La tragedia del campeón gay

Emile Griffith fue conocido en nuestro país por sus dos combates mundialistas contra Carlos Monzón en los 70. Pero, como muchos campeones del boxeo, incluido Monzón, el norteamericano es recordado por su vida marcada por la tragedia. Arriba y abajo del ring. Hace exactamente 13 años, el costado desconocido de su triste historia salió a la luz en un reportaje de la revista Sports Illustrated. Emile fue campeón del mundo en dos categorías, peleó contra los mejores de su tiempo y ganó buenas sumas de dinero. Pero murió en la ruina, enfermo, señalado por muchos por una victoria que lo marcó casi tanto como la frase de su rival en la previa al combate y por su bisexualidad.

El 24 de marzo de 1962, en el mítico Madison Square Garden, Griffith subió al ring a verse las caras por tercera vez contra Benny Paret, con una victoria por lado. Pero esa vez habría algo mucho más personal en juego que un título. En el pesaje, el cubano se hizo eco de los rumores sobre la sexualidad de Emile, lo llamó “maricón” y le tocó la cola al pasar para provocarlo. Unas horas después, el burlado subió al ring lleno de odio, y aunque en el sexto round besó la lona, lo salvó la campana y llegó a escuchar la orden de su entrenador: “Ahora andá y no dejes de pegarle hasta que caiga sobre tu hombro”. Emile le hizo caso. Todo el país vio por TV cómo en el 12º asalto puso a Paret contra las cuerdas y lo dejó inconsciente a trompadas. Paret nunca cayó y recibió, ya KO, más de una docena de golpes letales en seis segundos. Recién entonces el árbitro, que no volvió a dirigir, detuvo el combate. Paret nunca recobró la conciencia. Murió diez días después en el hospital. Griffith siguió peleando más de una década, aunque nunca más fue el mismo. Tampoco fuera del ring. Nadie lo cuestionaba por esa muerte. Todos lo cuestionaban por ser “maricón”. “Sigo preguntándome lo extraño que es todo esto. Maté a un hombre, y la mayoría lo entiende y me perdona. Sin embargo, amo a un hombre y esa misma gente lo considera un pecado imperdonable. Aunque nunca fui a la cárcel, he estado en prisión casi toda mi vida”, dijo.

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