La magia de los títeres: un mundo para soñar

Chicos de todas las edades concurren a la escuela provincial para dejar volar su creatividad.

Mariel Retegui
reteguim@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
"Vengo hace unos años porque me sirve para recrear mi imaginación", suelta como si nada Jeremías, de no más de once años. Para él, como para tantos otros chicos, entrar a la Escuela Provincial de Títeres Alicia Murphy es como entrar a un mundo mágico donde no sólo se puede aprender a contar una historia, sino también elegir cómo contarla y con qué elementos.

La imaginación y la creatividad pueden desarrollarse notablemente a través de los títeres.

Un poco escondida, alejada del ruido exterior de la calle Anaya a metros de Planas, la escuela es un recoveco de pasillos y escaleras donde se crean espacios de color, de aprendizaje y de lectura.

A través de una galería colorida y estrecha ingresan unos chicos sonrientes de la mano de sus padres, minutos antes de las 15. Se sueltan y se zambullen rápidamente en la biblioteca. Todos tienen como hábito darse una vuelta por ahí para hojear algunos libros y llevárselos a casa, como una necesidad, como lo más natural del mundo.

"Tiene menos de seis años, pero él se quiere quedar acá leyendo como su hermano. Ya podrá venir en unos años. No lo puedo sacar", dice una mamá que viene a dejar a uno de sus hijos mientras convence al otro de retirarse.

La Escuela de Títeres nació oficialmente un 2 de mayo de 1968. La idea fue de Blanca C. de Tirachini, madre de la primera defensora del Pueblo de la ciudad (Blanca Tirachini), cuenta su directora, Eliana González. Sostiene que el teatro de títeres en Argentina ha sido una de las disciplinas artísticas más innovadoras e incluso ha dado buenos titiriteros y autores al mundo.

Recuerda a Javier Villafañe, reconocido por dar funciones en su carreta "andariega" por todas las plazas de la Argentina.

E incluso comenta González que Federico García Lorca compartió con titiriteros de nuestro país y se entusiasmó tanto que llegó a hacer obras de títeres con escenografías que le hacía el propio Salvador Dalí.

Hoy lo que ansía, al igual que sus pares, es volver a tener la carrera de Profesor de Teatro de Títeres como se tuvo en su momento. A 21 años del cierre, quieren que se retome porque los profesores de títeres con los que cuenta la provincia son muy pocos.

Escaleras arriba, un grupo de niños de diez a doce años están en la clase de Dramática con la profe de teatro, quien les dispara algunas consignas de expresión corporal. En grupos de tres se pasean por la sala y se detienen congelando una pose cuando la seño silencia la música.
Antú y Eliseo apuntan que les divierte pasar el tiempo con amigos. Coinciden en que más que hacer títeres de superhéroes les gustan los animales, perros y gatos encabezan sus personajes preferidos.

Es un espacio para animarse a sacarse los miedos, la timidez y poder ponerles voz y expresión a los sentimientos a través del títere.

Escaleras abajo, los más pequeños están en clase de plástica. La profe les reparte crayones y dibujan libremente sobre una hoja blanca. Dice que de poco se les darán las herramientas para crear y manipular los títeres que irán haciendo durante el año.

Luego abre una caja y le propone a cada niño que agarre el que quiera. Salen títeres de diferentes formas, algunos de mango, de cono y hasta algunas manoplas, hechos con cajas, con telas, con telgopor, con goma espuma. E inmediatamente se ponen a jugar, cada uno crea diálogos con el otro y se arman pequeñas escenas, como un juego.

"Seño, ¿quién es este?", le pregunta uno de los niños que sostiene la cara de un muñeco.

"Gargamel, un personaje de Los Pitufos", le responde la profesora mientras el niño lo mira detenidamente como encontrándole parecidos.

Detrás de las puertas de la sala Daniel Vitulich, los integrantes del elenco estable de titiriteros confeccionan, crean y arman la puesta en escena que luego recrearán ante los niños de las escuelas públicas de la provincia. Ellos llevaron un títere que simbolizaba a un maestro en la pasada marcha del 4 de abril al cumplirse nueve años del asesinato de Carlos Fuentealba.

"Este es el mejor trabajo del mundo", no duda en afirmar la directora de elenco, Silvina Vega, mientras se escucha de fondo el ensayo de sus colegas en el escenario. Al tiempo que se lamenta de que la falta de logística del CPE hace que no puedan ir como antes, dos veces al año, a las escuelas del interior y se tengan que conformar sólo con una. "Falta conectar el público con nosotros, cómo traer los chicos al teatro y como llevarnos a nosotros al interior", agrega.

Recién empezaron las clases, para algunos es toda una novedad, para otros es volver a conectarse con amigos para seguir jugando con imaginación.

Cupos
Hay lugar para los interesados

Aún quedan cupos disponibles. Se trata de una escuela pública, provincial y gratuita. Concurren niños entre 6 y 11 años. También hay talleres para adolescentes y para adultos. Se ubica en Teodoro Planas y Anaya y se pueden contactar al 4423481.

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