritos de su madre que le decía: “Vení para acá”.

Así, abrigados, con buzos y camperas, muchos disfrutaron hasta las últimas luces del atardecer antes de volver a sus hogares a la espera de una nueva jornada que no será muy distinta.

Indudablemente, todos esperan que el virus se vaya de una vez por todas. Acaso todavía tienen la esperanza de poder disfrutar el otoño. Sin miedo y en total libertad.

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