"La gente no dio un cheque en blanco"
Por PAULA BISTAGNINO
Buenos Aires > A los 44 años, Christian Castillo tiene casi tres décadas de trayectoria política en sus espaldas. Comenzó a militar en la izquierda como estudiante secundario en 1983 y, cinco años más tarde, con apenas 21, fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), del que aún es dirigente. Es sociólogo, docente de la UBA y de la Universidad Nacional de La Plata y coordinador del Instituto de Pensamiento Socialista (IPS). “Apenas empecé a militar me hice trotskista. Con la misma profunda convicción que mantengo de que este sistema social no tiene nada para ofrecer. Cuando uno comprende que el capitalismo no es un resultado natural de las cosas, sino que se apoya en la explotación del hombre por el hombre y las ganancias de uno surgen del trabajo no retribuido del otro, no puede plantearse simplemente que haya un capitalismo justo porque eso sería como reformar la esclavitud y decir que en vez de diez latigazos hay que dar tres”, reivindica el ex candidato a vicepresidente del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) -que nucleó al PTS, el Partido Obrero y la Izquierda Socialista (IS) en las elecciones- y que acaba de publicar "La izquierda frente a la Argentina kirchnerista" (Editorial Planeta).
¿Cuál es el balance del resultado electoral?
Tuvimos un primer buen comienzo en Neuquén con la elección de Alejandro López, luchador de Cerámica Zanon; después en Córdoba obtuvimos un legislador y en las primarias logramos quebrar el piso del 1,5 % con casi 530 mil votos que repetimos el 23 de octubre con la fórmula presidencial y aumentamos en diputados, donde tuvimos 660 mil y quedamos muy cerquita de obtener un diputado nacional. Creo que nos posicionamos como un claro polo político anticapitalista, a la izquierda del Gobierno y de todo el resto de las variantes patronales. En esos votos sentimos el reconocimiento de un sector a la intervención de la izquierda en todos estos años en luchas importantes, como la de Kraft, la de los tercerizados ferroviarios, los diez años de gestión obrera de Zanon, la pelea por la democratización de los sindicatos, las tomas de colegios secundarios y universitarios, etc.
En el libro cuestiona el relato oficial de la realidad, ¿cuáles son las críticas?
El relato oficial opina que a la izquierda del kirchnerismo hay una pared. Con eso se pretende negar la existencia de una izquierda anticapitalista activa en el país y se oculta que gran parte de la derecha realmente existente está en el Gobierno: (Daniel) Scioli, (José Luis) Gioja, (Gildo) Insfrán, (José) Alperovich, (Juan Manuel) Urtubey, (Sergio) Uribarri, (Oscar) Jorge y Carlos Soria, que fue secretario de Inteligencia de Eduardo Duhalde y responsable del informe que llevó a la masacre en Puente Pueyrredón. El relato oficial también dice que acá hubo cambios sustantivos respecto de los ‘90 y la realidad muestra que el petróleo, el gas, las minas, los puertos, las tierras, la banca, el comercio exterior, es decir, los recursos estratégicos de la economía, siguen en manos privadas. Quizá la única medida audaz del kirchnerismo fue la estatización de las AFJP, pero lo usaron APRA pagar deuda y subsidiar a capitalistas. Tampoco hay que olvidarse que la burocracia sindical y los varones del conurbano son un componente central del Gobierno. El relato oficial oculta ese cóctel.
¿Cuáles son las expectativas respecto del tercer mandato del kirchnerismo?
Ahora, Cristina (Fernández de Kirchner) está en una política de clara seducción al capital. El Plan Agroalimentario y el Plan Estratégico Industrial son planes que anuncian que se van a poner los recursos del Estado para que el capital se enriquezca porque así les va a ir bien a todos. Ese discurso es una suerte de teoría del derrame con un poco de contención social que tiene el Gobierno hoy. Desde ese punto de vista, las expectativas son malas. Y es interesante decir que el amplio margen con el que ganaron no es un cheque en blanco. Y si el Gobierno empieza a tomar medidas en contra de los intereses populares, los mismos que lo votaron son los que van a estar en las calles resistiendo sus políticas.
¿Por qué tomaría medidas impopulares?
La crisis del capitalismo está golpeando nuevamente en el país y cuando haya que cortar es cuando se verá en serio dónde se para el Gobierno. Por ejemplo, esta última medida de poner fin a los subsidios posiblemente se vaya a expresar en un aumento de tarifas de transporte y servicios para los sectores populares, más allá de los discursos. Y además hay un ataque constante de Cristina, sobre todo después de la muerte de Néstor Kirchner, a la acción directa de los trabajadores: a los del subte por la tendinitis, a los de San Lorenzo por las huelgas, al Pollo Sobrero, hace unos días contra un corte en la Autopista Ricchieri...
Sumados los votos del oficialismo y el Frente Amplio Progresista hay más de un 70%, ¿hay un giro a la izquierda en la sociedad?
Creo que hay una relación política de fuerzas que hace que la línea más conservadora quede a la defensiva, además por el contexto internacional, donde hay una crisis capitalista mundial en la que cualquiera puede ver cómo se votan ajustes en todos lados para salvar a los banqueros. Entonces, quienes dicen que la salida es aplicar esos ajustes, quedan fuera de foco. Ahora bien, (Hermes) Binner expresa un proyecto de gerenciamiento del capitalismo agrario y él mismo es un socialista sólo de nombre de partido, como lo es Papandreu en Grecia o Rodríguez Zapatero en España. Incluso hizo una campaña tan inocua que su voto fue compartido con el macrismo en la Capital Federal. Tampoco hay izquierda ahí.
¿Cuáles son las mayores desigualdades de la Argentina hoy?
De las 500 principales empresas, más de 300 están en manos de capital extranjeros. Los recursos estratégicos están controlados por grandes monopolios, la mayoría de países imperialistas. La redistribución interna de ingresos se mantuvo o cayó en lo que hace a la participación de los trabajadores. Hay 4 mil grandes propietarios que tienen 84 millones de hectáreas, la mitad de todas las tierras productivas del país. El comercio exterior está en manos de cinco o seis grandes empresas exportadoras de granos que controlan hasta los puertos. El nivel de precarización del empleo es altísimo y las ganancias capitalistas enormes. Básicamente, los grandes ganadores de este ciclo han sido los mismos grupos económicos que ganaron en la década del ‘90 y con la dictadura militar.


