La vereda más "antivereda" está en pleno centro: caminarla es una misión imposible

Se trata de la cuadra de calle Elordi, entre Jujuy y Fotheringham.

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Texto: Mario Cippitelli

Video: Lucía Dubois

Cuesta creer que hace ya muchos años alguien se haya encaprichado en construir una vereda imposible. Como si hubiese planificado la anti vereda, en la que ningún peatón puede transitar sin esfuerzos ni riesgos.

En Neuquén hay muchas veredas anti veredas, pero hay una cuadra particular que es el mejor ejemplo de barreras gigantes, de las obras que excluyen, de las que reflejan una burla al sentido común. Una patada a la arquitectura.

La anti vereda está ubicada en la calle Elordi, entre Jujuy y Fotheringham. Es una cuadra sobre mano derecha (en sentido de circulación) que se levanta y baja como una montaña rusa. Tiene escalones escarpados, desniveles vertiginosos, precipicios a escala, entradas de garaje que desembocan en la calle como ríos correntosos y baldosas de mil colores y formas, como si nadie en aquella cuadra se hubiese puesto de acuerdo a la hora de elegir los materiales para construir cuando se planificó el vecindario.

Es la anti vereda para los viejos, inclusive para algunos que probablemente vivan allí, que en su juventud no les importó los altibajos de la obra y ahora –quien sabe- podrían haber quedado atrapados en aquella caprichosa planificación. Pero también es la anti vereda para padres que tienen que transitar con sus hijos en brazos, caminando o en changuitos, para los que acarrean bolsas de compras, para los gordos, para los ciegos, para los que se movilizan en silla de ruedas. Para la gran mayoría.

La anti vereda es un contraste perfecto de la que se ubica enfrente, que sí es una vereda transitable, pareja, sin desafíos atléticos, con lo cual podría uno preguntarse el por qué de semejante asimetría en la misma calle, en la misma cuadra. La respuesta podría estar en el terreno que fue alguna vez una barda y en la pendiente inevitable que impuso la geografía de la ciudad. Tal vez, emparejar y uniformar esos 100 metros era algo costoso. Quizás no todas las casas se construyeron a la vez y cada propietario hizo lo que pudo, esperando que los vecinos siguieran el mismo nivel, algo que no ocurrió.

Sea como fuera, la anti vereda se levanta en aquella zona céntrica como un desafío peatonal, como un monumento que recuerda lo que no hay que hacer, como una máxima no escrita que habla de la convivencia. Que dice que los vecinos son y serán buenos vecinos, siempre que piensen en los otros. Aunque sea a través de una vereda.

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